La educación popular constituye el proyecto fundamental de Simón Rodríguez. Para él, sin ella no es posible ni establecer verdaderas Repúblicas ni pensar en ciudadanos que las sostengan. Ella es la clave del progreso social. Exige una acción y financiación del Estado dirigidas a compensar la injusticia general que afecta a los más pobres, a los indios y a los negros.

La noción de República y de Ciudadanía en nuestras sociedades americanas es equivalente a la de justicia social. Esta última exige una educación general que permita el conocimiento, el desarrollo de la moral, del pensamiento, de la aptitud para el trabajo y para adquirir y desarrollar la propiedad entre los más desvalidos.

Este es un proyecto que empieza desde la infancia y choca con la resistencia de terratenientes y clérigos. Estas ideas pedagógicas constituyen el cimiento de una educación laica, popular y de masas que se inscribirá en el imaginario político de Nuestra América.

Andrés Bello, hijo del Neoclasicismo, del Enciclopedismo y del Romanticismo, también concebirá la educación como el instrumento fundamental y la clave para el progreso social. Dentro de su labor pedagógica se inscribe su oficio docente formal, su quehacer de polígrafo y publicista (orientación bibliográfica, crítica literaria y de teatro, difusión de novedades científicas), su labor de formación de la elite intelectual chilena entre las nuevas generaciones.

 

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Por ello, hay quien no ha dudado en afirmar: “Dos obras destacan en su existencia: la Gramática y su Universidad”… Mientras Rodríguez deambula en su eterno naufragio, comenzando cada vez de nuevo con su escuela, Bello funda la Universidad de Chile y en ella permanece como Rector hasta su muerte y más allá, hasta que finalmente le consiguieron sucesor.

Afirma Mario Molins Pera: “A diferencia de Simón Rodríguez, quien centró sus planteamientos a la escuela primaria (sic), Simón Bolívar se ocupó de todos los niveles y modalidades de la educación”. En forma semejante podemos afirmar que si a Simón Rodríguez se le fue la vida intentando desarrollar su proyecto de escuela (hoy diríamos “básica”), Andrés Bello levantó un monumento fundamental con la Universidad de Chile, la cual dirigirá tiempo después de su muerte.

 

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Juan Medina Figueredo

Juan Medina Figueredo (Aragua de Barcelona, 1947): Polígrafo de raza, ha incursionado en la poesía, el ensayo literario y el análisis socio-político. Su rebeldía política y cultural no es panfletaria sino solidaria, al punto de estar bien aliñada por su bondadosa personalidad. No se le puede reclamar nada, pues sus convicciones ideológicas y su quehacer escritural apuntan a una conciencia ética y espiritual inconmovible.

Entre sus libros contamos “Reverberaciones” (1995, poesía); los ensayos “La Terredad de Orfeo” (dedicada al poeta Montejo) y el libro comuna que es “Siglo XXI, educación y revolución” (2010) con su estructura en redes que comunica la crónica y el ensayo; el volumen de cuentos “La Visita del Ángel” (2010) y la novela “Por un leve temblor” (2014). Con estos dos últimos ganó el premio de narrativa de Fundarte y una mención de publicación del mismo sello editorial, respectivamente. Que nosotros sepamos, caso único en este certamen literario.

Su poesía ha sido publicada en dos colecciones poéticas importantes como “El Corazón de Venezuela. Patria y Poesía” y “Rostro y Poesía” de la Universidad de Carabobo. Su periplo literario apuesta por un decir directo y no mediatizado por los discursos académicos autorizados. (Reseña de José Carlos de Nóbrega)

 

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