Un congreso de geólogos del futuro
En el congreso de geología futurista realizado hace una semana en el centro de conferencias del resort The Woodlands en Houston, Texas (EEUU), el pasado 18 y 19 de mayo, se congregaron los miembros de la Asociación de Geólogos Petroleros Norteamericanos (AAPG, por sus siglas en inglés) con la delegación venezolana, y juntos hicieron “el horóscopo” de nuestro territorio.
El evento lo inauguraba el Subsecretario de Energía y lo cerraba el Subsecretario del Tesoro, con participación en las mesas de trabajo de autoridades venezolanas (autoridades académicas y ministeriales). Los patrocinantes se clasificaban en oro, plata y bronce. De oro eran Lumina, Halliburton, Repsol…
La geología, ciencia del presente y del pasado (las placas tectónicas continentales, sin embargo, se mueven), se orienta en años, en décadas… y la tierra firme que Colon (etimología de colonizador) vio como “tierra de gracia” se estima para planes y proyectos tallas S, M, L y XL (extra largo plazo).
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En el evento, los protagonistas son el suelo y el subsuelo patrios y sus yacimientos. ¿Y los seres humanos?…, solo dentro del mercado, el superestructural derecho, o la abstracta geopolítica. Es un evento de geólogos, no de sociología, y de tecnologías emergentes extractivas. Hasta aquí brilla por su ausencia, Tácito dixit, la inteligencia artificial (IA).
El próximo evento no anunciado será sobre la IA y Venezuela, de hidrología y tecnólogos: del subsuelo al cielo, más de financieros que de industriales, es decir, del oro, el viejo metal que financia el nuevo capital intelectual, y de full agua, que enfría millones de circuitos calientes por la energía del petróleo.
Los tres elementos, la constelación, que posibilitan las fábricas gigantes de IA para la guerra digital: oro, agua y petróleo (energía) están en el sur de Venezuela. Aquí tampoco interesan ni la gente ni el ambiente. Las fábricas de IA en la frontera de México con USA necesitan ser mudas, pues deterioran el ambiente por el calentamiento y terminan secando los ríos.
Las poblaciones más bien estorban, pues de lo que se trata es de fábricas totalmente automatizadas que dejarían corto cualquier sueño (o pesadilla) de ciencia ficción. En la nueva «Guerra del Peloponeso» entre USA y China (potencia emergente), necesitan los gringos a Venezuela en su parte del tablero. No es solo petróleo… o es petróleo más agua y oro.
En esta alquimia política, en esta nueva tabla periódica, la gente tampoco parece tener importancia. De ahí el riesgo del genocidio, y por tanto de la necesidad imperiosa de no dar pretexto para ello. Hay que preservar la vida, el ambiente, la gente.
Hay que potenciar la Diplomacia de Paz: no dar oportunidad al “territorio sin población” para las fábricas de IA y demás planes sin cumbres ni simposium, ni congresos geológicos distractores. Luego, más Gandhi y menos Lenin, por ahora…
Y ese es el camino de nuestra presidenta (E), Delcy Rodríguez, en el cual la acompañamos. Un camino que se hace al andar, una peregrinación en el tiempo.
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Pedro Téllez (Valencia, 1966): Psiquiatra y escritor. Egresado de la Escuela de Medicina de la Universidad de Carabobo, donde también cursó las Maestrías de Historia de Venezuela y Literatura Venezolana. Ha sido profesor de estética en la Escuela de Arte «Arturo Michelena» y coordinador del Postgrado de Salud Mental en el Hospital Psiquiátrico de Bárbula.
Ha formado parte del comité de redacción de las revistas Poesía y La tuna de oro. Entre sus libros se encuentran: Añadir comento (1997), Fichas y remates (1998), Tela de araña (1999), La última cena del ensayo (2005), Un naipe en el camino de El Dorado (2007), Elogio en cursiva del libro de bolsillo (2007), Valencia sulaco (2019).
Ciudad Valencia/RN











