Heredera de un legado teatral que desafía las adversidades, Dayola Paredes mantiene vivo en Carabobo un festival que transforma vidas a través del arte gratuito, la memoria histórica y el convite en las comunidades.
Y es que hablar de teatro popular en el estado Carabobo es hacer referencia al Encuentro de Teatro Popular Latinoamericano (ENTEPOLA). Y hablar de ENTEPOLA en el municipio Naguanagua es nombrar a Dayola Paredes, una mujer que se ha convertido en el motor principal de este festival, que entre otras cosas, defiende el arte como un derecho inalienable de los pueblos.

Con una trayectoria marcada por la pasión, la memoria de su padre y maestro —el recordado Douglas Paredes— y una fe incansable en la autogestión, Dayola nos cuenta el trastienda de un evento que, contra todo pronóstico económico, se alista para celebrar su edición número 21.
ENTEPOLA: Un latido latinoamericano sembrado en Naguanagua
La historia de este encuentro no nació en Venezuela, sino en Chile (en plena dictadura de Pinochet) de la mano de los creadores David Musa y Víctor Soto. Hace 25 años, una delegación del Taller de Formación Teatral de la Universidad de Carabobo —liderada por Douglas Paredes— viajó al primer ENTEPOLA en Bogotá. Allí recibieron una misión sagrada: replicar el proyecto en tierras venezolanas.
No fue una tarea sencilla. Tras cuatro años de planificación, ensayos, pruebas y búsqueda de recursos, el sueño se materializó en 2005. Desde entonces, el festival se convirtió en un nómada cultural. Lejos de estancarse en una sola sede, ENTEPOLA recorrió cada rincón del municipio: la Quinta Avenida, Simón Bolívar 2, Barrio La Luz, Brisas del Café, Tarapío, Simón Rodríguez, Los Próceres y, finalmente, el Galpón Cultural Julio Chacín, el hogar donde ha quedado instalado.
Resistir con el arte: La edición 2026
La situación económica han obligado a compactar los días del festival —de una semana completa a tres intensas jornadas, pero la mística sigue intacta. «El ENTEPOLA no va a desaparecer, porque nosotros creemos en este proyecto», afirma Dayola con convicción.
En este sentido, cuenta que para este 2026, el festival —previsto del 22 al 24 de octubre— volverá a llenar de vida las comunidades. Contará con la participación internacional del maestro brasileño Armindo Pinto, quien impartirá un taller de Teatro del Oprimido, además de una nutrida representación de agrupaciones nacionales y regionales provenientes de Puerto Cabello, San Joaquín, Miranda y comunas locales.
El secreto de su permanencia reside en la solidaridad comunitaria: vecinos que aportan para hacer más llevadera la logística. Es la prueba de que, cuando un pueblo abraza la cultura, el arte se vuelve invencible.
Dayola: El fuego sagrado del teatro en las venas
La titánica organización del ENTEPOLA es llevada entonces por Dayola, moldeada por los escenarios y el temperamento amoroso de su padre. Por eso, la actriz recuerda que su andar en las tablas comenzó a los 12 años cuando su padre la invitó a sus talleres universitarios. Entre las exigencias de un maestro riguroso que al principio le decía que era «muy mala actriz» y su propia timidez infantil, Dayola encontró su vocación definitiva.
A los 16 años desafió los temores familiares tradicionales —el miedo a que el arte no proveyera sustento— y cursó la Escuela de Teatro en simultáneo con sus estudios académicos regulares. Cuando el telón se abrió, su visión del mundo cambió por completo: aprendió a mirar sin juzgar y a entender el teatro como una herramienta de transformación humana.
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Un legado familiar que reverdece
Hoy, la pasión de los Paredes continúa a través de la siguiente generación: Sus hijos, Oswaldo y Leonardo, se han desenvuelto como músicos y actores destacados, participando en montajes de gran impacto político y social, como el monólogo de Simón Bolívar que conmovió a las autoridades locales. Asimismo, Dayola mantiene viva la formación dictando talleres a docentes y comunidades, convencida de que el relevo generacional está garantizado.
«Cuando se va acercando el festival no tengo cabeza, pero cuando veo que termina y muchos hablan del trabajo de calidad, me llena el alma y el espíritu […] El arte a mí me transformó como ser humano».
Una fiesta de todos los géneros
Aunque el núcleo fundamental es el teatro, ENTEPOLA se ha consolidado como un gran mosaico de expresiones escénicas. Para mantener cautivo al público durante funciones que se extienden desde las 5:00 p.m. hasta la noche, la programación integra danza, títeres, mimos, magia, malabares y música en vivo.
Agrupaciones emblemáticas como Raíces Escénicas, los títeres de Alexis Bracho, las marionetas de Luis Rojas y diversas cofradías de tambores y burriquitas forman parte de este engranaje cultural inagotable.
Para aquellos que siempre han observado el fenómeno de ENTEPOLA desde la acera de enfrente y desean sumarse como voluntarios, Dayola es enfática: «Manos es lo que necesitamos. El que tenga tiempo y disposición, las puertas están súper abiertas». Porque en Naguanagua, el teatro es una trinchera de alegría, memoria y futuro.
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Ciudad Valencia/M.Ll
Fotos y vídeo: SV











