La historia del icónico Reloj de Güigüe, ubicado antiguamente en la plaza Ávila, frente al Concejo Municipal de Carlos Arvelo, ha estado históricamente rodeada de misticismo y relatos oscuros dentro del folclor nativo.

Sin embargo, los testimonios de quienes han estado a cargo de su custodia y mantenimiento técnico ofrecen una perspectiva basada en el esfuerzo comunitario, desmitificando las leyendas de apariciones y maldiciones que han perdurado en el imaginario local.

 

​El período de gestión municipal (1990–1992)

Se recuerda que hubo una intervención formal registrada en la era contemporánea del reloj, ocurrió durante el mandato de Francisco Ramón Sánchez, primer alcalde electo por votación popular en el municipio Carlos Arvelo (1989), cuya gestión administrativa se extendió desde 1990 hasta 1992.

Al asumir el gobierno, Sánchez recibió el reloj de la plaza Ávila en estado inoperativo y con una evidente necesidad de mantenimiento. En ese contexto, el señor Vidal Parra, (jardinero) trabajador de la alcaldía, se ofreció voluntariamente para revisar la maquinaria y limpiarla por dentro (solo mantenimiento estético) Durante las labores de limpieza, Parra fue atacado por un panal de avispas «matacaballos» alojado en el interior de la estructura.

A pesar de sufrir una severa inflamación en el rostro que le acarreó tres días de reposo médico, Parra retomó y concluyó sus labores una vez recuperado.

 

 

El incidente del cristal y la reparación civil (2013–2017)

​La estructura del reloj se mantuvo preservada hasta el período del alcalde Raúl Álvarez Bracamonte (2013–2017). Durante estos años, una ciudadana que presuntamente atravesaba por problemas de salud mental lanzó una piedra contra la cara oeste del reloj, destruyendo por completo su cristal protector.

Debido a la falta de sustitución inmediata, el interior de la cara oeste comenzó a sufrir un progresivo deterioro por la filtración de agua de lluvia. Ante esta situación, Francisco Ramón Sánchez (exalcalde para ese momento), de forma particular, tomó la iniciativa de intervenir para detener el daño, ya el reloj estaba en su actual ubicación en el bulevar, frente a la casa parroquial.

Con el apoyo de vecinos de la localidad, entre ellos Víctor Espinoza, Tomás Retaco y Richard Rodríguez, y utilizando una escalera prestada por un comerciante local, Sánchez logró retirar el cristal fracturado, las manecillas, los residuos de vidrio y la goma protectora para resguardarlos en su vivienda.

 

Coordinación de trabajo comunitario ad honorem para restauración

Diseño y Tipografía: El pintor local Eren Rodríguez se encargó de reconstruir el diseño interno de los números romanos, respetando rigurosamente la uniformidad de las otras caras del reloj y manteniendo la grafía original de la época, incluyendo la particularidad histórica del número cuatro, representado bajo la grafía antigua «IIII».

​Cristalería: El señor Ríchard López, reconocido cristalero de Güigüe, confeccionó el nuevo vidrio protector sin generar costos para la comunidad o el municipio.

 

​Restitución del elemento y desmitificación de las luces (2021–2025)

Tras un período de resguardo de aproximadamente cuatro años, ya en la gestión del alcalde Ángel Bilbao (2021–2025), el concejal Máximo Castillo se coordinó con Francisco Ramón Sánchez para recuperar la pieza restaurada.

Posteriormente, el equipo de trabajadores de la municipalidad procedió a la instalación formal del cristal en la cara oeste. ​Durante este proceso de desmontaje y reparación, se constató de manera técnica que el reloj poseía un sistema de alumbrado interno. Tras colocarle un bombillo nuevo, el sistema encendió de forma automatizada.

Con este hallazgo se desmintieron falsos rumores locales que aseguraban ver señales lumínicas emitidas por «almas en pena» o espíritus dentro del cubo, aclarando que el reloj contaba originalmente con un interruptor manual instalado en la casa parroquial de la iglesia vecina y un encendido automático.

 

 

MÁS DEL MISMO AUTOR: MEMORIA DE UNA RISA MARINA QUE HUELE A ESCOMBROS

 

​Análisis del folclor local y estado actual de los testigos

Aproximadamente 15 años después de los eventos iniciales de preservación civil, este y los otros testimonios contradicen la popular leyenda que afirma que «todo aquel que repara el reloj muere a causa de una maldición».

De todo el grupo que participó en la extracción y restauración del cristal de la cara oeste, únicamente ha fallecido el señor Tomás Retaco por complicaciones de salud natural. El resto de los involucrados, incluyendo al propio Francisco Ramón Sánchez y al pintor Eren Rodríguez, continúan con vida.

 

 

Por su parte, el señor Vidal Parra —el obrero que enfrentó el panal de avispas en la década de los noventa— sigue residiendo en la entidad y se le observa regularmente transportándose en bicicleta desde el sector El Piñal hasta el centro de Güigüe al menos dos veces por semana, manteniéndose como el último testigo presencial cuya declaración formal está pendiente de registrarse para el archivo histórico del municipio.

​La persistencia de la leyenda, según el análisis de las autoridades civiles de la época, se debió a que la mayoría de los relojeros que intentaron reparar la maquinaria (según la tradición oral) en décadas pasadas eran personas de avanzada edad, cuyos decesos naturales fueron vinculados de manera supersticiosa al folclor del municipio Carlos Arvelo.

 

***

TE INTERESA:

A buen entendedor | «Al que asa dos conejos»…

 

Si quieres ampliar y conocer más noticias como esta, síguenos en nuestras distintas plataformas digitales:

FACEBOOK       INSTAGRAM       TIKTOK       YOUTUBE       WHATSAPP       TELEGRAM

 

Ciudad Valencia / Diego Trejo / RN