Hay buenas películas y buenos poemas oscuros, pero ninguno de ellos es frecuente; casi siempre la oscuridad deliberada encubre fallas que se magnifican ante los ojos atentos del espectador.
Poetas llamados «herméticos» por la complejidad de sus textos solo en apariencia resultan serlo. Giuseppe Ungaretti, el gran poeta italiano, es un claro ejemplo de esta afirmación: su supuesta oscuridad no proviene de un laberinto verbal, sino de una extrema condensación de la palabra y del uso del silencio, donde la emoción se entrega de forma directa y desnuda.
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Por otra parte, los textos herméticos que guardan un secreto por necesidad obedecen a otra naturaleza. El caso del españolísimo don Luis de Góngora expresa esta realidad en el ámbito de su creación; en el culteranismo, el hermetismo no es una pose ni un fallo, sino la consecuencia inevitable de una arquitectura formal y metafórica que exige una descodificación activa.
Esta distinción entre la dificultad impostada y la complejidad sustancial trasciende la literatura y se manifiesta con igual claridad en el cine. Directores como Andrei Tarkovsky demuestran que la lentitud contemplativa o la narrativa no lineal no responden a un deseo de apartar al público, sino a la búsqueda de una poética visual capaz de esculpir el tiempo y explorar la trascendencia.
Frente a propuestas que utilizan el abigarramiento o la abstracción como una fachada para disimular la vacuidad, el arte genuino plantea retos formales porque su búsqueda temática no admite simplificaciones.
La constante en la obra de arte es la eficacia y la belleza del lenguaje, aun cuando esa belleza pueda ser cuestionada por otro planteamiento estético. En definitiva, la verdadera prueba de fuego radica en la honradez de la creación: la oscuridad legítima es consecuencia inevitable de quien explora los límites del sentido; la impostada, en cambio, se revela pronto ante la mirada atenta como huero artificio.
Al final, el buen espectador no rehúsa el misterio ni la exigencia formal, sino la falta de sustancia que intenta disfrazarse de profundidad.
Un poema de Ungaretti
Girovago
In nessuna
parte
di terra
mi posso
accasare
A ogni
crocevia
di lingua
m’stacco
pasciuto
di strofinii
d’altri
Cerco un paese
innocente
Vagabundo
En ninguna
parte
de la tierra
me puedo
asentar
En cada
encrucijada
de lenguas
me desprendo
hastiado
de roces
ajenos
Busco un país inocente
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Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).
Ciudad Valencia / RN













