Arturo Michelena nació en Valencia el 16 de junio de 1863. Comenzó a pintar desde muy joven bajo la guía de su padre, Juan Antonio Michelena, realizando estudios en el colegio de Lisandro Ramírez y en la institución educativa del insigne Alejo Zuloaga.
Entre sus primeras creaciones resaltaron las pinturas: Cupido dormido, La rosa, Brayan Triana, En tus brazos, Judit y Holofernes y Un rayo de luz.
En 1874, Michelena realizó los dibujos que ilustraron la edición neoyorquina de Costumbres venezolanas, libro de Francisco de Sales Pérez, quien se convirtió en su protector y lo presentó en el círculo de amigos de Antonio Guzmán Blanco, con la intención de gestionarle una pensión de estudios en Europa.

Más tarde, recibió lecciones de Constanza de Sauvage, discípula del pintor francés Eugène Devéria; ella le enseñó a distribuir los colores, a aprovechar la luz y algunos conocimientos técnicos.
Entre 1879 y 1882, Arturo Michelena vive un período de aprendizaje durante el cual, asociado con su padre, abre una academia privada de pintura en Valencia para satisfacer encargos de retratos, pinturas murales, copias de cuadros antiguos, retratos infantiles y una abundantísima producción de dibujo.
Este trabajo constituyó el entrenamiento que capacitó al joven para concurrir con éxito a la Gran Exposición del Centenario del Natalicio del Libertador Simón Bolívar, celebrada en Caracas en 1883.
LEE TAMBIÉN: ABREN CONVOCATORIA AL PREMIO NACIONAL DE LITERATURA STEFANIA MOSCA 2026
Legado de Arturo Michelena
Su primer premio lo recibió durante dicha conmemoración. Participó en la exposición de artistas organizada para el evento, con un lienzo: La entrega de la bandera del Numancia al Batallón sin Nombre.
Dos años más tarde, viajó a París y se inscribió en la Academia Julián, donde enseñaba el reconocido pintor Jean-Paul Laurens, de quien también fueron discípulos los venezolanos Cristóbal Rojas y Emilio Boggio.
En el Salón de París de 1887, Arturo Michelena participó con su obra El niño enfermo; recibiendo la medalla de segunda clase y el reconocimiento Hors concours, la más alta distinción que se otorgaba a un artista extranjero.

Asimismo, en la Exposición Universal de París celebrada en el año 1889, obtuvo la medalla de oro con la obra Carlota Corday.
A 163 años de su natalicio, su legado trasciende las fronteras de Venezuela, siendo considerado, junto a Cristóbal Rojas, Antonio Herrera Toro y Martín Tovar y Tovar, uno de los más grandes pintores latinoamericanos del siglo XIX.
***
TE INVITAMOS A LEER Y COMPARTIR:
Fuente: MinCultura
Ciudad Valencia/Ernesto Cañizalez/RM











