Parafraseando un cuento del gran Julio Cortázar, este es sin duda el título que resume apropiadamente esta crónica sobre el homenaje de agradecidos discípulos para la escritora, maestra, promotora cultural y mejor amiga Laura Antillano, allá en la Sala María Luisa Escobar del Complejo Cultural Museo de Arte Valencia (MUVA), el pasado sábado 25 de abril, en el acto central del Ágora del Libro 2026.

Y si algo tenían en común todos los allí reunidos para rendir tributo a “la Profesora” o simplemente a “Laura” (la pana solidaria) era que, más allá de los salones de clase, de las ferias del libro o de los talleres literarios, muchos habían cruzado sus caminos y se habían conocido y hecho amigos visitando la casa de Laura, la ya mítica “Letra Voladora”, o en alguna de las tantas actividades que Laura Antillano organizaba incansablemente para llevar la experiencia del libro a los niños, las niñas y los jóvenes en tantas escuelas y liceos de Carabobo y más allá; hecho que también involucraba activamente a sus maestros y profesores, para quienes Laura organizaba talleres en especial que los hicieran más diestros y efectivos promotores de lectura en sus salones.

Y si alguna actividad siempre sobresalió entre las ideadas y organizadas con estos loables fines por Laura Antillano se debe destacar lo que inicialmente se llamó “Encuentro con la literatura infantil en Venezuela” (2006), que pasaría luego a ser el “Encuentro Internacional con la Literatura Infantil y Juvenil en Venezuela” (2008), hasta derivar, hacia 2017, en el “Encuentro con la Literatura y el Audiovisual para Niños y Jóvenes”, su magno esfuerzo y dedicación, el cual reunió durante trece oportunidades a talentos de distintos campos del saber y de las artes, tanto de Venezuela como de otros países hermanos, pues como bien recordó emocionada Elisabel Rubiano en la pasada Filven Carabobo: “Laura los conocía a todos, todos eran sus amigos y amigas, a ilustradores, a escritoras y escritores, a fotógrafos, a titiriteros, a intelectuales famosos, y todos querían venir y apoyarla”.

 

Laura Antillano
Foto Carmen Pacheco.

 

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Así que todos los que tuvimos la fortuna de reencontrarla este sábado 25 de abril en el MUVA compartimos el privilegio de haber sido convocados alguna vez por la incansable Laura para ayudarla en esos encuentros, haciendo mil cosas, pero sobre todo aprendiendo, disfrutando, emocionándonos con tantas presencias sorprendentes de gente que admirábamos a la distancia, y que ahora nos trataban con familiaridad gracias a Laura y su siempre viva y estimulante cruzada por llevar la magia del libro a niños y jóvenes en sus escuelas y liceos, tal como ella misma lo experimentó de niña en su escuela “Lucila Palacios” de Maracaibo, cuando la propia escritora Lucila los visitó en sus salones para eterno asombro y agradecimiento de Laura, quien nunca cesó en recrear esa misma experiencia para que la vivieran y la recordaran por siempre tantas nuevas generaciones de lectores y lectoras.

 

Foto José Antonio Rosales.

 

El hecho es que este sábado 25 de abril, un número importante de quienes hemos tenido la fortuna de contar con la amistad y el consejo de Laura Antillano en nuestras vidas, tuvimos asimismo el privilegio de ser invitados para dar nuestro testimonio de por qué queremos tanto a Laura, de por qué será ella una experiencia cumbre en nuestras vidas dedicadas a la literatura desde diferentes vertientes, pero en particular con Laura como faro, como guía que siempre nos recuerda que nuestra misión es despertar la misma pasión por los libros y las palabras inspiradoras en las nuevas generaciones, y más ahora que los muchachos y las muchachas pueden perderse en los tantos artilugios de la informática y de las redes sociales en detrimento de su imaginación y creatividad liberadoras.

Aquí están pues los testimonios de tanta gente agradecida con Laura, quienes desde ya asumen el compromiso de llevar adelante el 14° Encuentro con la Literatura y el Audiovisual… como el mejor homenaje que puede hacérsele a Laura en vida, proseguir con su legado, con su incansable esfuerzo porque los escolares venezolanos sigan maravillándose con esos mundos llenos de sentido que pueden abrírseles desde las páginas de los libros.

 

panorámica de amigos de Laura-joan
Foto Joan Planas.

 

“Laura me dio confianza”

Me correspondió tomar en principio la palabra por haber tenido la responsabilidad de coordinar esta actividad junto a Luis Salvador Feo La Cruz, pero lo cierto es que cualquiera de los invitados a dar su testimonio de agradecimiento a Laura Antillano pudo haber cumplido a cabalidad esta tarea; pues Laura precisamente nos había alentado tantas veces a hablar en público, a presentar a otros especialistas, a coordinar debates, a dirigir talleres de escritura con los maestros, en fin, había confiado en nosotros, creía en nuestras capacidades, ¡y no podíamos quedarle mal!…

Entonces hablé de lo que significó para mí poder asistir al taller literario de Laura allá en su casa de Naguanagua, “La Letra Voladora”, adonde llegué temeroso un viernes por la tarde, a mediados de los años ’90, con mucha lectura ensimismada por delante (García Márquez, Borges, Cortázar, Rulfo…) y escritura a solas, y ya con mi licenciatura en Educación a cuestas.

Pero no había tenido yo la fortuna de haber sido su alumno en la mención de Literatura de la Universidad de Carabobo porque ella había estado por entonces en su sabático, así que ese taller fue, por fin, mi oportunidad para que ella leyera un cuento mío y me diera su opinión. Y sucedió que el viernes siguiente, al leer yo el primer ejercicio literario en que participaba bajo su guía (y donde debía incluirse esta oración: “tenía muchos deseos de hablar…”, que ella entresacó de un libro al azar), al apenas yo terminar de leer mi cuartilla, ella dijo rotunda, y sin preguntar antes la opinión de ninguno de los otros talleristas, lo cual era saltarse la norma: “Esto es un cuento…”, con lo cual yo sentí, prácticamente, que sobre mí descendía el Espíritu Santo, que ya había sido reconocido como escritor y que a partir de allí podía andar con confianza por el mundo de las letras, porque la maestra me había reconocido. Laura pues me dio confianza en mí mismo como escritor desde ese sencillo gesto, yo había ido a presentar mi examen ante una intelectual reconocida y admirada (era un hecho que solo a mí me constaba en ese momento), y tras ese “sobresaliente” todo lo demás vino como añadidura, el privilegio de su amistad incondicional y el honor de ser convocado después a tantas jornadas en favor de la lectura.

Cedo ahora la palabra a estas amigas y a estos amigos entrañables para mí, que asistieron, puntuales y entusiasmados, a esta cita con Laura Antillano, esa otra familia aparte que me ha dado la vida con Laura Antillano como vínculo, allá en su casa llena de arte como punto de encuentro por siempre en nuestro corazones.

 

Acercando a los creadores a sus lectores

Elisabel Rubiano (docente, editora, promotora del libro)

Descubrir a Laura Antillano fue, para mí, un ejercicio de espejos. Todo comenzó con un fragmento de Solitaria solidaria publicado en las páginas de El Carabobeño, yo tenía 15 años. En ese momento, no solo encontré una narrativa que conectaba con la vida urbana contemporánea, que refería a los grupos musicales de la época, por lo que me sentí reflejada, sino una voz que rescataba nuestra historia y la hacía tangible, íntima.

Allí me encontré con su mirada. Laura nos formó en muchos aspectos, sobre todo en la estética cuando la visitamos tantas veces  en su casa de La Letra Voladora y en sus talleres, también nuestras casas tienen muchos detalles que ella nos regaló. Pero su forma de mirar el mundo, tan observadora y contemplativa, a mí me marcó, en su obra literaria se destaca esa mirada, cómo hace de cualquier hecho cotidiano o familiar materia para hacer literatura.

 

Elisabel-joan-Laura b
Foto Joan Planas.

 

Además, ​Laura no es solo una escritora; es una gestora cultural única que ha logrado lo que pocos: conectar diversas expresiones artísticas y humanas a través de proyectos tan vitales como sus encuentros de literatura infantil y el audiovisual. Su legado no reside únicamente en los libros que ha escrito, sino en los puentes que ha tendido entre los creadores y los lectores, recordándonos que el arte es un acto de acompañamiento profundo. Para quienes hemos seguido su rastro en Valencia y más allá, Laura representa esa persona que nos conectó con todo hecho cultural y artístico del país, ella ha hecho que toda manifestación cultural, de las artes escénicas, el cine, las artes visuales… siga siendo, a pesar de todo, un espacio de resistencia y belleza.

 

Una conexión activa con la lectura y la escritura

Beatriz Peñaloza (escritora, docente e investigadora)

Beatriz Peñaloza 2b
Foto Luis Alberto Angulo.

Se nos ocurrió alguna vez invitar a Laura Antillano a Cagua, yo la había conocido en un taller para formación de profesores en Caracas, y se lo propuse a la profesora de Castellano de mi hijo en el Carmelo, pues ellos la estaban leyendo, pero ella no creía que eso era posible por tratarse de una escritora tan reconocida, pero Laura nos dijo que sí con total entusiasmo, sencilla y amable. Después ella me invitó a su vez a participar en sus encuentros con la literatura infantil y juvenil, y me hospedó en su propia casa.

La primera vez que leí mi poesía en público fue en sus martes literarios en el 2017, y desde entonces no he parado de asistir a recitales, me anime a publicar, me anime a reconectarme conmigo misma en mi vocación por la literatura, que tenía clara desde que era una niña, pero que había guardado, que había dejado atrás abrazada por la cotidianidad. Conocer a Laura fue hacer una conexión con todo lo que llevaba dentro, siempre le estaré agradecida por eso.

En Laura, más allá de su extraordinario legado como docente y escritora, yace una mujer sencilla, cercana y cálida, a quien muchas personas recordamos con un sentimiento de admiración y agradecimiento porque nos ha impulsado a conectarnos con la lectura y la escritura de manera activa, a confiar en nuestras potencialidades, a creer que un mundo enriquecido por la lectura es posible, ella ha inspirado a muchas generaciones y seguramente seguirá invitándonos a viajar en esa Letra Voladora que es la literatura.

A mí se me antoja que es como un colibrí incansable y quiero leerles este poema suyo:

 

Colibrí

La agilidad

de un colibrí 

tiene que ver

con la velocidad

de sus giros,

el revuelo permanente

de su aleteo.

De eso se trata,

mantener el ritmo,

asegurar

la alegría

del deseo,

como naturaleza

infinita.

 

Un espejo para verme como docente, poeta y promotora de lectura

Rumilda Jiménez (docente y poeta)

Hablar de Laura Antillano significa para mí hablar de mi propia formación, un espejo para mi formación como docente, poeta y promotora de lectura. Conocí a nuestra muy querida profesora, escritora y amiga en el año 1986. Fui su estudiante en la asignatura de Seminario de Análisis de Textos, en la especialidad de Lengua y Literatura. En ese tiempo, la profesora Laura, también dictaba talleres de creación literaria en la antigua sede de la Facultad de Ciencias de la Educación de nuestra Universidad de Carabobo.

Rumilda
Foto Luis Alberto Angulo.

De Laura Antillano guardo hermosos recuerdos, los cuales resumiré en dos momentos muy significativos y memorables en mi vida de estudiante universitaria. El primero: cuando culminamos el semestre de la asignatura Seminario y Análisis de Textos. Para el cierre de ese semestre, la profesora Laura nos llevó a Caracas, al Teatro Alberto de Paz y Mateos a ver la representación de una obra de Román Chalbaud. Ese viaje dejó en nosotros un aprendizaje muy significativo, el cual afianzó nuestro conocimiento sobre el teatro venezolano.

El segundo momento: cuando fui su tallerista. En esa década –finales de los ‘80–, la escritora Laura dictaba talleres de creación literaria en su cubículo de la antigua sede la Facultad de Ciencias de la Educación. La cantidad de estudiantes que asistíamos a su taller fue aumentando, ya no cabíamos en el cubículo. Entonces la profesora Laura toma la determinación de realizarlo en su casa, en El Naranjal, La Letra Voladora.

Recuerdo vivamente cuando le expresé a mi querida profesora Laura que lamentablemente no podía continuar en su taller, porque desde su casa se me dificultaba tomar el transporte para llegar a mi hogar. Al día siguiente, la profesora Laura fue a la Facultad, buscó el salón de clase donde me encontraba y me dio una copia de las llaves de su casa para que me quedara las veces que fuese necesario y así poder continuar en su taller. Semejante gesto de humanidad y solidaridad aún conmueve mi alma.

 

Una gran capacidad para convocar voluntades

Rita Fernandes (profesora, presidente de la Fundación Cultural Luso-Venezolana Camões)

Rita Fernandes
Foto Luis Alberto Angulo.

En este homenaje a la escritora, profesora y amiga Laura Antillano yo destacaría especialmente algo que ha sido una constante en ella, que es su capacidad para convocar voluntades alrededor de los múltiples proyectos que se propuso y realizó a lo largo de su amplia trayectoria como divulgadora cultural, promotora de la escritura y la lectura a todos los niveles.

En un ámbito más personal, me conmovió y me sigue conmoviendo el poema que me dedicó y con el que me sorprendió en un libro suyo: «El libro del amigo». Es una imagen de mi niñez en Madeira, Portugal, cuando recibí de regalo una pluma fuente enviada por mi papá, quien había emigrado a Venezuela; esta imagen, sin duda, se había colado en alguna conversación informal entre las dos, que Laura supo valorar como motivo para un poema.

 

Pluma fuente

para Rita Fernandes

Una niñita
carga la pluma fuente
después
escribe trazos perfectos
sobre el papel,
entre líneas aprende
de la pulcritud
del cisne,
cuando levanta su cabeza
y su cuello es
la prefiguración misma
de la esbeltez.
Una niñita crece
y rompe los
cristales
cuece a fuego lento
la ranura
de su zapato,
entonces,
aguja en mano,
tapa los
orificios.
Levanta la máquina
y aspira, espira
acaso suspira,
se empeña
en aquel verso de Pessoa,
el padre dice su palabra
que no se borra.
Ella pasa la página
sin esfuerzo,
es mediodía
se impone
un aroma de
jengibre y canela,
la tinta china
viene de Shangai,
al fondo se escucha
un fado.

 

Respeto y cariño por sus lectoras y lectores juveniles

Carolina Álvarez Arocha (escritora, editora, educadora, promotora de lectura y facilitadora de talleres de escritura creativa)

Ojalá que en este homenaje pudieran estar entrañables amigos de Laura, y que Laura nos presentó, como el cubano Enrique Pérez Díaz o el querido ilustrador ecuatoriano Marco Chamorro. Yo sé que tanto a ellos como a muchas otras personas les hubiera gustado estar aquí y tendrían muchas cosas que decir.

 

Carolina Álvarez-Sergio Antillano
Foto José Antonio Rosales.

 

Pero sigamos. Entre las ideas que surgieron para este homenaje a Laura, pensamos en los libros que nos ha ido dejando. Yo escogí “Emilio en busca del Enmascarado de Plata”. En parte porque es uno de mis favoritos. En esta novela destinada al público juvenil, Laura nos muestra el respeto y el cariño que siente por sus lectoras y lectores. No hay infantilismo, no hay niñería, no hay miedo en tratar temas difíciles como el abandono o la injusticia en el trabajo. Lo que sí hay es aventura, camaradería, cariño. Por obras como Emilio… es que Laura es una de nuestras autoras favoritas y referencia obligada en la literatura infantil y juvenil.

 

Vocación de escritora con tenacidad y permanencia

Luis Alberto Angulo (poeta)

He contado algunas veces que conocí a Laura caminando por la Avenida Bolívar, cerca de lo que era la Cámara de Comercio. Alguien me dijo: «Esa es Laura Antillano». Era una muchacha menuda, de ojos grandes y sonrisa amplia sin estridencias, que usaba entonces jeans y botas de montañista.

Como suele suceder en nuestro medio, no nos presentó nadie. Conservo en mi memoria, ya lejana de ese tiempo, su actitud sencilla, discreta, observadora, atenta y carente de las poses de intelectuales propias de nuestros jóvenes poetas malditos. Mientras muchos de su generación, en la que me incluyo, pugnaban por publicar en páginas y revistas literarias, ella ya era una figura conocida en el Zulia, de donde había egresado como licenciada en Letras por la LUZ. Iniciaba en ese tiempo su carrera de docente en la Escuela de Educación de la Universidad de Carabobo y ya impulsaba la promoción cultural. Venía de los grupos literarios y actorales marabinos, con una viva experiencia en el trabajo de calle con títeres.

 

Luis Alberto Angulo-homenaje a Laura
Foto Joan Planas.

 

Siempre he admirado en Laura su vocación de escritora, su tenacidad y permanencia que, siendo ella pluralista, diversa, de muchas motivaciones e intereses, van siempre, sin embargo, en una misma dirección: su obra, su escritura.

Creo que ella ha cubierto todas las vertientes genéricas de la literatura: el teatro, la investigación literaria, el periodismo, la docencia, la promoción cultural, la poesía y la narrativa. Ha sido muy cauta con la poesía y, como narradora, transita el cuento y la novela con temprana maestría.

Ahora Laura es un referente cultural no solo de una región, de un país o de una generación en particular, como la del setenta del siglo pasado, a la cual, sin duda, pertenece. En este reconocimiento de muchos de sus amigos en Valencia, debemos contentarnos con que Laura Antillano sea una figura de la literatura latinoamericana de nuestro tiempo y con haber tenido y tener el privilegio de su cercanía.

Son muchas las personas a las que asocio con Laura en nuestro andar literario en Valencia, escritores que confluían en su casa y en nuestras conversaciones, momentos especiales, programas de radio, el mundo. Algunos escritores y personalidades que asocio con Laura y ahora me vienen a la mente son:

Orlando Chirinos, José Carlos de Nóbrega, Ramón Elías Pérez, Enrique Mujica, Cósimo Mandrillo, Jorge Iglesias, Raúl Rivero, Ramón Núñez, Pedro Téllez, Azul Urdaneta, Elisabel Rubiano, Roberto Martínez, Rumi Jiménez, Jorgelina Rodríguez, Beatriz Helena, los chamos de los talleres de poesía, los profesores que venían al encuentro internacional de literatura para jóvenes y niños que ella fundó. La gente de Radio Universitaria con su programa La Palmera Luminosa; tanta gente querida a la que quisiera nombrar…

 

Laura: vida y escritura

Arnaldo Jiménez (docente, cuentista, poeta, novelista, ensayista)

Si alguien quiere saber de qué manera una vida se aloja en la escritura, y ambas, vida y escritura, se forman, se determinan, y se acercan cada vez más hasta conformar una sola manifestación de la realidad, solo debe leer la biografía de Laura Antillano.

A través de esa vida uno entiende que el arte tiene algo que ver con el cuerpo, cómo este se escribe a sí mismo en el espacio y el tiempo. Uno entiende que la sensibilidad, el intelecto y el cuerpo se ponen en escena en un solo ser.

Arnaldo-Laura 2
Foto Luis Alberto Angulo.

Alguna vez yo anduve en los vuelos de sus letras, allá, en su casa de Naguanagua, una casa llena de matas, cuadros y esculturas. Nos sentábamos en una mesa larga situada en el patio y se leía y discutía en torno al hecho de escribir cuentos y poemas. Era genial estar allí sentado ante una inmensa escritora; como siempre y, al igual que me pasó en muchas ocasiones con el maestro Pérez Só, yo callaba y aprendía, porque mi ignorancia me desbordaba.

Sin embargo, en casa de Laura se respiraba un grato Perfume de gardenia, quizás, si hubiese puesto más atención al entorno que se escondía en lo aparente, hubiese visto a mi héroe preferido de la infancia: Santo el enmascarado de plata, a quien Laura le dedicó una novela infantil en la que muy bien yo hubiese podido ser Emilio, el niño que andaba buscando al superhéroe. No sé cuántas veces he escrito y dicho que Santo marcó mi infancia y que cuando usaba su máscara yo tenía realmente superpoderes.

Tiempo después, Laura asistió al bautizo de mi primer libro de cuentos titulado Chismarangá, en la Librería del Sur, allá en Puerto Cabello, más o menos en el año 2006. No, no se me quitó el miedo, tenía mucho más. Temía que ella me dijera, está bien como ejercicios de escritura, pero no te acostumbres a escribir así; no obstante, obtuve un gran premio, una docena de líneas que ella le escribió a mi libro… ¡y que me hicieron salir saltando de la librería!

 

Un taller literario donde las palabras volaban

Orimar Meneses (docente, escritora)

Orimar-Joan 2
Foto Joan Planas.

Yo llegué a casa de Laura Antillano como tallerista en 2014, pero antes había llegado mi papá, así que yo había estado en esa casa desde mucho antes.

La primera vez que vi a Laura estaba sentada y un gato le adornaba las piernas. Luego comenzó a hacer su magia.

En el aire flotaba un olor a flor de jamaica mezclado con gato y perro. Me sentía en otra dimensión. Fue allí donde las palabras empezaron a volar.

En ese lugar mágico donde se esconden las luciérnagas y las hormigas caminan sobre versos colgados en la pared: La Letra Voladora.

 

Hay que editar las obras completas de Laura en tres tomos

Pedro Téllez (siquiatra, ensayista)

Pedro Téllez-Laura
Foto Luis Alberto Angulo.

Yo diría que el mejor homenaje a Laura, y a sus lectores sobre todo, sería editar, por editorial del Estado, su obra completa: cuentos y novelas, poesía, ensayos y crónicas. Tres tomos.

Digo homenaje a Laura porque una escritora de su trayectoria nacional y latinoamericana no crece, hay que ver como un todo la obra de su vida literaria. Cómo los círculos o anillos de crecimiento de un árbol, la obra completa, su edición, nos da un corte transversal, pensando en la necesidad del lector, de los distintos lectores: el común y corriente, quien desea leer la obra al ritmo en que fue escrita; el lector erudito, quien desea la edición crítica de los textos, definitiva; y el lector saltimbanqui, quien salta de un libro a otro, hoy un cuento, mañana una novela (un capítulo o la novela entera, dos o tres días) y vuelve a un artículo que leyó hace años por vez primera en la prensa.

El libro infantil que le leyeron sus padres recuerda, o le lee el a sus hijos o alumnos. Recordar con ese texto que se leyó en un viaje… o en otra casa, otro cuarto, otro tiempo. Todas esas posibilidades de la obra completa como camino de senderos que se bifurcan… en tres tomos: cuentos y novelas, poesía, ensayos y artículos.

Al final es un homenaje a sus lectores. A nosotros los lectores de Laura Antillano.

 

Laura, una cajita de cocuyos

Jesús Puerta (periodista, docente y escritor)

Yo no recuerdo exactamente cuándo la conocí. Pero participé en los talleres de narrativa y siempre le hacía observaciones a los finales de mis cuentos. Me cayeron bien esos talleres porque venía con mucha sed de literatura de una profesión de periodista suspendida porque me botaron de Notitarde por estar organizando un sindicato. Tuve suerte y puede hacer la maestría en la USB. Por esa época conocí a Laura, una buena guía. Compartimos muchas confidencias, como hermanos, como familia.

Fui tutor de una tesis sobre «Solitaria solidaria» y me leí esa novela mil veces para ayudar a la tesista. Yo iba con el dialoguismo de Bajtin, pero la chica al final hizo lo que le dio la gana. De todos modos salió bien.

 

Laura en el auditorio-Jesús Puerta-Orimar
Foto Joan Planas.

 

Cajita de cocuyos (canción de JP para Laura)

Quisiera haberte conocido

Cuando viejo cuando niño

Cuando loco cuando cuerdo

Pero me acuerdo

Y me hago pensar mejor

Conocerte hoy es un sol.

Que desde que soy tu amigo

Tengo al lobo de enemigo

Y de aliadas las ovejas

La miel me aqueja

Pero aún hay algo peor

De pronto tengo candor.

Mi cajita de cocuyos

Al abrirte van en grupo

A poblar la noche estrellas

Y aún más bellas

Se me quedan en la caja

Las sonrisas cuál migajas.

Que uno no sabe qué tiene

Hasta que eso se le pierde

Al cruzar alguna esquina

Salen espinas

Por eso este verso es tuyo

Mi cajita de cocuyos.

 

Leyendo y dibujando para recibir a la escritora en el salón

Johanna Vegas (docente, promotora de lectura)

Mi relación con Laura, con la literatura, con el gusto por todo lo que se disfruta y se aprende con ella, se inició como madres de Juan y de Julia respectivamente.

A partir de los hijos esta relación fue creciendo a medida que pasaba el tiempo. Participé con ella en unos 12 o 13 de los Encuentros de Literatura Infantil Participé en ese momento como maestra de aula de niños de primer grado, de tercer grado y de sexto grado en colegios de Fe y Alegría.

Foto Luis Alberto Angulo.

Y aplicaba una estrategia maravillosa aprendida con Laura, que era precisamente leer los cuentos o las novelas de autores que vendrían al Encuentro, una lectura previa con los chamos en el salón, en la que ellos ilustraban cómo se imaginaban esos personajes que estábamos leyendo en la historia para que luego la autora llegara a nuestro salón y compartiera la experiencia con los muchachos. Para mí como adulta me pareció increíble y siempre me ha parecido que es una manera maravillosa de promover la lectura en los niños.

Recuerdo en especial a Carolina Rodríguez y su libro “Por un pelo”, que fue premiado en el  III Concurso para Obras de Autores Inéditos 2005, que promovió Monte Ávila Editores. También recuerdo a la escritora cubana Teresa Cárdenas, autora de un libro maravilloso, “Tatanene cimarrón”, y quien encantaba a niños y grandes con su palabra y su histrionismo afrodescendiente. Esa experiencia con los escritores visitando a los niños en sus escuelas fue una de las tantas excelentes ideas de Laura.

 

Una clase puede ser muchas cosas más

María Consuelo Bianchi (docente y poeta)

Conocí a la escritora Laura Antillano hace más de cuarenta años. No siempre se establece una amistad así, por tanto tiempo. El bien merecido homenaje a la escritora y amiga ha removido muchos recuerdos.

Es que esta amistad ha transitado por varios estadios de su vida y la mía. La conocí cuando yo tenía 20 años, en una presentación musical bien importante. Vino a Valencia Pablo Milanés, Soledad Bravo y Silvio Rodríguez. En medio del bullicio y la alegría, Laura con su voz pausada, suave, tan baja que llamó mi atención.

Después  el tiempo y sus casualidades. Fue mi profesora de Literatura Venezolana. En aula, no solo tuve una docente excelente, tuve una amiga y una gran promotora cultural. Laura nos enseñó que una clase puede ser muchas cosas más que el cumplimiento de un contenido del programa.

De su mano, en cada clase, conocimos  poetas, dramaturgos, narradores. Con ella, asistimos al cine, al teatro, a diversas actividades culturales que complementaron sus clases, al tiempo que se abría el mundo de la literatura, del arte a nuestros ojos. Después, fuimos compañeras de trabajo, aunque confieso que siempre me sentí su alumna. En ese espacio, además de actividades literarias, compartimos la amistad y el afecto de una gran persona: la profesora Luisa Plá de Sánchez, a quien rindió después un homenaje póstumo y fui invitada. De su creación literaria, recuerdo con cariño su explicación sobre cómo escribió «La luna no es pan de horno» y después, mucho tiempo después, cómo fue la investigación y el desarrollo de «Las aguas tenían reflejos de plata”, texto que me sirvió en mi tesis doctoral para desarrollar un aspecto sobre la nueva novela histórica en nuestro país. Ya antes, en el marco de la postmodernidad había realizado un artículo sobre “Perfume de Gardenia”.

Como valor agregado a todo esto, fuimos vecinas y nuestros hijos compartieron juntos. Sergio Luis, su hijo, sigue siendo amigo de mis hijos. Julia, su hija, compartió tanto con mis hijos mayores como con el más cercano en edad. Toda una vida en mis recuerdos y en mi corazón, el mismo afecto. El agradecimiento de poder compartir tantas cosas juntas. El agradecimiento de poder compartir este significativo homenaje que hoy nos reúne.

 

Ser reprobado por Laura y aprender aún más

Christian Farías (docente y poeta)

Christian Farías 2

Laura fue mi profesora en la Universidad de Carabobo cuando yo comencé mis estudios en Literatura, y por problemas que yo tenía en ese momento no pude realizar un buen trabajo, uno que ella asigno para la evaluación final de Seminario, y entonces me colocó una nota por debajo de diez… yo recuerdo mucho eso porque Laura me dijo: “No, Christian, tienes que mejorar esto y hacerlo de una manera más nutrida…”, luego me hizo las observaciones de por qué no podía aprobar ese trabajo, y yo acepté con humildad.

Me tocó repetir la materia y entonces esa vez sí me aprobó y me felicitó, creo que me puso 19, tengo esa experiencia con ella siendo su alumno, siendo ella mi docente, esa fue una gran lección para mí.

 

«¿Cuándo vas a publicar?»

Carolina Marín Guevara (escritora y actriz)

Cuando llegué a vivir en Valencia, una de las primeras cosas en las que pensaba era en conocer a Laura Antillano. Luego de haber leído Perfume de gardenia, La luna no es pan de horno, Solitaria solidaria, crónicas y artículos, tantos cuentos y poemas que me hicieron vivir una verdadera aventura en el alma.

La llamé, ella contestó con un hilo de voz dulce para disculparse, pues en ese momento no podía dictar los talleres en La letra voladora.

Años más tarde, formé parte de la corresponsalía en la fuente cultural del Diario Últimas Noticias y fue la oportunidad para volverla a contactar y pautar una entrevista.

Recuerdo esa tarde, precisa y plena, una conversación profunda, divertida, Laura se presentó con una montaña de sus libros a la cita, y en algún momento me dijo, elige dos. Y allí estaba yo sin poder decidirme. Se hizo de noche y me invitó a su casa a seguir la entrevista que ya se había convertido en un encuentro de amigas.

Mientras pensaba que para esa entrevista el editor tendría que darme dos páginas enfrentadas, y además en esa ocasión, también le hice las fotos, defendí ese espacio de papel. A partir de ese momento, cada sábado, fue un ritual ir al encuentro en La letra voladora, escucharla, apreciar sus alas desplegadas en cada página compartida, en las lecturas de ejercicios literarios, hurgar en sus bibliotecas por tesoros, fotos, historias, obras de arte, vidas.

Han pasado varios años, hemos enlazado momentos, confesiones, cultivado el gusto por las largas conversas y risas.

Un día me dijo, ¿cuándo vas a publicar? Esa pregunta fue un empujón, un compromiso, un despertar. Sin dudarlo, escribió la presentación para Lúdico, mi primer libro de cuentos y relatos.

Laura es generosa, es savia que impulsa la cosecha. Inquieta y curiosa insaciable, inspiradora, siempre amiga.

Es una fortuna haber cruzado mi camino en su andar, ser parte de la Letra voladora, de donde además, conservo hermosas amistades.

Le agradezco a Laura su apoyo, impulso y cariño, su valor y honestidad, su palabra, cada aguda palabra, tesoro invaluable.

 

Mis cinco estaciones con Laura

Luis Cedeño (docente, cuentero y cuentacuentos)

Luis Cedeño
Foto Luis Alberto Angulo.

Laura Antillano merece ser recordada. La tengo en mi memoria y me es fácil nombrarla. La llevo en la mano, es liviana de peso, me da por los hombros y no soy alto. Su pelo largo y negro. Los zapatos de Laura deben ser de 36 puntos de zapatería. Yo había oído su nombre, la cargue tiempo en puro oído, hasta que la vi en la plaza Bolívar de Valencia, andaba con un niño. La nombré y se detuvo, volteo para atenderme: «Hola». Sonreímos y no dijimos nada. La plaza Bolívar de Valencia fue la primera estación de un camino que incluyo cinco importantes espacios para oírnos y decirnos. La segunda estación fue la universidad de Carabobo: todos los días Laura, su risa, su voz. La tercera estación se llamó “La Palmera Luminosa”, nombre de un programa de radio en la voz universitaria. Allí se puso al aire el poema, el cuento, la novela, desde ahí sonaron voces de la oralidad. La cuarta estación de la ruta vibrante fue La Letra Voladora, de donde salió mi libro Gatero y yo. La quinta estación promotora de lecturas, autores, libros, videos y conversatorios fue el seminario de literatura infantil. Continuamos en esta ruta de vida. La siento en casa.

 

Laura toma la palabra

Laura Antillano estuvo escuchando con paciencia y regocijo todos estos variopintos puntos de vista sobre ella y el rastro amable de su quehacer docente y de su hacer literario en tanta gente, que también se había hecho su amiga por ese mismo reconocimiento y complicidad que permiten los libros, bien por leerlos, bien por escribirlos, y sobre todo por compartirlos, por legarlos a otros y a otras con entusiasmo desde su niñez.

 

Ramón Núñez-Laura Antillano-MUVA
Foto José Antonio Rosales.

 

Entonces se animó también Laura a dar su parecer tras dejarse conducir emocionada y sonriente al escenario:

 

¿Qué les puedo decir?… algo que signifique muchas gracias. Ustedes cuando relatan anécdotas, circunstancias, situaciones con relación a mí, no se dan cuenta de que, para mí, es la relación con ustedes lo más importante, y todos son mis amigos, los que han estado aquí, los que han hablado, los que han contado sus circunstancias… y yo termino esta jornada con una gran alegría por los amigos que tengo, que son maravillosos, y estoy muy contenta de haber vivido aquí todos estos años… yo no soy de aquí, yo nací en Caracas y viví en Maracaibo buena parte de mi vida, hasta que llegué aquí a trabajar como profesora, y cuando me jubilé me iba a regresar y decidí quedarme, por eso estoy aquí todavía… y muchos de ustedes fueron mis alumnos, otros fueron colegas profesores, otros fueron gente que conocí de distintas maneras, pero es maravilloso y es un verdadero regalo una cosa como esta que acaba de pasar aquí esta tarde… ¡Me siento muy feliz por eso, a todos, todos, sus anécdotas, sus circunstancias, sus emociones expresadas aquí, muchísimas gracias, para mí ha sido el mejor regalo que he recibido en mi vida hasta ahora!

 

En medio de todas estas muestras de afecto hacia Laura, siempre se estuvo moviendo su hijo Sergio Gómez Antillano, quien es cineasta, y quien se ocupa actualmente de desarrollar un gran documental sobre la vida y obra de su madre, del cual nos presentó a todos un abreboca de cinco minutos, al inicio del homenaje, donde Laura desfila en muchas etapas de su vida y con muchas compañías sorprendentes, y siempre con los libros y el arte a su alrededor en sus múltiples manifestaciones.

 

Foto Luis Alberto Angulo.

 

Y al final de las palabras de Laura, Sergio llamó a todos los asistentes a este sentido encuentro para una gran foto grupal con la profesora, la maestra, la amiga solidaria, una gran foto que desde ya pasa a engrosar ese variopinto album que siempre pudimos admirar allá en su casa de La Letra Voladora, y donde tantos de nosotros nos reconocimos cualquier día con emoción; una gran foto que de alguna manera estará también allá en cualquier pared, en cualquier estante de esa casa ya mítica y llena de arte.

 

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Ciudad Valencia/Ramón Núñez/Foto principal José Antonio Rosales