El patrimonio cultural de un pueblo se sostiene en las manos y en la fe de quienes, con humildad y constancia, transforman tradiciones en legado. En Naguanagua, la historia de Ana Sofía Benítez de López, conocida cariñosamente como Sofi, es un ejemplo de cómo la devoción y el oficio se convierten en patrimonio vivo. A sus 96 años, Sofi no solo es testigo de la historia local, sino protagonista de una tradición que ha marcado generaciones: la confección de los trajes de la Virgen de Begoña , patrona del municipio de Naguanagua.

 

Raíces familiares y primeros años

Ana Sofía nació el 17 de septiembre de 1929 en el sector El Rincón de Naguanagua. Hija de Roberto Villalba, de origen español, y de Antonia Benítez, fue la tercera de cinco hermanos: José, Luis, Juvenal y Roberto, además de ella. Su infancia estuvo marcada por la fe y las festividades religiosas, acompañando a su familia en las celebraciones en honor a la Virgen de Begoña.

Más tarde, al casarse con Juan López, hombre profundamente católico, consolidó la tradición de asistir en familia a las misas y ceremonias del 15 de agosto, fortaleciendo su vínculo con la patrona de Naguanagua. Junto a su esposo, vivió cerca de la plaza Bolívar, espacio que se convirtió en epicentro de su vida espiritual y comunitaria.

El inicio de una tradición: 1963

La historia de Sofi como costurera de la Virgen comenzó en 1963, cuando su vecina Carmen Borges de Hernández le propuso confeccionar un traje para la festividad. Aunque en un primer momento se negoció, alegando no sentirse capaz de asumir semejante responsabilidad, la insistencia de Carmen y el consejo del párroco la animaron a aceptar.

Primer traje realizado por la señora Ana Sofía Benítez de López para la Virgen de Begoña en 1963 (Patrimonio Cultural)

Ese primer vestido, confeccionado con telas donadas por Carmen, marcó el inicio de una tradición que se mantiene hasta hoy. Sofi recuerda que la inspiración fue una revelación divina: cada corte y cada puntada parecían guiadas por la Virgen misma. Ese traje, aún conservado, tiene 63 años de antigüedad hasta la fecha y es considerado una pieza histórica. Las características de esta primera pieza muestran un traje de rubia color rosado, con forro de raso blanco, bordado en toda su parte delantera con perlitas y canutillo, resaltando detalles en sus mangas, cuello y borde inferior con pasamanería color plata.

Desde aquel momento, Sofi instauró la costumbre de que cada año la Virgen estrenara un traje nuevo. La dinámica se convirtió en un acto de fe comunitaria: los devotos donaban las telas y materiales como ofrenda de gratitud y Sofi, sin cobrar nada, dedicaba su arte y su tiempo a la confección.

 

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La tradición inició que el primer donante que entregara los insumos sería el elegido para vestir a la Virgen ese año. Ni siquiera el párroco intervenía en este proceso, pues la coordinación se hacía directamente con Sofi, quien asumió el rol de diseñadora oficial.

Talleres, familia y legado

Su primer traje lo realizó en casa, pero pronto instaló su taller cerca de la plaza Bolívar, manteniendo siempre la cercanía con la iglesia. A lo largo de su vida trabajó en seis talleres, cuatro de ellos en el perímetro de la plaza, reforzando la tradición de estar cerca del templo.

Uno de los mantos de la Virgen de Begoña realizado por la señora Ana Sofía Benítez de López (Patrimonio Cultural)

Con el tiempo, su esposo Juan se convirtió en apoyo logístico, ayudándola con compras y traslados hasta su fallecimiento en 1991. En la década de los 80 contó con la asistencia de Ángel Cazorla, quien durante 15 años colaboró ​​en bordados y patrones. Posteriormente, sus hijas Milagros y Zobaida asumieron ese rol, aprendiendo y continuando la confección de los mantos.

La tradición se expandió a toda la familia: hijas, nietos y bisnietos participantes en la confección, bordado y decoración de los trajes. Hoy Sofi supervisa desde casa, dirigiendo con sabiduría y cariño a la tercera generación que mantiene viva la tradición.

 

Reconocimientos y presidencia vitalicia

La labor de Sofi ha sido reconocida en múltiples ocasiones. Al cumplirse 50 años de confección ininterrumpida, se realizó una exposición en la Capilla Colonial de Naguanagua , donde se mostraron los trajes realizados por ella, cautivando a la comunidad.

Además, fue nombrada presidenta vitalicia de la Sociedad Nuestra Señora de Begoña por monseñor Del Prette, consolidando su papel como figura central en la devoción a la patrona.

Hace un año, Sofi sufrió un accidente cerebrovascular isquémico que comprometió gravemente su salud. Sin embargo, su recuperación fue considerada casi milagrosa por su familia, quienes aseguran que la Virgen intercedió en su sanación. Hoy, con buen semblante y sonrisa, continúa participando activamente en las festividades y supervisando la confección de los trajes.

Familia de la señora Ana Sofía Benítez de López

La historia de Ana Sofía Benítez de López es la historia de Naguanagua contada por su gente. Con aguja e hilo, Ana Sofía ha tejido más que vestidos: ha bordado la identidad de un pueblo, ha transmitido valores de fe y devoción, ha convertido su oficio en patrimonio cultural.

A sus 96 años, Sofi se mantiene como símbolo de resiliencia, amor y tradición. Su legado, sostenido por hijos, nietos y bisnietos, asegura que cada generación recuerde que la cultura se preserva gracias a personas que, como ella, hacen de su vida un acto de entrega

 

Ana Sofía Benítez de López no solo viste a la Virgen de Begoña: viste de esperanza y orgullo a todo Naguanagua. 

 

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Ciudad Valencia/DT/RM