Tras los estragos del doblete sísmico del pasado 24 de junio en Caracas y La Guaira, el Grupo de Rescate Carabobo se activó para ir a prestar el apoyo urgente a la gran cantidad de víctimas de un fenómeno natural que, dada su magnitud y poder destructivo, solo puede compararse en Venezuela a los estragos del terremoto de 1812, que según los expertos implicó la acción de un «triplete sísmico».
La corresponsal del Diario Ciudad Valencia en el municipio Puerto Cabello, Vanileiby Rivas, tuvo oportunidad de entrevistar a uno de los integrantes de este equipo de rescatistas carabobeños, el especialista en estructuras colapsadas Eliesser Cruiz, quien se encuentra desde el día jueves 25 de junio junto a otros compañeros de la primera avanzada del grupo de voluntarios de Carabobo, la cual arribó a la zona de Caraballeda en el estado La Guaira.
Cruiz, quien integra este grupo de expertos en salvamento desde hace 30 años, llegó a la llamada «zona cero» del desastre para colaborar, entre otras posibles misiones, en el rescate en estructuras colapsadas, en el rescate vertical, en el rescate aéreo, en operaciones heli-transportadas, así como también prestando auxilios médicos de emergencia.

Una preparación mental y espiritual
Vanileiby Rivas: Cuando decidiste convertirte en rescatista, sabías que te enfrentarías a situaciones límite. Pero, a nivel personal, ¿cómo te preparas mental y espiritualmente antes de entrar a una zona de desastre como la de este terremoto?
Eliesser Cruiz: Cuando decidí convertirme en rescatista… es una historia muy particular. Fue por un anuncio que vi pegado en un transporte público. Yo llevaba años haciendo excursiones a la montaña, caminando y acampando; pero no fue sino hasta el año 1996 cuando hice el curso básico. Me gradué en el año 1997 y en ese momento lo veía como un hobby. Nunca lo vi tan serio y tan profesional como lo veo ahora.
VR: ¿Qué fue lo primero que pensaste o sentiste cuando llegaste al lugar y viste la magnitud de la situación con tus propios ojos?

EC: Cuando íbamos en camino al estado La Guaira, sentía mucha incertidumbre. Lo primero que hice fue estabilizarme emocionalmente, dándome esa estabilidad propia, y me dije: «Bueno, Eliezer, aquí vamos». Cuando llegué, si te soy sincero, lo que sentí fue miedo. Me pregunté a qué me estaba enfrentando, pero ese miedo se convirtió en fortaleza.
VC: En medio del caos, la comunicación suele ir más allá de las palabras. ¿Cómo lograbas transmitir calma y esperanza a una persona que estaba atrapada y asustada antes de poder sacarla?
EC: Durante la ejecución tanto de los rescates como en la entrevista con las personas que estaban afuera —familiares y allegados a los que llegamos a auxiliar— lo primero que hice fue estabilizarme para buscar las palabras correctas y transmitirles paz y tranquilidad. Claro, eso lo he aprendido en tantos años de entrenamiento constante, donde he internalizado lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer en cada caso.
VR: A menudo vemos a los rescatistas como héroes solitarios, pero la realidad es que es un esfuerzo colectivo. ¿Cómo se sostuvo el equipo mutuamente en los momentos de mayor agotamiento físico y emocional?
EC: Sí, muchos nos ven a nosotros, los rescatistas, como héroes. Sin embargo, yo, Eliesser, en lo personal pienso que somos seres humanos que siempre vamos a pensar en el prójimo y a buscar ayudarlos cuando estén en situaciones adversas. Me veo como un ser humano en la misión de ayudar a otro ser humano, a otro ser vivo, a que esté bien.
VR: Dicen que cuando se encuentra a alguien con vida, el tiempo se detiene. ¿Podrías describirnos qué se siente en el campamento en ese instante exacto en que se grita «¡Silencio, encontramos a alguien!»?
EC: Cuando tenemos la certidumbre, la certeza o la posibilidad de que haya alguien con vida en una edificación, es un momento clave donde lo más importante es el silencio, observar y estar atento. Se hacen los llamados cada cierto intervalo de tiempo. Si tenemos el nombre de la persona o de las personas que posiblemente estén allí, se les llama por su nombre; o si no, hacemos el llamado de alerta haciendo preguntas: «¿Quién está ahí?». Esperamos un tiempo prudencial a ver si hay alguna respuesta, y continuamos avanzando; seguimos hasta que los encontremos.
VR: Si pudieras compartir la historia de un rescate en particular que te haya marcado para siempre, ¿cómo fue ese instante en el que esa persona volvió a ver la luz del sol?

EC: Hay momentos que marcan nuestra vida durante los eventos. Muchas personas me preguntaban si había visto o encontrado personas sin vida, y pudiera decir que son muchas o que son pocas, pero no lo sé. Lo que sí sé es cuántas hemos rescatado; eso sí lo respondo con claridad. Sí, hay muchas personas, frases y momentos que marcan la vida del rescatista, y eso no se borra, eso queda para siempre.
VR: Para ti, después de ver tanta destrucción, ¿qué significa hoy la palabra «vida»?
EC: ¡Guau! Hoy en día, ¿qué significa la palabra vida para mí? Creo que es uno de los regalos más grandes que tenemos como seres humanos; algo que debemos apreciar, valorar, decirle a las personas que las amamos, que las queremos. Si tienes que abrazar, ¡abraza!; llama, está ahí, da los buenos días, sé agradecido. Tienes que ser empático, tienes que ser persona, tienes que ser humano… ¡Tenemos que ser cada día más humanos!
VR: Cuando los ecos de las sirenas se apagan y regresas a la tranquilidad de tu hogar, ¿cómo se procesa todo lo vivido? ¿Cómo dejas atrás el modo «emergencia» para volver a ser el hijo, padre o amigo de siempre?
EC: Cuando se callan las sirenas, cuando pasa el caos y regresas a casa, creo que es un momento de transición, de paz y tranquilidad por haber cumplido la misión de ayudar y hacer las cosas bien.
VR: Muchos dicen que los rescatistas salvan vidas, pero a veces las vidas que salvan también los transforman a ustedes. ¿En qué cambió tu forma de ver el mundo después de esta experiencia?
EC: Sí, muchas personas dicen que nosotros salvamos vidas, pero la mayoría de las veces ellos son quienes nos salvan a nosotros de muchas situaciones, de momentos de desesperación. En el caso de nosotros los voluntarios, se dice que aquí es donde drenamos ese día a día, esa rutina, lo cotidiano. Y sí, nuestros rescates, el lograr regresar a ese hermano, a ese padre, a esa madre, el regresar a ese hijo a su familia… eso nos llena de regocijo y nos hace felices.

VR: Si pudieras enviarle un mensaje a todas esas personas que hoy se sienten vulnerables o que han perdido la fe en la humanidad tras una catástrofe, ¿qué les dirías desde tu experiencia en primera línea?
EC: El mensaje que le puedo dar a las personas es: sigan adelante, sigan amando, queriendo, sigan estando unidos. Sigamos construyendo un mundo mejor. Y te pudiese decir nuestra frase: «Para que otros vivan». Para eso estamos acá, eso es lo que debemos hacer como seres humanos, como personas: seguir adelante ayudando sin importar lo material. Lo material va y viene, pero los momentos, los recuerdos y la vida, no. Por eso debemos ser buenas personas, ayudar tanto en el caos como en los momentos no tan buenos. En estos últimos, debemos ser siempre buenas personas y ayudar todo cuanto se pueda.
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Ciudad Valencia/Vanileiby Rivas/RN










