75 años de resistencia y lucha contra la colonización
del Estado Neocolonial Federal de Estados Unidos.
El pueblo de Borinquén, tal como lo dijo el General Simón Bolívar, se encontraba como Cuba más allá del territorio continental, eso aislaba un tanto los esfuerzos de los ejércitos libertadores, la estrategia de liberación se mantuvo presente en la Carta de Jamaica y en la agenda del Congreso Anfictiónico de Panamá, enfrentado a la doctrina Monroe (1823) en su estrategia de dominio continental: “América para los americanos”.
Esa era la interpretación particular para la nueva garra de poder imperial, todavía el concepto de geopolítica no se mostraba en las estrategias territoriales, en consecuencia, la doctrina Monroe sirvió como instrumento de expansión, invasión, intervención y nuevo colonialismo, y como dique de contención a los intereses europeos.
La guerra Estados Unidos (EEUU)-España, en 1898, dio como resultado un nuevo proceso de intervención colonial en Cuba y en Puerto Rico, siguiendo la agenda siniestra del destino manifiesto, convirtiendo a estas dos islas en una suerte de repúblicas azucareras; ya en el transcurso de las primeras décadas del siglo XX en Puerto Rico se imponía la Sugar Refinig Company, que actuaba como monopolio de la industria del azúcar.
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Países como Nicaragua, Honduras y Guatemala se convirtieron en “Repúblicas Bananeras”; el monopolio lo tenía la United Fruit Company en Centroamérica, Colombia y el Caribe como centro de producción de azúcar, tal era la lógica económica mono-productora de la producción y progreso que vendían “los iluminados por el destino manifiesto”.
A inicios de 1950 encontramos un mundo donde el archipiélago borinqueño se llenaba de instalaciones y bases militares estadounidenses, tanto en Vieques como en isla Culebra, expropiaciones, abusos y discriminación racial, así que la declaración del gobierno federal de otorgar ciudadanía a los puertorriqueños, en 1917, no dejaba de ser un discurso demagógico.
El gobierno pro-yanqui de Luis Muñoz Marín promulgaba la inmigración al norte, sumado a un mayor ingreso de tropas de EEUU. Las fuerzas nacionalistas y el movimiento insurgente, a través del Partido Nacionalista de Puerto Rico, estaba dirigido por Pedro Albizu Campos, Álvaro Rivera Walker, Juan Antonio Corretier y Tomas López de Victorio, entre otros destacados dirigentes.
En el lapso entre 1948 y mediados de 1950, el objetivo del gobierno de Harry Truman por controlar totalmente el futuro político de Puerto Rico, negando el derecho a la independencia, fue la firma de una ley presentada ante el Senado de Puerto Rico, presidido por Luis Muñoz Marín, representante del Partido Popular Democrático (PPD). Este proyecto de Ley se conoció como Ley Mordaza (Ley 53 de 1948).
Entre otras atrocidades, la ley establecía que era delito y subversión imprimir, publicar y exhibir cualquier material de contenido contra la política de EEUU, no se podían vocear canciones patrióticas, ni tampoco el himno nacional, ni izar la bandera en lugares públicos, cualquier incumplimiento suponía 10 años de prisión.
En este orden de acontecimientos, en julio de 1950, el presidente Truman promulgó la ley de Relaciones Federales de Puerto Rico, la cual autorizaba un nuevo estatus, el de “Estado Libre Asociado”. Por supuesto que EEUU seguía controlando finanzas, la seguridad, la Guardia Nacional Federal y las aduanas. En resumen continuaba el colonialismo, bajo el silencio de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos.
La revuelta, insurrección e insurgencia del Partido Nacionalista Puertorriqueño y de los trabajadores eran necesarias para rechazar tal política de injerencia; lo medular de aquel 30 de octubre de 1950 es que los nacionalistas gritaron ante el mundo la justeza de un Puerto Rico Libre y soberano a través de un levantamiento armado, que simbólicamente fue una revolución y conmoción política en resistencia contra el imperialismo.
Los levantamientos ocurrieron en Peñuelas, Naranjito, Ponce, Mayagüez y Arecibo. Los combates más fuertes fueron en Utuado y Jayuya, donde la libertaria Blanca Canales iza la bandera y lanza el grito de independencia.
Por deficiencias de planificación y coordinación, la insurrección fue derrotada, el ejército EEUU, la aviación y la Guardia Nacional Federal reprimieron y exterminaron a los grupos de resistencia, medio centenar de muertos y otros tantos de heridos sellaron esta gesta de soberanía.
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El poeta, periodista y luchador puertorriqueño Juan Antonio Corretjer manifestó: “La revolución de octubre fue un acto de sacrificio deliberado, premeditado y resuelto en el secreto de una conciencia política de demostrar al mundo que Puerto Rico es una Nación Viva.”
La soberanía y la independencia, sin ningún tipo de tutelaje administrativo o militar, sigue siendo un objetivo nacional puertorriqueño de los patriotas y fuerzas políticas, cuya identidad principal es el derecho a la autodeterminación como nación caribeña vinculada a América Latina, no olvidando que la gesta del 30 de octubre de 1950, fue una denuncia contundente contra el colonialismo norteamericano en el escenario político internacional, la cual permitió a los sectores independentistas vacilantes asumir una posición más militante y critica.
El colonialismo y las invasiones son un crimen contra la humanidad, para nosotros Puerto Rico forma parte de la Gran Patria que es América y su ideario bolivariano.
Por qué no se llevan sus aviones
Por qué no se llevan sus cañones
Por qué no se llevan sus matones
Y se van de aquí, y se van de aquí.
Fuera, Yankee, go home, fuera, yankee.
Canción de Daniel Santos (1957).
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José Ramón Rodríguez (Entre Luces y Sombras)
Ciudad Valencia / RN













