La figura de San Agustín, Obispo de Hipona, filósofo y doctor de la Iglesia, ha sido faro espiritual para generaciones enteras. Su legado, marcado por la búsqueda de la verdad, la introspección y el amor divino, ha trascendido fronteras y siglos.

En Valencia, estado Carabobo, su presencia no es reciente ni casual, y gracias a la cronista religiosa Margarita Marrero se develan algunos vestigios presente en nuestra ciudad

Aunque hoy se vincula con el Papa León XIV —actual pontífice y religioso agustino—, la huella agustiniana en esta ciudad se remonta a muchas décadas, encarnada en proyectos educativos, obras de caridad y templos que aún conservan su esencia.

Este artículo reconstruye cronológicamente tres momentos claves de esa presencia, a través de testimonios, documentos fotográficos y memorias vivas como las de Margarita Marrero.

 

San Agustín: El hombre detrás de la doctrina

Nacido el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, África, San Agustín fue un joven rebelde en cuanto a las cosas de Dios, pero dotado de una inteligencia brillante y una profunda vocación filosófica.

Su madre, Santa Mónica, oró incansablemente por su conversión, que finalmente ocurrió tras años de búsqueda espiritual. De esa experiencia nació una de sus frases más célebres: “¡Oh hermosura siempre antigua, siempre nueva! ¡Tarde te amé!”.

Tras una larga lucha interior, finalmente abrazó el cristianismo y fue bautizado. Fue ordenado sacerdote y luego obispo de Hipona, desde donde combatió herejías. San Agustín murió en Hipona en 430 d.C. durante el sitio de la ciudad por los vándalos. Su tumba se encuentra en la basílica de San Pietro in Ciel d’Oro en Pavía.

Su pensamiento dio origen a una corriente espiritual que hoy siguen los llamados religiosos agustinos, entre los cuales se encuentra el actual Papa León XIV.

 

Primera presencia agustiniana en Valencia: Educación bajo el amparo de Nuestra Señora del Socorro

La primera presencia agustiniana en Valencia está directamente relacionada con la Madre María de San José, primera beata venezolana. Fue ella quien, desde Maracay, impulsó la formación de colegios para niñas bajo la espiritualidad de San Agustín.

En la década de los años ’40 del siglo XX, el Obispo Monseñor Gregorio Adán Dalmau y el párroco de la Catedral de Valencia, Monseñor Jacinto Soto, tuvieron la feliz idea de fundar un colegio femenino en la ciudad. Decidieron nombrarlo en honor a la advocación mariana más venerada en Valencia: Nuestra Señora del Socorro.

El colegio fue instalado en la casa parroquial ubicada detrás de la Catedral, en la calle Colombia. Para regentarlo, se solicitó a la madre María de San José que enviara religiosas agustinas desde Maracay. Así comenzó una etapa educativa marcada por el carisma agustiniano, que dejó huella en generaciones de niñas valencianas.

Con el tiempo, Monseñor Gregorio Adán decidió trasladar el seminario desde la parroquia La Pastora a un espacio contiguo a la Catedral. Esto implicó la demolición de la casa donde funcionaba el colegio para construir el edificio que hoy pertenece a la Arquidiócesis de Valencia.

Ya en la década de los años ’50, por motivos no precisados, el colegio fue trasladado a la antigua calle Constitución. Posteriormente, las religiosas retornaron a Maracay, lo que obligó al cierre definitivo del colegio, cuya ubicación exacta en su última etapa aún es motivo de investigación.

Margarita Marrero conserva valiosos recuerdos de aquel colegio: un banderín de la banda de guerra del año 1956, que indica que para entonces el colegio ya no estaba junto a la Catedral, sino en la avenida Constitución. También guarda una invitación dirigida a su padre para un acto literario en homenaje a Monseñor Jacinto Soto, fechado el 8 de julio de 1948, cuando el colegio aún funcionaba detrás de la Catedral.

 

Segunda presencia agustiniana: Caridad en el Asilo de Mendigos de la Candelaria

La segunda presencia agustiniana en Valencia se gestó en la parroquia Candelaria, donde funcionaba un antiguo asilo de beneficencia municipal, conocido popularmente como “asilo de mendigos”. Cerca de allí vivía Olga Cisneros de Silva, mujer de profunda fe cristiana y casada con el médico José Manuel Silva Bravo.

Al pasar diariamente frente al asilo, Olga comenzó a involucrarse espontáneamente con sus necesidades, movilizando a su esposo y amigos para fundar una sociedad benéfica que recaudara fondos mediante rifas y actividades autorizadas por la municipalidad.

Durante esta etapa, el Obispo de Valencia era Monseñor José Alí Lebrún Moratinos,
(cuya causa de beatificación ya ha sido introducida)
. Olga le manifestó su deseo de que religiosas asumieran la dirección del asilo, y monseñor consideró conveniente solicitar nuevamente a la madre María de San José el envío de religiosas agustinas.

Margarita Marrero afirma que aún deben existir las cartas intercambiadas entre Olga y la Madre María, consideradas reliquias de tercer grado, en las que esta última aprueba la propuesta, aunque solicita que se acondicione el espacio antes de enviar a sus religiosas. Con la aprobación episcopal, se consolida la segunda presencia agustiniana en Valencia, esta vez en el ámbito de la caridad y el cuidado de los más vulnerables.

 

Tercera presencia agustiniana: Sociedad Santa Eduviges y el templo del Trigal

El deseo de Olga Cisneros de Silva de mejorar las condiciones del asilo llevó a la creación de una nueva sociedad: Santa Eduviges, invocada tradicionalmente como intercesora en problemas habitacionales.

Junto a monseñor José Alí Lebrún, comenzaron a planificar la construcción de un nuevo asilo más grande, ya que el anterior estaba deteriorado. Así nació el proyecto del Asilo Santa Eduviges, ubicado en el municipio Libertador y regentado por las hermanas agustinas. La antigua sede desapareció con la construcción de la avenida Lara.

 

 

La tercera presencia agustiniana también se vincula con la fundación de la parroquia El Trigal, al norte de Valencia. Monseñor Lebrún nombró como párroco al Padre Gonzalo Sánchez, quien comenzó a celebrar misa en el garaje de su casa en la calle Pocaterra, mientras recolectaba donativos por las noches para construir el templo.

Por devoción a la Virgen, Monseñor decidió que el templo llevaría el nombre de Nuestra Señora de la Asunción, y como copatrona, Santa Rita de Casia, conocida como abogada de los imposibles.

La conexión con San Agustín se revela en que Santa Rita fue religiosa agustina en la Edad Media. Por tanto, esta tercera presencia agustiniana en Valencia se manifiesta a través de la devoción a Santa Rita y la espiritualidad que impregnó la construcción del templo.

Margarita Marrero conserva una fotografía del Padre Gonzalo junto a un grupo de niñas de la parroquia durante la edificación del templo que hoy se conoce como Nuestra Señora de la Asunción y Santa Rita del Trigal.

 

San Agustín, una presencia que transforma

La historia de San Agustín en Valencia no se limita a una devoción abstracta, sino que se encarna en obras concretas: colegios, asilos, templos y comunidades, como la conocida parroquia San Agustín de Guacara.

Desde la educación de niñas bajo el amparo de Nuestra Señora del Socorro, hasta el cuidado de los más necesitados en el Asilo Santa Eduviges, y la construcción del templo del Trigal, la espiritualidad agustiniana ha sido motor de transformación.

 

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Hoy, con el papa León XIV como referente agustiniano, este legado cobra nueva vigencia. Las memorias conservadas por Margarita Marrero, cronista religiosa de Valencia, no solo preservan el pasado, sino que iluminan el presente y proyectan el futuro de una fe que sigue siendo “siempre antigua, siempre nueva”.

 

Ciudad Valencia / Diego A. Trejo / Vestigios del Pasado