La relación entre las festividades tradicionales y los fenómenos naturales siempre ha despertado intensos debates teológicos en América Latina. Recientemente, la Fiesta de San Juan y el doble terremoto se han convertido en el epicentro de una encendida polémica entre la comunidad católica, sectores del pueblo evangélico y las cofradías sanjuaneras, reviviendo viejas tensiones sobre la fe, el sincretismo cultural y el concepto del juicio divino.
Mientras los católicos y cultores defienden la celebración como una expresión legítima de identidad y devoción popular, amplios sectores evangélicos la catalogan como una práctica contraria a las escrituras.
El origen de la disputa teológica
Para la Iglesia Católica, las fiestas en honor a San Juan Bautista combinan la fe cristiana con ricas tradiciones herederas del mestizaje. Sin embargo, la perspectiva evangélica es radicalmente opuesta. Basándose en una interpretación estricta de la Biblia, considera que el trasfondo sincrético de estos festejos constituye un acto de idolatría.
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La controversia escaló a un nivel crítico cuando algunos líderes pastorales sugirieron que los recientes movimientos telúricos en la región no eran simples eventos geológicos. Según esta postura, la Fiesta de San Juan y el doble terremoto guardan una preocupante relación de causa y efecto, interpretando el sismo como una manifestación de la ira divina o una advertencia espiritual ante los excesos cometidos durante la festividad.
«Nuestro tambor es oración, no pecado»: Hablan los sanjuaneros
Ante estos señalamientos, los devotos y miembros de las cofradías de San Juan Bautista no se han quedado en silencio. Para los sanjuaneros, vincular su festividad con un desastre natural representa un profundo desconocimiento de sus raíces afrodescendientes y una falta de respeto a su fe ancestral.
«Tocar el tambor, ondear las banderas y cantarle al santo no hace temblar la tierra por castigo, la hace vibrar de alegría y resistencia», señalan portavoces de la tradición cultural.
Los cultores argumentan que esta celebración es una forma histórica de dar gracias por las cosechas, celebrar la libertad y mantener vivo el patrimonio. Rechazan categóricamente ser utilizados como el chivo expiatorio de un evento sismológico, desestimando la visión apocalíptica que intentan imponer algunos sectores conservadores.
Respuestas y convivencia
Los defensores de la ciencia y la sociología respaldan a los sanjuaneros, tachando estas acusaciones de fanatismo desinformado que instrumentaliza el miedo colectivo. Culpar a la cultura popular de desastres naturales carece de base empírica y solo promueve la división.
En conclusión, la tensión en torno a la Fiesta de San Juan y el doble terremoto refleja una profunda brecha en la forma de entender la espiritualidad y la cultura. Más allá de las diferencias doctrinales, el verdadero desafío radica en proteger el patrimonio frente a la intolerancia religiosa.
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Ciudad Valencia/Esteban Rodríguez/RM
Foto: Alba Ciudad













