El 9 de febrero de 1931 nació en Santa Catalina, estado Barinas, Miguel Saturnino Jiménez, hijo de María Demetria Jiménez y de Pio Tomás Rivas. Desde niño, compartió la vida con sus diez hermanos en tierras barinesas, rodeado de ríos, sabanas y aprendizajes modestos. Durante su adolescencia recuerda que navegando el río Apure con su padre, luego de haberse topado con un caimán que le pasó por un lado, una tonina saltó y le dio en los glúteos a Miguel, siendo este el primer encuentro por así decirlo con una de ellas.

A comienzos de la década de los 70 migró hacia San Fernando de Apure, donde construyó su hogar definitivo. Fue allí, sin saberlo, que comenzaría uno de los capítulos más singulares en la historia de la conservación y el espectáculo acuático en Venezuela.

Tonino

Las toninas llegan a escena: inicio de la aventura

Un hecho fortuito cambiaría el rumbo de su vida. El doctor Juan Vicente Seijas, llegó a San Fernando en busca de toninas para poblar un Aquarium en construcción en la ciudad de Valencia. A una escasa cuadra de su casa, Miguel observó la operación de captura con creciente interés. Era José Amaro quien recibía billetes de a cien por cada ejemplar. Seijas lo animaba: “¿Quiere más?”, y Amaro respondía con entusiasmo: “Así claro, deme más.”

Aquel ambiente lo sedujo. Miguel se marchó a cambiarse de ropa para sumarse como voluntario. Sabiendo que los cetáceos superaban los 100 kilos de peso, propuso una técnica de traslado poco convencional: usar hamacas de tela de algodón mojadas, protegidas por cobijas húmedas para evitar que la brisa los afectara.

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El viaje de San Fernando a Valencia

La expedición se inició con dificultades. El agua apenas alcanzó hasta Calabozo y tuvieron que recargar el tanque. Miguel se encargó de mantener hidratadas a las tres toninas durante todo el trayecto. Llegaron exhaustos pero vivos a Valencia: Pepe, Antonio y Víctor, nombres inspirados en tres figuras del Aquarium —un español diseñador de peceras, (Pepe) un árabe cocinero (Antonio) y uno de los hijos de Miguel, (Víctor) respectivamente.

El doctor Seijas lo autorizó a quedarse a vivir dentro del recinto. Durmió sobre un contrachapado y una lona durante un año completo, mientras atendía a sus nuevas compañeras.

 

Alimentación y vínculo transformador

La alimentación fue el siguiente reto. Buscaban peces en el dique de Guataparo y en la pescadería de Plaza de Toros, pues las toninas consumían grandes cantidades de coporo y mijao rayado. Fue un biólogo alemán llamado Hans Kopke, el primer director técnico del Aquarium de Valencia, quien enseñó a Miguel a darles de comer directamente desde la mano. Con nervios y timidez, comenzó a llamarlas: “Sube más, sube más”, mientras ellas respondían.

Kopke y Seijas confiaron en Miguel. Dejó a su familia en San Fernando y se consagró al trabajo con las toninas, con el pasar del tiempo se trajo a su familia a Valencia. Mientras tano, pequeñas canchas de pelotas fueron diseñadas para que las toninas jugaran y así nació el famoso show acuático de Valencia.

El debut inolvidable: 21 de diciembre de 1975

El show inaugural del Aquarium de Valencia ocurrió el 21 de diciembre de 1975, con tres toninas y más de 200 especies de peces de agua dulce. La ceremonia contó con la presencia del entonces presidente de la República, Carlos Andrés Pérez, quien llegó en helicóptero. El show fue transmitido en vivo por un reconocido canal de televisión, ante miles de asistentes.

Miguel también fue responsable de la decoración de las peceras, pintándolas y recolectando lajas de piedra en los ríos de Trincheras. Defendió su reputación ante quienes lo acusaban de flojo, demostrando que era uno de los más trabajadores, quedándose hasta altas horas de la noche.

 

“No hace falta ir a Estados Unidos”: nace el entrenamiento local

Cuando el doctor Seijas propuso enviarlo a Estados Unidos para capacitarse como entrenador, Miguel se negó. Afirmó que las toninas respondían a su voz de mando, que ya habían enviado 200 especies al extranjero sin éxito, y que él lograría los resultados en casa. Y así fue.

Los entrenamientos incluyeron técnicas cada vez más arriesgadas, como colocar el pescado en la boca para que los animales lo tomaran directamente. En una ocasión, Ulises lo mordió en la nariz durante una función pública, en plena exhibición.

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 Un vínculo que superó el espectáculo

En una de sus tantas despedidas, ya con su familia viviendo en Valencia, Miguel Saturnino Jiménez, reconocido como Tonino El Entrenador de Toninas, se enfrentaba al dolor de separarse de las toninas. Su esposa, con lágrimas en los ojos, le decía con ternura: “Ahora sí se arregló la cosa… llorando por esas toninas.” Y es que entre él y aquellas criaturas nobles había nacido un lazo profundo y único. Cuando Miguel lloraba, las toninas simplemente dejaban de comer y entraban en depresión.

Importante destacar que las toninas, comenzaron a reproducirse poco a poco con el pasar de los años, siendo en 1994 el nacimiento de la primera especie llamada Artemis, que tuvo más de una década de constante entrenamiento y que aún sigue viva su imagen en los recuerdos de los valencianos.

El también recuerda a otros ejemplares, entre ellas, Nelly quien fue una de las más memorables: llegó a ejecutar hasta 18 acciones distintas, demostrando no solo inteligencia sino una conexión especial con su entrenador. Otro momento inolvidable ocurrió cuando Ulises, en pleno show, recibió una pelota a más de 20 metros, la rebotó y la encestó, provocando ovaciones en un público de casi 1.000 personas. Miguel confesó que aquel día la emoción fue tan grande que aún se pregunta cómo no sufrió un infarto.

 

De las piscinas al hogar: la construcción de una vida

Durante una de sus ausencias en el Aquarium, Miguel comenzó a trabajar en Planta Centro, gracias a la recomendación de su amigo Hans Kopke, el biólogo alemán. Viajaba todos los días desde Valencia hasta Puerto Cabello, y fue allí donde consiguió los materiales para construir su casa: tablas, listones y contrachapado que llevaba consigo en cada regreso.

Aun en sus años fuera de servicio, Miguel seguía visitando y entrenando a las toninas, a pesar de estar jubilado. Su vínculo con ellas persistía, incluso cuando ya no figuraba en la nómina de la institución.

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El truco del agua y la sonrisa de los niños

Uno de sus secretos más recordados por los visitantes del Aquarium fue el famoso truco del agua lanzada al público. Era simple pero efectivo: le gritaba a la tonina “¡Aletea, aletea, aletea!”, sin ofrecerle pescado. El animal entendía que debía aletear con fuerza, empapando al público, sobre todo a los niños, que celebraban entre risas cada salpicón.

Miguel siempre insistió en que el Aquarium era más que un lugar de entretenimiento; era un aula biológica. Observaba cómo los niños copiaban información de las carteleras para sus tareas escolares, absorbían historia, biología, y memoria visual de fotos antiguas —muchas de ellas hoy desaparecidas.

 

Enfermedades, objetos y pérdidas

La muerte de algunas toninas marcó episodios dolorosos. Miguel recuerda a una que falleció por un parásito cerebral llamado paragoni y Antonio, quien murió de desnutrición tras tragarse un listón de madera de 30 cm. Fue él mismo quien lo descubrió tras abrir el cuerpo, antes de ser enterrada allí mismo en el Aquarium.

Otra tonina, Rosa, no resistió la anestesia y murió con 160 bolívares en monedas alojadas en su esófago. La institución reaccionó colocando objetos prohibidos en carteleras, advirtiendo y alertando a los visitantes sobre los peligros en la piscina.

En un caso crítico, Víctor fue salvado gracias a la intervención manual propuesta por Miguel: lograron abrirle la mandíbula y retirar todos los objetos que le obstruían el esófago. Un método rudimentario, pero efectivo, que se aplicó por años en el recinto.

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Legado y conexiones invisibles de Tonino

El origen de su nombre, hoy conocido como Tonino, el Entrenador de Toninas se debe a que un amigo también alemán del Dr. Juan Vicente Seijas lo bautizó con este distintivo nombre, ya que lo llamaban El Toninero.

En el año 2000, ocurre un acontecimiento muy importante de la historia del Aquarium y del mundo, como es el nacimiento de la segunda tonina Telemaco procreada en cautiverio, fueron sus padres, Penélope y Ulises, quienes se convirtieron en la primera pareja reproductora de Toninas en el mundo.

Miguel estima que durante su trayectoria, conoció y entrenó a más de 15 toninas, además de las tres originales. Recuerda nombres como Dalila y Penélope (fueron las dos únicas hembras que dieron a luz) Zeus, (el que tardó más en aprender) Artemis, entre muchos otros, cada uno tenía su ritmo de aprendizaje.

En una vivencia singular, recuerda a una niña de diez años que asistió al Aquarium. La conexión entre ella y las toninas fue inmediata. Cuando ella corría por un lado, las toninas la seguían en el agua, como si reconocieran su energía. Miguel está convencido de que si aquella niña hubiese entrenado a las toninas, le habrían obedecido igual que a él.

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Soledad: La tonina liberada del dique de Guataparo

En una ocasión se trasladaron nuevas toninas desde Apure. Una de ellas —vieja, fuerte y dominante— no permitía que las otras comieran, generando conflictos, su nombre fue Soledad. Decidieron soltarla en el dique de Guataparo.

Con el tiempo, en una inesperada muestra de inteligencia, esa misma tonina salvó la vida de un buzo, que había quedado atrapado bajo el agua. La tonina lo desenredó y lo lanzó a la orilla.

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El cierre del ciclo de Tonino

Miguel Saturnino Jiménez, llamado con cariño “Tonino”, recuerda que el cierre definitivo del show de las toninas ocurrió desde el 2016, fue en esa época cuando se dio a conocer la perdida de las dos últimas toninas de este recinto. Primero fue Zeus de 11 años de edad, y a las pocas semanas su compañera Dalila con 48 años de edad, cerrando de este modo la historia referente a ellas.

Hasta hoy, el nombre de Miguel Saturnino Jiménez sigue resonando con afecto entre los valencianos. Su historia, estrechamente ligada al legado del hoy Zoo Aquarium de Valencia como se conoce actualmente y al vínculo inquebrantable con las toninas, merecía ser contada con la dignidad que corresponde a los verdaderos patrimonios humanos.

Gracias a la iniciativa del compañero Jesús Agraz, amigo y colaborador del programa Vestigios del Pasado, se propuso realizar un especial honorífico para difundir públicamente los detalles de la vida de Miguel Saturnino. La producción tomó contacto con sus familiares y organizó una jornada emotiva el 24 de julio de 2025, en la histórica Casa Pocaterra, en pleno centro de Valencia. En este sentido, agradecemos agradece por el espacio y el apoyo prestado para este trabajo audiovisual.

Ese día se le hizo entrega de un afiche caricaturizado, elaborado por el reconocido artista e ilustrador valenciano Yonny García, apodado “El Mago de las Caricaturas”, junto con la intervención artística de Marcelino Juárez, otro talentoso artista e ilustrador valenciano. El homenaje se concretó con la entrega de este retrato en mano y un reconocimiento público por parte de todo el equipo del programa y quienes asistieron al encuentro. Un gesto que honra su memoria, preserva su legado y reafirma que, en el corazón de Valencia, Miguel Saturnino Jiménez nunca ha dejado de ser parte viva de su historia cultural.

La historia de Miguel Saturnino Jiménez no solo cambió el curso del Aquarium de Valencia, sino también la percepción colectiva sobre las toninas en Venezuela. En sus propias palabras, hoy las toninas dejaron de ser cazadas en los ríos para convertirse en especies respetadas y admiradas por los pescadores locales, gracias a la conciencia generada por su historia.

A sus 94 años de edad, lúcido y en pleno uso de sus recuerdos, Miguel Saturnino agradece con humildad a todos esos niños y personas en general que asistieron a los shows, aquellos que, con sus risas y aplausos, siguen resonando en sus noches como si fuese el primer día.

Su legado no solo está escrito en los medios de comunicación, sino en la memoria viva de una ciudad. Por eso, cada vez que se hable del Aquarium de Valencia, también hablaremos de él: de Tonino, el hombre que enseñó a las toninas a confiar en el ser humano… y a los humanos a admirarlas como nunca antes.

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Ciudad Valencia / Diego A. Trejo / Vestigios del Pasado