Un dibujo o un grabado del artista plástico carabobeño Rafael Campos (1950-2026) tienen varios elementos que les imprimen un sello particular.

Como el sello personal de los dibujantes orientales, aquí la «impronta» es la obra toda*: el tiempo es el actual (o el entonces actual y ahora recurrente…), en conciliábulo de intereses: políticos burócratas, empresarios, militares, mujeres objeto (misses), que representan a sus pares; son tipos weberianos en una escenografía marxista.

Posan para una cámara (sin saber que posan para el dibujante desacralizador). Entonces era el tiempo del capital monopólico, del imperialismo fase superior, propio de los setenta-ochenta… y el espacio era el tercer mundo, es decir, América Latina.

 

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Algunos personajes son humanos o humanoides metamorfoseados en animales depredadores: felinos o aves de rapiña, quimeras, esfinges de nuestro tiempo. La figuración estricta en la forma se contradice con los seres fantásticos y el contenido ideológico, de denuncia o de combate.

El detalle visual y la destreza manual son una victoria sobre leves discapacidades visuales y motoras del artista. Ese primer triunfo íntimo y personal abre camino a la lucha colectiva, a la militancia social y su mensaje. Ese es el segundo triunfo grupal, y le sigue el de las formas artísticas.

Veíamos en la obra toda el sello de Campos, cómo su obra partía de su realidad personal, de su militancia, de sus viajes de formación (plástica, política) a Cuba, al París del boom y del realismo mágico… ese origen propio escapa de cualquier realismo socialista panfletario o arte comprometido exterior, asimismo le aparta del surrealismo trasnochado.

El comprometido era el artista, y su obra solo el reflejo de su compromiso personal: no era propaganda. Desde sus inicios en la Escuela de Arte Arturo Michelena, en su Valencia natal, buscaba persuadir y no convencer, cómplice de la libertad del otro. Era Rafael campos y su circunstancia.

Esperábamos verlo en los salones, pues no era artista de galerías ni de colecciones. En diferentes muestras del Salón Michelena encontrábamos sus trabajos, que en la sección de dibujos llamaban la atención por la permanencia de su estilo en el tiempo: inicialmente adelantados, luego de actualidad y finalmente anacrónicos.

Pero los tiempos cambian y regresan. Y frente al neo-imperialismo norteamericano, en «nuestra tierra rara de gracia», los dibujos de Campos vuelven a ser necesarios.

Rafael Campos ya no está con nosotros, ahora cuando más lo necesitamos.

 

*Título de la obra de Rafael Campos que ilustra este artículo: «Berrueko’s o muérete que chao», (1983).

 

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Pedro Téllez-psiquiatra-escritor

Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.

Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).

 

Ciudad Valencia/RN