El dilema diario de todas las madres TEA, y porque no, de algunos padres también, es la protección de sus niños y niñas TEA, y al contrario de lo que piensa la mayoría de las personas, no es una exageración.
Cuando el amor se convierte en guardián de la vida, hay quienes no lo entienden, pero una madre de un niño con TEA sí sabe lo que significa vivir siempre en alerta. No es sobreproteger, es proteger la vida.
Aquí te compartimos algunas claves para entender por qué el riesgo es real:
Falta de noción del peligro. Muchos niños con TEA no interpretan las señales de riesgo como el resto: cruzar una calle, tocar fuego o subir a un lugar alto no despierta en ellos el mismo “freno” interno.
Búsqueda sensorial constante. El calor de la cocina, la velocidad al correr o la altura pueden resultar atractivos sin que comprendan el daño potencial.
Procesamiento diferente de la información. Su cerebro no siempre asocia “advertencia” con “riesgo inmediato”. Esto exige una vigilancia activa de los cuidadores.
Entorno no adaptado. Muchas calles, cocinas y espacios no están pensados para la seguridad de un niño con estas características.
El dilema de las madres TEA y su impacto emocional
Vivir en “modo alerta” 24/7 es desgastante física y emocionalmente, y a menudo es incomprendido por el entorno.
Familiares y sociedad: no juzguen como “exagerada” a una madre TEA, aprendan a ser parte del círculo de protección.
Madres: tu instinto y vigilancia son la primera barrera contra el peligro real. No te disculpes por cuidar.
Instituciones: urge crear espacios y campañas de prevención adaptadas para personas con autismo.
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Ciudad Valencia/Corazones azules y compañeros peludos-Jan Melo













