Dialéctica de las miradas | Jorge Álamo Homsy

Dirigimos nuestro foco de atención hacia el mundo y, en realidad, nos encontramos a nosotros mismos, pero además encontramos al prójimo, nos topamos con la mirada de los demás. Es cuestión de conocer lo que tengo ante mí o, para decirlo con Berkeley: «Ser es ser percibido».

Sé, por cierto, que aquel otro ser humano es tal porque, al contrario de los objetos mundanos, y al encontrarse su mirada con la mía, se me resiste, saca a la luz el aguante que reviste el núcleo de su libertad, oponiéndose al dictamen de mis ojos.

Asimismo, sé que existo por la simple razón de que hay otros seres (humanos) iguales a mí. Comprendo mi condición (humana) porque me hallo bajo la mirada fulminante del prójimo, que funciona por eliminación de contenidos, como diciendo: «Si eso que veo no soy yo, pero tampoco es un objeto, entonces debe ser otro humano».

 

DEL MISMO AUTOR: VIVIR ES LUCHAR 

 

Y al proceder así, el prójimo hace de mí una cosa (o eso intenta, mejor dicho), colocándome en un lugar determinado, definiéndome como algo ajeno a él mismo.

En la mirada que una persona dirige a otra no hay sino un lenguaje, y en el momento en que se observa directo a los ojos hay entonces comprensión. Se trata del instante de un descubrimiento: ¡Hay aquí vida!

Puedo reclamar del prójimo un rol, una función con el solo hecho de observarlo, haciendo de él un artificio de mi imaginación, deseo o ambición. La mirada es el terreno de batalla, dos voluntades frente a frente, luchando por hacer de la otra parte un instrumento de su intencionalidad.

Es decir: en tanto mis ojos reducen al otro a la condición de ente en el mundo, de cosa entre cosas, puedo estar seguro de que es humano porque hay en él una libertad que se resiente, que evita con todas sus fuerzas la cosificación, la definición, que actúa movido por sus propias causas internas, al contrario de los entes, que siempre se definen en relación a otro objeto.

Una persona es tal porque actúa dinamizada mediante la autonomía de su ser. Las cosas —una piedra, una bicicleta, un lápiz— carecen de ella. Mirar al prójimo a los ojos quiere decir adentrarse en el abismo de su alma, en la tiniebla de su libertad. O bien cae rendido frente a nuestro poder, o bien se revela contra nosotros.

Por ello, tu mirada refleja lo que hay dentro, una verdad personal, pero sobre todo devela quién (o qué) soy yo para ti. La mirada existe para extraer de ella lo que yace oculto bajo la piel y los huesos, o bien para interpretar el guion que le ha sido dado de antemano.

Las miradas se baten a duelo en una danza guerrera, y con ágiles movimientos desarman a la contraparte, esperando reducir sus resistencias a escombros, arrancándole su verdad desde la hondura de sus entrañas.

Decir: «Me hallo bajo el influjo de tus ojos» es confesar una derrota, la de la propia voluntad, es admitir que se ha ido al encuentro con el prójimo y que de ahí se ha podido concluir una dulce derrota.

 

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Jorge Álamo Homsy-columnista-Ciudad VLC

Jorge Álamo Homsy (Valencia, Venezuela, 1993, @alamohomsy) es psicólogo egresado de la Universidad Arturo Michelena (UAM), autor además de relatos de ficción e intérprete del bajo eléctrico.

Entre 2021 y 2023 se dedicó a escribir textos narrativos de los cuales surgió el libro de cuentos La canción del trueno, presentado en la Filven Carabobo 2025. 

A principios de 2026 dio a conocer, tanto en formato digital como físico, dos nuevas obras literarias: Los ángeles púrpuras (micro-relatos) y Las pasiones y los días (novela).

 

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