La última pregunta que te formulé la semana próxima pasada, giró en torno a la relación equilibrada entre la historia y los personajes de tu obra; y es muy pertinente para que la columna de hoy la comencemos por el mismo tema. En términos más sencillos, ¿qué te quiero decir? Tú historia y los personajes que en ella existen deben ser creíbles; aunque tu historia sea ciencia ficción, la atmósfera y las secuencias de las escenas deben poseer unas características que la tornen verosímiles. El lector debe y tiene que captar que lo que allí ocurre es “verdad”; porque él sabe que tú has creado un universo, un mundo; has inventado una historia y, dentro de este universo literario, lo que allí pasa es cierto. Para que esa impresión llegue al lector, como te dije, tus personajes deben, al igual que tú y yo, poseer emociones, sufrir, alegrarse, llorar, contradecirse, odiar… Esto requiere de mucha concentración; pues de la capacidad que tú tengas para encarnar esos personajes (como lo hace un actor) dependerán si poseen un perfil real, lleno de contenido humano o, por el contrario; aunque sean humanos, terminen por no transmitirle nada al lector.
Pero no es suficiente con que los personajes sean, digamos, de carne y hueso; si la historia que los sostiene es débil, ellos recibirán las consecuencias de esta debilidad. Un personaje que se erige con fuerza, siempre está respaldado por una historia que se corresponde con esa fuerza; y esto es tan cierto que muchos de ellos pasan a formar parte de nuestras vidas cotidianas y apenas reparamos de que nunca han existido.
Sin embargo, tampoco basta con que tengas personajes e historias creíbles si la manera de cómo lo estás narrando contiene incoherencias, errores gramaticales… que nublan la historia y los personajes pasan a ser desechables. Por eso, entre lo que se cuenta y cómo se cuenta, existe un vínculo inseparable que podemos denominar elegancia de la presentación.
La narración, como cualquier otro arte, posee una estética en su forma que permite captar mejor el contenido. La prosa es una autopista llena de pausas, avisos, frenos, aceleraciones y es preciso que los conductores (lectores), paseen a gusto disfrutando del camino y del paisaje.
La fluidez de la prosa no es posible si esta contiene excesivos errores, por eso he preferido denominarla, elegancia de la presentación, lo cual supone que se ha llegado al resultado final, cuando se le presenta al lector. El tipo de escritura tiene que ver con tus gustos, con la forma que has elegido para mostrar tu universo narrativo, lo que al fin de cuenta constituirá tu estilo. Claro, tu estilo puede variar con el tiempo, o ser diferente de una obra a otra. Tu estilo puede ser directo, sin floritura —como algunos le dicen—, en el lenguaje; pero esta sencillez no se riñe con la inteligencia, con un vocabulario rico, variado.
Lo directo no es sinónimo de ofensa al lector, que lo creas tan corto de comprensión que tienes que escribirle con palabras elementales como si estuvieras hablando con una persona que está aprendiendo a hablar. También puede ocurrir que encubras tus dificultades, tus limitaciones con el lenguaje, usando una escritura llana, sin permitir que los lectores se acerquen al texto porque en él existe un goce, un encuentro lúdico con la palabra. Hay narradores como Victorino Muñoz, quien suele no describir a sus personajes, pero dibuja finamente el mundo de vida de los mismos y los lectores pueden darse cuenta de que las características físicas, pueden no ser tan importantes.
También puedes elegir la prosa poética; si es de tu gusto. En este caso se corre el riesgo de descuidar la historia por exaltar las imágenes; esto ocurre muchas veces sin que el mismo escritor se de cuenta. Pudiera ser un error en los cuentos, donde la historia debe contarse en poco espacio, depende de la destreza del autor; pero en la novela podría tener una licencia un poco más flexible. No estoy de acuerdo con que los personajes usen este estilo en sus diálogos, a menos que sean poetas, narradores o chamanes…, pero en otros casos, los personajes deben tener un léxico que se corresponda con sus condiciones sociales y culturales. En el Otoño del Patriarca, por ejemplo, en muchas ocasiones los personajes hablan tal como García Márquez escribía, si bien es cierto que hay expresiones orales presentes, la fusión de la poética del autor en los diálogos de los personajes, luce exagerada, pero en esto también consiste lo exquisito del libro, ya que su autor se las ingenia para mantenernos hechizados y fluir con la historia, la cual es coherente desde el inicio hasta el final; es decir, las exageraciones son constantes y se dispersan en todos los ámbitos de la historia, no solo en los diálogos, y en esto consiste su magia; recuerden que estamos hablando de un gran mago de la narración.
Los personajes deben hablar como hablan los seres sociales externos al libro, de los que aquellos son representaciones. Saramago constituye un claro ejemplo de equilibrio entre lenguaje oral y literario, en muchas de sus obras; a ratos explota imágenes y situaciones poéticas; a ratos sostiene un juego de lenguaje que mantiene al lector anclado en la lectura.
Lo mismo puede decirse de Paul Auster y Sándor Márai. Obvio, en el campo de la novela hay mucha libertad para que el autor realice trucos, divague, cuestione a sus personajes, o los introduzca en situaciones que confrontan al ser humano con sus más grandes miserias, miedos, angustias, y búsquedas, sean estas inútiles o no. En el cuento también se puede lograr; pero tienes veinte páginas, como máxima extensión, para alcanzar tales objetivos; una vez más, pareciera que el cuento requiere del escritor mucha más maestría.
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En resumen, debes tener muy claro, antes de escribir tu historia: el tipo de narrativa que quieres utilizar; las condiciones sociales y culturales de tus personajes; el tiempo de la narración, si es pasado o presente, o si el tiempo va y viene de un polo a otro polo; por tanto, también debes decidir si el autor será parte de la historia o no. En el caso de que lo sea, el autor deja de serlo para convertirse en un personaje más; pero un personaje que es testigo de lo ocurrido; ¿será omnisciente?, eso lo debes decidir también. El personaje testigo puede ignorar asuntos, dudar, equivocarse, lo cual genera ciertas empatías con los lectores. El autor omnisciente conoce todos los meandros y recovecos por donde sus actores transitarán; entonces la historia se torna certera, con más claridades que oscuridades, y esto también fascina a muchas personas.
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).
(Tomado de eldienteroto.org)
Ciudad Valencia












