Se suele asociar, irreflexivamente, el neoliberalismo capitalista con el progreso económico, el desarrollo de la tecnología, la mejoría en los indicadores sociales y de vida, así como la emancipación de la voluntad de consciencia y la libertad del individuo humano. Y ello está en gran medida justificado, y las ciencias económicas y filosóficas cuentan con suficiente respaldo teórico y experiencial para corroborar que, en efecto, relativamente es así.
No obstante, a pesar de lo jugosas que lleguen a sonar las propuestas de dicha corriente de pensamiento y de acción, la misma contiene (sobre todo en la práctica) oscuros matices de los que vale la pena advertir a los lectores, extraídos sobre todo de una cultura de los oficios político y económico basada en la obtención de capital por sobre todas las cosas y a cualquier costo, que conlleva necesariamente a la explotación sin piedad del hombre por el hombre (Homo homini lupus).
Tal explotación del tiempo y las fuerzas físicas de los individuos, se ve reflejada y permea todos los niveles de la existencia en los países que aplican a sus anchas esta receta: en una cultura donde se castiga la libertad en beneficio del trabajo esclavo (jornadas laborales de 8 a 12 horas en entornos nocivos para la salud psicológica, agregando a ello las carencias en derechos laborales y que el trabajo obrero ocupa a la mayoría de la población), salarios incapaces de cubrir las necesidades materiales, sistemas de gobierno represivos ligados a férreas estructuras económicas que controlan el escenario detrás del telón, una filosofía de vida que coloca el valor del dinero por sobre el de la humanidad, y las consecuentes patologías psíquicas tan características de estos países (sociedades enfermas donde niños matan niños en las escuelas, se viola masivamente a menores de edad, hay pistoleros de mente frustrada en cada esquina listos para asesinar inocentes; y con tasas de depresión, psicosis, neurosis y suicidios que llegan a máximos históricos).
Pues bien, existen modelos económico-políticos que, en su intento (a veces acertado y a veces no tanto) de subsanar estas heridas, han sido creados y puestos en práctica por distintos Estados alrededor del mundo, sirviendo de ejemplo de que otras sociedades y culturas ajenas al capitalismo neoliberal son materialmente posibles. A continuación, ofrezco a los lectores una enumeración de algunos de ellos, habiéndome parecido interesantes como objetos de indagación y reflexión:
DEL MISMO AUTOR: A PROPÓSITO DE LOS DERECHOS HUMANOS
Socialdemocracia:
Un modelo surgido de avances históricos en materia de derechos en países capitalistas, y que ha servido como contención de esquemas más radicales y al mismo tiempo como reparación de daños ocasionados por el mercantilismo. Cuenta con intervención estatal, negociación colectiva, alta tributación para un Estado del bienestar y servicios públicos universales que, sin embargo, a veces no llegan a estar al alcance de todos.
Capitalismo de Estado:
Una desviación del socialismo a favor de la diferenciación de clases sociales, lo que permite la aparición de estratos humanos capitalistas, pero que trabajan o funcionan en base a las directrices de un Estado organizador. El gobierno dirige y planifica la economía, guiado por intereses nacionales, y las empresas son de naturaleza pública, privada o mixta.
Socialismo del siglo XXI:
Una superación y actualización del comunismo y socialismo del siglo XX, que rompe con el conservadurismo propio de estos y aboga por la implementación de elecciones universales, ensayado sobre todo en Latinoamérica. Rechaza el neoliberalismo descarnado y se centra en la participación civil o comunal, la tenencia de los medios de producción por parte del Estado y el alcance de beneficios sociales y de un estadio global del bienestar.
Socialismo con características chinas:
Un sistema político-económico endémico de China, que fusiona la búsqueda de competitividad y avance técnico del capitalismo y las propiedades distributivas del comunismo. Aquí las empresas son privadas, mixtas o públicas, pero se persigue la igualdad social y el beneficio accesible y pleno de todos los ciudadanos a derechos sociales y económicos. El Estado gobierna la economía y la estructura política del país, que está asentada en el dominio de un solo partido político, lo que permite la estabilidad del proyecto.
Estos modelos han tenido un éxito relativo (al igual que el capitalismo) y han logrado la consagración de sus objetivos estratégicos, ya sea por plazos breves o largos de tiempo. La mayoría se mantiene estable, pero fluctuando a través de crisis internas y períodos de brillantez.
Todos han cometido pecados propios del capitalismo y ninguno es perfecto, pero su fortaleza reside en la realización de alternativas a un sistema depredador, inhumano y cruel, el cual es el que actualmente gobierna al mundo.
Sea como fuere, sería interesante que los lectores terminen la tarea y exploren otros modelos alternativos al capitalismo neoliberal o profundicen en torno a los anteriores y brevísimamente expuestos.
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Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993, @alamohomsy) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico.
Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos La canción del trueno, presentado en la Filven Carabobo 2025.
A principios de 2026 dio a conocer, tanto en formato digital como físico, dos nuevas obras literarias: Los ángeles púrpuras (micro-relatos) y Las pasiones y los días (novela).
Ciudad Valencia/RN













