Inicio Columnas Sábado de Luis Alberto Angulo Por los amigos que han partido hace poco | Luis Alberto Angulo

Por los amigos que han partido hace poco | Luis Alberto Angulo

Amigos de mi afecto han fallecido recientemente por causas naturales: Lama Ole Nydahl, Alberto Peralta, Diana Labrador y Juan Oñate: Un maestro budista del Camino del Diamante. Un escritor y jurista. Una actriz. Un amigo de juventud.

Nydahl había nacido en Dinamarca, Peralta era mexicano de Puebla, Juan Oñate, de Valencia, la de Venezuela, y Diana Labrador, originaria de Mérida, dueña de tres Repúblicas: Venezuela, Maracaibo y el Teatro.

El más joven de ellos, Alberto Peralta, aparentemente, murió a consecuencia de un fulminante paro cardíaco en una calle de la ciudad de Puebla. Don Juan Matus dice en el libro de Carlos Castaneda (“Las enseñanzas de Don Juan”) que así mueren los guerreros, en la mera calle. Tal vez lo mataron, escribió un periodista mexicano, pues Alberto tenía peleas duras a favor de la mayoría por el problema del agua y el asunto de la basura en la ciudad de Puebla.

 

DEL MISMO AUTOR: POEMAS DE ISABEL RIVAS

 

Lama Ole murió en su casa, lo mismo que Diana Labrador. Juan Oñate murió en un hospital en Santiago, también enfermo como ellos. Una gran casualidad que partieran todos en una misma semana. Bueno, el único vínculo externo, aparentemente, tal vez era yo. No se conocieron, vivían en lugares distantes entre ellos; solo tenían algo en común: estaban vivos, la única condición para morir.

Tuve enorme afecto por ellos. Fueron magníficas personas, grandes e inolvidables amigos. Dejaron algo hermoso en su paso por esta vida que compartimos: mi recuerdo amoroso por ellos y por su gente querida. Los recordaré siempre con afecto. ¿Cómo saber que no nos toparemos a la vuelta de la esquina?

El Lama Ole era y es una figura muy conocida en la escuela del budismo tibetano del Camino del Diamante. Vino muchas veces a Venezuela. Asistí a charlas suyas en Caracas, Maracay, Valencia y especialmente en Pozo de Rosas, en Miranda, donde asistí a dos de sus meditaciones de Powa que nos preparan precisamente para el morir (después no hay tiempo).

Las enseñanzas del lama Ole me han permitido ver y asumir el sufrimiento humano de otra manera. El budismo es experiencial. Su tradición se remonta a unos quinientos años antes de la era cristiana y tiene una base teórica que comprende el cuerpo de las enseñanzas legadas por Shakyamuni, el Buda histórico.

Ole se hizo budista en la India a donde había ido con Hannah, su compañera, durante la década hippie. El Karmapa XVI, un tulku tibetano (maestro iluminado), los vio desde lejos y envió por ellos. Los esperaba, dijo, e inició a Ole y a Hannah en el Camino del Diamante.

 

 

Belinda

Anoche floreció

la flor de luna,

la flor del cactus

llamada

“Flor de Baile”,

a veces también

“Flor de Medianoche”.

 

Fue grande la floración.

 

Cinco antenas hacia el cielo

y piensas arrobado

en vivos y muertos,

 

en un verso del poeta

y solo en dos palabras:

blanca, Dios.

13/6/26

 

Lama Ole Nydahl-budistas 2

 

Ole

Ha muerto el Lama,

mi amigo y compañero;

no debo lamentarme:

su enseñanza es esa.

 

La muerte, simplemente, una vez más sucede

como otras tantas veces.

 

Por su promesa

de bodhisattva,

renacerá

en la Tierra Pura.

 

Coplas de Amanaú

La vida

La vida es una tragedia

que no se puede ocultar,

¿hay cosa que sea más seria

que dormir sin despertar?

 

El tiempo viene y se va

entre su cauce estrellado,

en el instante que está

brillamos más a su lado.

 

Los brujos renacen brujos

y los cristianos cristianos,

pero solo los budistas

renacen iluminados.

 

En la flor de pitahaya

hay un misterio escondido,

la vida breve que pasa

como recuerdo y olvido.

 

El río Santo Domingo

por Barinas va bajando,

el Apure es un destino

y el Orinoco soñando.

 

Apenas fue doctorado,

magíster en resistencia,

el pueblo venezolano

pacifica su violencia.

(El Paují, MMXXVI)

 

Acartonado

a Wiche Colina

 

En poesía, ¿qué significa «acartonado»? —pregunta

un artista del color

y de la forma.

 

¿Hay un arte

acartonado? Le contesto imaginando su respuesta

y respondo que eso tampoco existe en poesía.

 

Existen, tal vez, poetas y artistas acartonados,

pero eso es otra cosa.

 

La tiesura e impostura

del artificio los consume,

pero a veces una línea

es suficiente: el trazo del rayo iluminando la noche.

12/06/26

 

Escuela de Valencia

Cuando a inicios de los años ochenta conocí en Caracas al poeta Juan Sánchez Peláez, él me preguntó si pertenecía a la Escuela de Valencia.

Recuerdo que en un tiempo oí hablar también del Grupo de Valencia, integrado supuestamente por Teófilo Tortolero, Eugenio Montejo, J. M. Villarroel París, Alejandro Oliveros y Reynaldo Pérez Só; al que a veces se le añadían los nombres de Rafael Humberto Ramos Giugni, Gabriel De Santis y el de José Barroeta (Pepe).

 

J. M. Villarroel Paris-Eugenio Montejo-Reynaldo Pérez Só-Alejandro Oliveros-Teófilo Tortolero-revista Poesía-revista-laberinto-de-papel-pag-89-nº-4-2006 logo (1)

 

También llegó a asociarse al “grupo” a Rómulo Aranguibel, a Ana Enriqueta Terán y a Felipe Herrera Vial, aunque estos poetas pertenecían a generaciones muy anteriores a las de los años sesenta y setenta.

Los poetas del grupo de Valencia (‘60 y ’70 del siglo XX), vinculados a las publicaciones de la Universidad de Carabobo (UC), tuvieron una especialísima característica: cada uno de ellos rechazaba la existencia del grupo, pese a que en el país literario se hablase de este como tal y algún crítico lo señalara como el más importante de la década de los setenta. Esos poetas eran percibidos como grupo valenciano pese a los antagonismos radicales entre ellos mismos.

El antecedente real más cercano a esa matriz de opinión fue el grupo Azar reí, un verso de un francés, que crearon con una publicación y un manifiesto en la Escuela de Derecho de la Universidad de Carabobo los entonces bachilleres: José Miguel Villarroel París, José Teófilo Tortolero y Eugenio Montejo (Eugenio Hernández Álvarez).

En la idea de grupo que se conoció en aquel momento participó activamente Juan Sánchez Peláez, quien fue el primer director de publicaciones de esa institución cuando se reabrió en 1959. Su propósito, es evidente para mí, era establecer un referente literario y cultural.

Se debe anotar que la calidad alcanzada en las publicaciones universitarias de ese tiempo tuvo una gran repercusión no solo local o nacional. La UC arrancó con solo dos direcciones: Deporte y Publicaciones. La segunda devino en Dirección de Cultura, cuyo antecedente es la gestión de Sánchez Peláez, quien realizó un invaluable trabajo de relacionar a los poetas venezolanos con los del sur del continente. Juan Sánchez Peláez venía de participar en el grupo surrealista Mandrágora en los años cincuenta.

Es posible que exista una referencia anterior de la Escuela de Valencia. Luis Augusto Núñez, en Génesis de la Cultura en Carabobo, hace consideraciones en torno a este asunto de la poesía.

Lo que se siente como escuela de Valencia es quizás la seriedad y el rigor de muchos de sus poetas: Vicente Gerbasi, Otto De Sola, Ida Gramcko, Felipe Herrera Vial, de los que pretendo continuar hablando.

 

LAAR-Luis Alberto Angulo

 

Nota para un lector desprevenido

Esta entrega de “Sábado” no sigue un desarrollo lineal, sino que reúne piezas de distintos registros —poemas, apuntes de duelo, coplas y reflexión literaria— atravesadas por la experiencia de varias pérdidas recientes. La fragmentación no es puro descuido, sino la forma que encontró el autor para dar cabida a materiales que nacieron en momentos y tonos diferentes, pero que comparten el mismo suelo afectivo.

Quien llegue aquí sin aviso descubrirá un mosaico donde la flor del cactus, la enseñanza budista, la poesía venezolana y la memoria de los amigos fallecidos conviven en una sola página: un testimonio polifónico de que incluso lo que se presenta roto puede ser una ofrenda.

 

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lUIS aLBERTO aNGULO-COLUMNA SÁBADO

Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000),  La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).

 

Ciudad Valencia/RN