Hay imágenes que, sin ser arquetípicas, nos acompañan desde un fondo de ser, ellas sedimentan el asfalto citadino por donde deambulan dentro de los seres humanos, y no nos percatamos que tales imágenes nos cohesionan y nos hacen semejantes. Por ejemplo, la crucifixión y la resurrección; la salvación y el pecado; la esperanza como lo último que se pierde; el abismo de amarse y separarse y, siguiendo a Borges, tal vez, esas metáforas eternas que comparan al río con el paso del tiempo y a las estrellas con los ojos de la amada.
También nos acompañan las malignas tareas que realizan las manos que matan en las guerras y lo inesperado con su caja de sorpresas. Para esto último, pienso que no hay mejor ejemplo que la irrupción del Caballo de Troya con la muerte agazapada y multiplicada en su vientre sin galope. El poeta argentino Piero De Vicari lo entendió así, por ello tituló su poemario: A Troya se le perdió un caballo (El Ángel Editor, Quito, 2025), que tuvo la gentileza de enviarme vía WathsApp.

DEL MISMO AUTOR: LA FICCIÓN DE LA NO FICCIÓN
¿De dónde se desprende este caballo poético de Vicari? Lo más probable es que corra desde el porvenir, con la fragua del sueño en los tumbos, buscando la anatomía de sus próximas palabras, porque el pasado lo dejó disperso en estas páginas, donde cinceló a una mujer en forma y fondo, y uno puede sentir el calor de las compañías, “los amigos, la familia, el día, la edad, el vino, los amaneceres…”; un caballo que le deja el testigo al que inicia su viaje en el lector.
Podemos creer que el caballo que se le perdió a Troya es de madera, pintada con mito y con la mirada del asombro, el cual se escribe “con mayúscula”; de todas maneras es un caballo invisible, dejó su huella inmortal como un trazo de escritura. El caballo de Piero no está tan distante, es humilde y descifrable como los grandes amores, se le han mutilado las dudas y bebe el agua en los pozos de la poesía.
El libro mismo contiene dentro las sorpresas que el lector degustará: los poemas tejidos con ingredientes imaginarios y cotidianos, llenos de gatos, de misericordia, fe y orfandades, entre otros elementos y sustancias vitales. A diferencia del caballo griego, el de este argentino sí galopa, gusta hacerlo dentro de los ojos por donde intuye que puede llegar a la sangre y convertirse en oleaje de ser. Vicari recuerda lo vivido, pero también lo reflexiona, sin este aspecto, el pasado es solo un paisaje que pronto será cáscara hueca. Les dejo el siguiente poema extraído desde el vientre mismo de lo que se pierde:
Media mortaja
Recuerdo a mi padre y la orfandad sucede
Vuelvo a esa infancia taciturna
contando los vacíos como canicas
en los bolsillos del viento
¿Qué niño puede interpretar la ausencia?
¿Qué abrazo negado por la muerte
sacia de futuro la ternura insondable?
No reclamo mi destino. Lo acepto.
Pero el hombre que soy
es barro de esa fragua,
de esa media mortaja que lleva
un alma partida en pedazos.
Es inútil la queja, el desafío
la ebriedad que mitiga
el sabor del silencio.
Cuando la vida baraja sin naipes,
no nos deja reconocer la derrota.
Por eso, aquí estoy padre:
siendo lo que he sido y lo que soy
sin medias tintas, entero o erróneo,
pero tuyo
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Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.
Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).
Ha publicado:
En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).
En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021). (Tomado de eldienteroto.org)
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