Esa ventana en el cielo
para irnos a otra parte
se llama luna.
La noche nos hunde.
En el sueño somos
la mitad que nos falta.
Y la muerte
pasa a veces
tan cerca
y uno no sabe.
Harry Almela. Poemas (1983).
«Crea, esculpe, talla, se ríe, se pone serio, habla, explica, vive, sin preocuparle los mecanismos y las sustituciones del arte tradicional en Venezuela. Y afirma: ‘La gente cree que estoy loco…'», nos dice Harry Almela en su artículo sobre Daniel Herrera, aparecido en el diario Ahora a finales de la década de los ’70, y que compartiera con nosotros Carlos Méndez, músico y escritor de dilatada trayectoria en el ámbito local.
Destacamos que con la publicación de esta memorable entrevista de vieja data, queremos rendirle sentido homenaje al siempre recordado poeta y amigo Harry Almela, con motivo de conmemorarse este sábado 24 de octubre nueve años de su viaje al Parnaso:
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Daniel Herrera, artesano, escultor de maderas y tallador de piedras, conversa con la gente de AHORA en su casa de Aguas Calientes, estado Carabobo. Ha expuesto su trabajo en colectivas e individuales, en distintas salas del país y en el año 1977 participó en el Salón Arturo Michelena, de Valencia.
Pero como el mismo expresa, lo importante no son los salones, sino lo que se siente al realizar la obra. Mientras golpea con martillo y cincel la roca, va desarrollándose la conversación, entre el cloc-cloc de las gallinas de su patio.
¿Cómo te iniciaste en la escultura?
¿Que cómo me inicié en esta cuestión? Bueno, cuando estaba en la primaria. Yo no tengo un grado elevadísimo, apenas un sexto grado. Por ejemplo, el abuelo mío era un trabajador de ebanistería. Allí comencé a agarrar las herramientas como ayudante. La ebanistería te la conozco al punto. Y todo lo que se trate de esa parte.
De allí empecé a agarrar otros tipos de madera, empecé a darle forma, a buscarle formas. Y luego de haber trabajado un poco en eso me fui consiguiendo con los poetas, Alberto Vargas y Francisco Vargas, hermanos, los dos son escultores y pintores, manejan muy bien las artes, son coreanos, me entusiasmó y me metí. Ellos, pues, me abrieron ojo, que era importante, ¿tú me entiendes?, conocer la técnica.
Y después las escuelas, aquí en Maracay y en Barquisimeto. San Felipe, dos meses, tres meses, ¿ves?, donde me dieran chance para vivir un tiempo y estar allí en contacto, ayudando y aprendiendo también un conocimiento.
Me he conseguido escuelas que han creído que yo soy un tipo de conocimiento como para dar clases a otros, aunque no me he ocupado de eso, solamente de agarrar las herramientas y poner a los demás, bueno, trabaje…
En Caracas me pasó un caso. No es con respecto a exposiciones, solo que una vez me presento con una “tronco” de necesidad porque me nació el pichón mayor. Limpio, sin un medio, desarmado completamente y tenía una buena obra. La tenía para cualquier Salón, pero dije: ¿qué Salón? … yo me monto esta vaina en el lomo y me voy a Caracas. Me dirijo al Museo de Bellas Artes.
De director estaba Juan Calzadilla. Juan ve el trabajo, lo precisa. Entonces le planteo que necesito una pequeña ayuda para seguir trabajando, estoy mal y no tengo base económica.
Él pregunta cuánto es el precio. Yo le digo que 4.000 bolívares es el trabajo. Era una obra grande, de bastante trabajo. Trataba de muchacho campesino tallado en madera. El hombre protesta, me dice que era demasiada plata, que yo no tenía nombre de reconocimiento. Entonces le digo que si mi trabajo no tiene valor sin un nombre. ¡No!, responde. Luego me dice: “¿Cuál es tu nombre?”. Mi nombre es Daniel Herrera, le respondo. Entonces, dice que el trabajo no vale, no sirve.
Como veo que el tipo renuncia, yo también renuncio, protesto y me fui con esa. Y lancé el trabajo a rodar por el piso, en pleno museo. Rodé el trabajo y lo saqué a patadas yo mismo, eso no sirve. Inmediatamente llamé al tipo de la Galería de Arte Moderno. Llamo al hombre y le digo: “Mira, vale, estoy aquí varado con una obra y tal, los autobuseros no me van a llevar, ando limpio para pagar un carro libre, estoy loco aquí en esta vaina, enrollado aquí, no hallo para donde brincar”.
El hombre se manda. Él me conocía por la prensa. Él es francés, no me acuerdo el nombre. Viene y observa el trabajo y me dio 2.500 bolos ahí mismo en un cheque. Y le dije que se llevara la obra. En eso viene saliendo la gente del museo y les dije: “Bueno, ahí está, yo no tengo un nombre, pero aquí llevo un cheque para resolver mi miseria”.
Entonces cuando me toca concursar en el Salón Michelena, en el ’77, yo llevo mi obra y a ellos les toca seleccionarla. Para la premiación, el “hombre” ve la obra y pregunta que quién es el que hizo eso, y le responden: Daniel Herrera. El tipo (jurado del Salón) se acuerda que este (Daniel Herrera) es el mismo “corsario” de allá arriba. No me dieron premio ni mención. Ellos sabían realmente que la pieza era buena. ¡No lo decía yo, lo decía el periodista de “El Nacional” que estuvo allí! Pero, tú sabes, la mafia.
La gente me decía: “Eso compadre, ya usted coronó allí”. Pero, qué va. Eso es un engaño, Se empatan en una de corbata y perfume, y celebración. El premio ya lo tienen seleccionado antes, a quién van a premiar y todo. Ya eso lo tienen visto. Y los rechazados… quién puede decir si está mal o está bien el esfuerzo de un tipo para hacer alguna pieza. Yo no necesito el premio en realidad. El premio es un compromiso para comprometer a alguien en un paquete. Las instituciones son una vaina.
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Daniel, ¿qué piensa la gente de la comunidad acerca de ti y tu trabajo?
La gente de por aquí piensa que soy un loco. Menos los jóvenes y los chamitos. Con todos ellos me la llevo bien. Siempre les traigo que si una revista, un libro. Varios de ellos se han iniciado ya en esto de la madera y la piedra, y les gusta su cuestión.
…
Daniel vivía antes en La Guaricha, cerro arriba. Aislado completamente de la gente. Acompañado solo de su mujer y su hijo. Decidió bajar al pueblo a vivir allí porque le incomodaban los viajes que de vez en cuando debía hacer en función de su trabajo. Ahora tiene más de dos años en Aguas Calientes, continuando con sus tallados de madera y piedras, estas últimas traídas desde Coro.
Su manera de pensar y ver el asunto de la cultura y el arte le ha traído más de un inconveniente. Nos decía entre otras cosas que en el año Reveroniano habían confundido a Reverón con el viejito que aparece en la etiqueta de Old Parr, pues todo se había ido en celebraciones y tragos. Evidentemente que toda esta concepción del arte y de la vida convierten a Daniel en un personaje exótico, un tipo raro, una pieza de museo.
Esta rarificación del oficio de escultor, tal como lo ha asumido Daniel, es muestra de la falta de incorporación que él ha tenido al engranaje deformador, trastocador y mercantil que hace del arte eso: una mercancía. En vez de ser el arte una vía de realización humana, un lenguaje comunicativo que permita al hombre vencer a sus dioses y a sus fantasmas, se convierte en mercancía, en un mecanismo de compra-venta, en donde el “nombre” adquiere un carácter motor en la relación hombre arte.
Daniel, ¿tú vives del arte solamente?
Sí, porque resulta que las compañías son un rollo: papeles, mal trato, el jefismo y el machismo entre los mismos obreros, el otro que se le vende a los jefes, coño esto es muy duro y crea problemas a la mente. Pero mientras exista el problema del gran coleccionista, del mercenario del arte y sus artistas, las artes no llevan nada ni tienen ningún tipo de respeto.
Por eso es que yo siempre digo: que vivan los indígenas, que nunca salgan de su selva, porque ellos hacen esas cosas por amor a su trabajo. Cuando yo me meto en seriedad en mi vaina, me siento tranquilo. Paso también necesidad, se me olvida comer. Pongo una musiquita de Carlos Puebla o de Mercedes Sosa y eso se siente como una música de trabajo, es un ayudante del trabajo mío, porque yo siento que esa gente y yo estamos en lo mismo, ellos con su música y yo con mis leñas y mis ñascas. Además, me saca el oído de la monotonía del golpe del martillo sobre la piedra, y me lo alivia.
…
Por último, Daniel nos explicó los temas de varias de sus obras. “El Hombre y su circunstancia”, basado en su padre, un campesino de la región que tiene actualmente 85 años y aún trabaja en conucos. Con esta pieza participó en el Michelena. Aún caído por el resto de las cosas, pero con suficiente fuerza en sus brazos como para seguir adelante. Igual es el tema de “El Indio de Machu-Pichu”, un hombre como Atlas, pero levantando la arquitectura de la ciudad incaica.
Este es Daniel Herrera, un hombre para quien el arte es otra cosa y no precisamente corbata y perfume.

Culminamos esta travesía existencial con nuestros entrañables hermanos en nombre de la poesía, con dos poemas donde nuestro homenajeado aborda emblemáticos lugares y personajes del pueblo, rescatándolos del olvido a través del poder evocador de las palabras:
Busco un país inocente
No soy dela raza de los que se
atan al mástil
para resistir el canto.
Prefiero irme con Aguafina*
a través del hilo de los papagayos.
Solo quiero vivir la paz de las
esponjas.
Rostro y Poesía (1996).
*Personaje popular que recorría las calles de Mariara, con su afán y donaire característico.
Moisés, según Charlton Heston
Hace años encontré en el gran libro
la historia acerca de tu muerte.
Castigado por tu poca fe
solo viste la Tierra Prometida
desde las montañas de Jericó.
Fuiste el único profeta en ver cara a cara
el áspero rostro de Dios.
Todos hemos aguardado ese milagro.
Fue tanto lo que esperamos.
Esperamos y salimos en su busca,
en los labios de quien amamos,
en ese otro cuerpo,
en la boca de Dios de la que habla
Sabines.
Nunca fue tan brutal una impaciencia.
Y yo, en el cine de Mariara,
sigo viendo el Mar Rojo
levantarse a tu paso.
Instrucciones para armar el mecano (2006).
¡Salud, Poetas!
***
TE INTERESA:
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Mohamed Abí Hassan (El Tigre, 1956). Poeta, artista visual y editor independiente. Licenciado en Educación, Mención Artes Plásticas (cum laude), por la Universidad de Carabobo (UC). Ha ejercido la docencia en la UC y en la Universidad Arturo Michelena. Ha sido colaborador en las revistas Poesía y La Tuna de Oro (UC). Primer Premio II Bienal de Literatura Gustavo Pereira, Mención Poesía 2013; Primer Premio IV Bienal de Literatura José Vicente Abreu, Mención Poesía 2016; Primer Premio Concurso Nacional del II Festival 3.0 de Historias Comunales Ramón Tovar (2022).
Formó parte de la Comisión Rectoral del Encuentro Internacional de Poesía de la UC. Coordinó el Taller de Formación de Cronistas Comunales en Mariara, estado Carabobo, auspiciado por el Minci, la Revista Nacional de Cultura y el Centro Nacional de Historia. Actualmente se desempeña como facilitador de talleres de iniciación en la creación literaria, así como talleres sobre patrimonio histórico.
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