Juan Loyola
A los críticos y jurados de los
diferentes salones de arte del país

 

Con mi pintura intento alterar un orden
                                 establecido, a través de un lenguaje
                                     atroz, utilizando elementos cuya forma
                                y crecimiento se han gestado en la
                                naturaleza a través de milenios, los
                                  cuales mezclo en mis cuadros como
                                señal de destructivismo necrofílico.
Carlos Contramaestre

 

La mayoría de los jurados y Salones de arte, en todas las épocas, siempre han visto con cierto recelo y repudio a los artistas que se atreven a cuestionar con sus obras el sistema político imperante o la moral burguesa, tachándolas de kitsch, de mal gusto, y en el peor de los casos de basura.

La lista de obras censuradas por estos sesudos herederos de la Inquisición es harto infinita, “olvidando” a propósito que el arte es libre y, por tanto, sin libertad no hay arte, sino una suerte de traje hecho a la medida del prejuiciado gusto pequeño burgués de ciertos críticos de arte.

En este sentido creemos que resultaría importante, tanto para la crítica como para los artistas, la posibilidad de plantearse un debate acerca de los límites que privan para determinar, despojados de tantos prejuicios, que estamos ante una obra de arte, cuestión harto subjetiva por demás.

Recordamos que hace décadas se suscitaban polémicas discusiones protagonizadas por reconocidos intelectuales y críticos en las páginas literarias de los diferentes medios de comunicación del país.

 

DEL MISMO AUTOR: ARTE Y POLÍTICA: UNA INCÓMODA RELACIÓN (1)

 

También podemos observar que en la historia del arte sucede un hecho curioso que es oportuno traer a colación, como ocurre con algunas obras que en su momento causaron escándalo y rechazo, pero pasado cierto tiempo fueron reivindicadas y hoy día ocupan un lugar destacado y hasta se exponen en grandes museos.

En 1863 se presentaron cinco mil obras para ser expuestas en el Salón Oficial de París, de las cuales más de la mitad fueron rechazadas, originando grandes protestas ante el jurado, lo que condujo a que Napoleón III ordenara abrir, junto al Salón Oficial, el así llamado Salón de los rechazados, conformado por obras que desafiaban los cánones tradicionales del arte, creando como respuesta una nueva percepción de la realidad.

Cuando Picasso pintó Las Señoritas de Avignon, en 1907, sus amigos fueron los primeros que se escandalizaron, forzando a que la guardara en su estudio hasta 1916, año en que fue expuesta en la Galería d´antin de París, sirviendo de antesala al Cubismo y al inicio del Arte Moderno.

Caso parecido al de Manet con su obra Olimpia (1865), la cual fue duramente tratada por la crítica de entonces: “Cuando el arte desciende tan bajo no merece siquiera un reproche”. Para protegerla, “el cuadro tuvo que ser custodiado por un par de policías hasta que se decidió cambiarlo de lugar y colgarlo en lo más alto del techo del Salón”.

 

Picasso, “Le demoisselle d’Avignon”

 

Con Manet comenzó la pintura moderna “sin convencionalismos, libertada de la tiranía del tema, transparente, audaz”. Así, el visionario artista, con su Olimpia, en lugar de pintar a una diosa o a una ninfa, lo recomendable para la mentalidad de sus contemporáneos, representa a una prostituta, y de esta manera destaca un hecho que “el buen gusto burgués” de la crítica aconsejaba ocultar.

En Venezuela hay un gran número de artistas controversiales que han sido censurados por la crítica. Entre los que han suscitado más polémicas, podríamos citar a Juan Loyola (1952-1999), pintor, escultor, poeta, director de cine, fotógrafo y artista no convencional.

Artista de espíritu transgresor, contestatario y rebelde, que trabajaba con desechos, cartones, plásticos y carros convertidos en chatarras, a los que intervenía pintándolos con el tricolor nacional junto con piedras y árboles, como símbolo de protesta, adelantándose a su época. Posición que le costó el ser vetado muchas veces en galerías, museos y exposiciones

Podríamos decir que Loyola fue precursor del rescate y difusión de nuestros símbolos patrios durante la cuarta República, cuestión que también ha caracterizado el proceso político a partir de la llegada al poder del Comandante Chávez.

No obstante, su obra, contradictoriamente, ha sido relegada al olvido y execrada, al extremo de no existir actualmente ningún salón de arte que lleve su nombre, ni tampoco figure su legado en la Colección de arte venezolano, muy a pesar del gran compromiso social y humano que profesó en vida, por solo poner dos ejemplos. Siendo hoy casi un desconocido por las nuevas generaciones.

 

Una de las preocupaciones que yo tengo del arte es hacerlo algo colectivo, no algo individual como se ha pretendido. Hay muchos intereses alrededor del arte, sobre todo en nuestros países, donde se pretende que el arte sea algo banal y superficial, que responda a códigos de la estética y no de la ética, de la razón moral, de la cultura…
Siempre viví en emergencia. Renuncié a las galerías, a los museos, a los críticos y a todo ese circo, solo por la palabra libertad, aunque esa libertad me costara más de la mitad de mi corazón…

 

(Lamentablemente la imagen de Loyola ha sido utilizada con aviesas intenciones por cierto sector reaccionario ligado al mundo de las artes).

Otro artista incómodo para ciertos críticos de Salón es Carlos Contramaestre, uno de los fundadores del grupo iconoclasta  El Techo de la Ballena, creador de la polémica obra Homenaje a la Necrofilia, término que alude a la “inclinación morbosa a la contemplación y profanación de cadáveres”.

En Caracas, en el garaje alquilado de una quinta en la calle Villaflor 16 de El Conde, se realizó dicha exposición, la cual constaba de doce cuadros, el mayor de 3×4 metros, a los que Contramaestre calificó de “fauna cadavérica”, junto con una escultura ósea.

Vaya al Techo de la Ballena

En su conjunto domina como elemento de enlace el yeso con resitex sujetando cabezas, fémures costillares, escápulas y otros huesos de animales con los que se combinan vísceras, reproducciones de placentas y pieles. Todo ello envuelto en un color parecido a la sangre, lo que nos hace recordar que estamos frente a una escandalosa pintura, que además expele un olor putrefacto.

El catálogo venía acompañado de un texto del poeta y dramaturgo francés Alfred Jarry, con prólogo de Adriano González León y una entrevista con el desenterrador del cementerio de Chacao, de donde en ese momento estaban sacando los cadáveres para construir en el terreno un mercado libre.

Llaman nuestra atención algunos de los títulos de las obras: “Beso Negro”, “El vampiro de Dusseldorf”, “Erección ante un entierro” y “Flora cadavérica”. La escultura se titula “Prolaxo necrofílico”. Además del arreglo decorativo del pequeño garaje, sede del Techo de la Ballena, convertido entonces en “galería de arte”, aparece una cruz de madera procedente del citado cementerio de Chacao y un letrero en el centro en el cual se lee la siguiente advertencia: NO SE ADMITEN PERROS.

Continuando con esta serie de artistas, fuera de orden, nos encontramos, en 1926, con Oswald de Andrade, quien funda con Tarsila do Amaral, artista brasileña perteneciente a la corriente del Concretismo, el Movimiento Antropófago,  en el que propone que tanto en la literatura como en la pintura, Brasil debe devorar la cultura extranjera y crear una cultura revolucionaria propia.

En mayo de 1928 presenta su Manifiesto Antropófago, publicado originalmente en la Revista de Antropofagia, de la cual tomamos los siguientes fragmentos:

 

Solo la antropofagia/ nos une. Socialmente. /Económicamente. /Filosóficamente./ Única ley del mundo./ Expresión enmascarada/ de todos los/ individualismos, de/ todos los colectivismos./ De todas las religiones./ De todos los tratados de/ paz./ Tupi or not tupi that/ is the question./ Contra todas las/ catequesis. Y contra las/ madres de los Gracos./ Solo me interesa lo/ que no es mío. Ley del/ hombre. Ley del/ antropófago…/
Queremos la/ revolución Caraiba. Más/ grande que la revolución/ Francesa. La unificación/ de todas las revueltas/ eficaces en dirección del/ hombre. Sin nosotros/ Europa no tendría si/ quiera su pobre/ declaración de los/ derechos del hombre…/ Nunca fuimos/ catequizados. Vivimos a/ través de un derecho/ sonámbulo hicimos que/ Cristo naciera en Bahía/ En Belém o en Pará…/
Pregunté a un hombre/ lo que era el Derecho. Él/ me respondió que era la// garantía del ejercicio de/ la posibilidad. Ese/ hombre se llamaba Galli/ Mathias. Me lo comí…/Antes de que los/ portugueses/ descubrieran Brasil,/ Brasil ya había/ descubierto la felicidad…/
 Antropofagia./ Absorción del enemigo/ sacro. Para/ transformarlo en tótem./ Contra la realidad/ social, vestida y/ opresora, registrada por/ Freud-la realidad sin/ complejos, sin locura, sin/ prostituciones y sin cárceles del/ matriarcado de Pindorama…”

 

Finalmente remarcamos que el arte político es aquel que hace pensar, que va más allá de la belleza, que rechaza el arte decorativo de salón, que cuestiona la realidad, que conmueve ante una situación, que trasciende la esfera del arte. El arte político tiene dudas, no certezas, aunque puede utilizarse con fines políticos. Es incómodo, porque humanamente incomoda al espectador, lo saca de su confort.

El arte político es inquietante, repulsivo y revulsivo, contrariamente a lo que se podría creer, no es panfletario, no teme desaparecer de la historia del arte porque no se considera importante en sí mismo, ni acepta que lo etiqueten.

El arte político es más artístico que político, aunque suene a trabalenguas. Es verdadero arte, aunque cierta crítica conservadora y elitista piense lo contrario.

Ser un artista político no tiene que ver con ser aceptado o no, tan solo por resistirse a ser decoradores de salones, meros bufones de la corte o mercachifles de la sociedad del espectáculo.

 

(Continuará). ¡Salud, Poetas!

 

***

 

Mohamed Abí Hassan-taller de cine-Edgar Narváez

Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).

Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.

 

Ciudad Valencia / RN