El procesamiento sensorial, la atención y el aprendizaje en el autismo, puede llegar a ser muy dificultoso o incluso influir más de lo se imagina.
Es que el procesamiento sensorial influye más de lo que imaginamos en la capacidad de enfocarse, seguir instrucciones y regularse emocionalmente.
Un entorno ruidoso, luces brillantes, etiquetas de la ropa incómodas o un lápiz con la textura “incorrecta” pueden convertirse en barreras invisibles que dificultan la atención y el aprendizaje.
El procesamiento sensorial lo encontramos de la siguiente manera:
La Hipersensibilidad: cuando todo es demasiado
- La Distracción extrema por luces, ruidos o contacto inesperado.
- La Defensa sensorial: rechazo o reacción intensa ante ciertos estímulos.
- Miedo o ansiedad ante ruidos fuertes o entornos impredecibles.
- Abrumamiento rápido, con sensación de saturación y necesidad de aislarse.
La Hiposensibilidad: cuando no se percibe lo suficiente
- Necesidad de estímulos fuertes para mantenerse alerta.
- Búsqueda sensorial constante: moverse sin parar, tocar todo, hacer ruido.
- Dificultad para notar el dolor, el frío o el hambre.
- Aparente falta de reacción ante el entorno, como si «no estuviera presente».
Dificultades en filtrar: Todo es igual de importante
- Problemas para enfocarse en la tarea si hay estímulos de fondo.
- Sobrecarga cognitiva, ya que no se prioriza qué atender y qué ignorar.
- Ruido visual y auditivo: dificultad para distinguir la voz del maestro o leer con distractores.
- Cambio de foco constante, dificultando completar tareas o seguir instrucciones.
Asimismo encontramos la Fatiga y sobreestimulación sensorial que puede producir agotamiento rápido en entornos con muchos estímulos y la necesidad de pausas frecuentes para evitar el colapso sensorial.
También las dificultades para procesar información tras periodos de sobrecarga y las explosiones emocionales o bloqueos cuando la sobreestimulación es excesiva.

¿Cómo afecta el procesamiento sensorial?
Según Dunn (1997), los perfiles sensoriales influyen en cómo cada persona responde a los estímulos del entorno. En autistas, estas diferencias pueden generar retos significativos en la atención y la interacción con el entorno escolar y cotidiano. El 92% de los autistas presentan desafíos sensoriales.
¿Cuál es el impacto en la regulación emocional?
- Sensaciones físicas intensas = emociones intensas.
- Dificultad para identificar y comunicar el malestar ⇒ puede expresarse en rabietas o crisis.
- Procesamiento emocional enlentecido ⇒ tarda más en calmarse tras una sobrecarga.
- Estrategias de regulación necesarias ⇒ moverse, aislarse, balancearse, hacer sonidos.

¿Cómo podemos ayudar?
- Adaptando el entorno con herramientas sensoriales.
- Facilitando estrategias de autorregulación sensorial.
- Ofreciendo momentos de pausa y movimiento regulador.
- Usando recursos como la Baraja EN CALMA, diseñada para mejorar la regulación sensorial y emocional.
- Rutinas visuales para anticipar actividades.
- Actividades de presión profunda y propiocepción.
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Ciudad Valencia/Anabel Cornago ( Instagram: @anabelcornago)













