Antiguo Hospital Civil de Valencia-Vestigios del Pasado-Diego Trejo

Gracias a los aportes del médico Fabián de Jesús Díaz, quien fue profesor universitario e historiador, nacido en la ciudad de Valencia, estado Carabobo, el 15 de agosto de 1908, podemos ver dentro del contexto médico la historia del antiguo Hospital Civil de Valencia.

Como escritor se ocupó de asuntos propios de su profesión, de investigar y dar a conocer la historia de la medicina en Venezuela, así como la trayectoria de los médicos de los estados Cojedes y Carabobo.

Perteneció al Colegio de Médicos de Carabobo, institución de la que fue presidente, y fue designado miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina (1948), de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina (1956) y de la Academia Nacional de la Historia (1967). Así que el Dr. Fabián de Jesús Díaz es una excelente fuente para conocer con más detalles la historia del antiguo Hospital Civil de Valencia.

 

Antiguo Hospital Civil de Valencia-Vestigios del Pasado-Diego Trejo

 

Antecedentes de la construcción del Hospital Civil de Valencia

Todo empezó porque el cuerpo médico de la ciudad consideraba que era hora de proceder a la construcción de un nuevo hospital, pues las salas del Hospital de la Caridad ya eran insuficientes. Pero para hacer esto, se requería una acción conjunta de los poderes públicos legislativo, ejecutivo y municipal. Gracias al entusiasmo de los doctores Luis Pérez Carreño, Atilano Vizcarrondo y Manuel Quintana la obra fue decretada y se echó a andar.

La primera fecha que debemos mencionar fue el 28 de febrero de 1895, cuando  la Asamblea Legislativa de Carabobo decretó la fundación de un hospital civil para el estado. Para ese entonces se estimaba que tuviera capacidad suficiente para 200 enfermos. Se dispuso la creación de una junta directora nombrada por la Asamblea Legislativa, compuesta por una junta de médicos y ciudadanos responsables de la ciudad, y encabezada por el presidente del estado, el General José Félix Mora, de intachable lealtad al presidente General Joaquín Crespo, que ahora se unió entusiastamente al proyecto para darle carácter de inmediata realización.

 

 

Esta junta debía levantar el plano del edificio y satisfacer todas las condiciones que los adelantos de la época señalaban para los mejores hospitales. Escogerían el sitio adecuado para la construcción, manejarían los fondos acordados, debiendo levantar previamente el presupuesto de la obra. El proyecto era, en consecuencia, ambicioso, por encima de las posibilidades de aquel momento. Pero era que se palpaba entonces un sentimiento de auténtico resurgimiento y progreso en las esferas de la medicina carabobeña.

 

Principales aportes para la construcción del hospital

Gracias a este entusiasmo, no solo de los médicos, sino de los entes gubernamentales que aportaron para la obra, bastará mencionar el caso del Consejo Municipal de Valencia, cuyo presupuesto de gastos en la partida mensual para el sostenimiento del hospital de la caridad no alcanzaba a 4.000 bolívares, para 1896 ya se registraba una erogación de 5.000 bolívares mensuales como aporte a la construcción del nuevo hospital. Para 1897, la misma partida se elevó considerablemente a 6.000 bolívares.

El ingeniero director de los trabajos fue el Dr. Pedro Torres, y  se estipuló el monto de los trabajos de construcción en 210.000 bolívares. Esto sería pagado por mitad entre el Ejecutivo del Estado y el Consejo Municipal. La dotación se calculó en 38.000 bolívares. En todo momento, el presidente del estado, el General José Félix Mora, alentó y colaboró de inmediato para la feliz culminación de esta obra.

 

El nuevo hospital fue construido en la parte occidental de la ciudad, en una explanada conocida con el nombre de El  Hemiciclo, la cual era propiedad de Don Domingo González y Capote. Actualmente esto corresponde al cruce de las calles Cantaura y Escalona. El terreno fue donado por la municipalidad de Valencia.

El ejecutivo del Estado firmó contrato con la firma «Torres de la Ville y Compañía» de Caracas. Fue entonces cuando el 1ero de enero de 1897 se procedió a la inauguración del nuevo Hospital Civil de Valencia. Lo bendecía solemnemente el vicario de Valencia, el padre Francisco Pérez. El discurso de orden corría a cargo del Dr. Arminio Borjas, profesor de la Universidad de Carabobo, destacada figura del poder judicial. Y cuando todavía se adelantaban gestiones tras la apertura, la ciudad registró un brote epidémico de viruela.

 

Conociendo la antigua infraestructura

La edificación era amplia y majestuosa, en su parte frontal a la entrada principal, daba acceso a una escalinata ancha y cómoda; a la derecha de la entrada, el pabellón de cirugía y los departamentos de las hermanas. A la izquierda, la sala de consultas externas, la farmacia y la capilla.

Los pabellones de hospitalización, en número de cuatro, se colocaban dos a la derecha destinados a los hombres y dos a la izquierda para las mujeres. Un jardín a cada lado separaba unos y otros, era en pequeño el mismo sistema de pabellones aislados utilizados en el Hospital Vargas de Caracas. Cada uno era capaz de albergar hasta 40 pacientes.

Al fondo del gran patio central aparecía la cocina y sus dependencias anexas. Las pequeñas salas a la izquierda estaban reservadas a la intendencia. Había una puerta central que daba a la llamada hoy calle Padre Alfonso. La edificación era a base de paredes de adobe, los techos utilizaban vigas y cañas bravas cubiertas por tejas, era el sistema entonces en boga.

 

Los primeros retos que afrontó el Hospital Civil de Valencia

El gremio médico y el Consejo Municipal dispusieron la rehabilitación del nuevo Hospital Civil para «degredo…». Importante destacar que «degredo» significa: lugar fuera del poblado que se destinaba para hacer la cuarentena a los que venían de parajes infectados o sospechosos de enfermedad contagiosa.

Por este motivo se nombró médico del hospital al Dr. Luis Pérez Carreño, quien de inmediato se separó de la presidencia del ayuntamiento, renunció a sus múltiples compromisos profesionales y se internó en el hospital. Colaboración inmediata prestaron a Pérez Carreño las Hermanas de la Caridad, así como los doctores Briceño Picón y Plaza Madriz, y el presbítero Félix Andrés Bergeretti, director del Colegio Don Bosco, quien no redujo su colaboración a los servicios espirituales esforzándose igualmente en la mejor asistencia de los recluidos.

Los enfermos llegaron a contarse hasta en 500 pacientes, lo que se tradujo en un verdadero hacinamiento, por lo que las autoridades debieron iniciar las gestiones conducentes a un nuevo degredo o traslado de pacientes.

Cesada la epidemia, las puertas del hospital permanecieron cerradas por tiempo prudencial. De acuerdo a los datos consignados por Pedro Izaguirre Izaguirre, los degredos pasaron a 2.141 enfermos de los cuales murieron 607, sin embargo, esta etapa fue completamente superada.

A medida que pasaba el tiempo, para el año de 1908, por decreto del Dr. Samuel E. Niño, presidente del estado, fueron construidos dos nuevos pabellones, uno a la derecha y el otro a la izquierda, con capacidad para 40 enfermos.

Para los años 1923 a 1924 fue dotado el hospital de un aparato de Rayos X, adquirido por el ejecutivo del Estado, confiándose su manejo al Dr. Felipe Contreras Troconis. El Dr. Ravelo Pérez tuvo a cargo la asistencia de los partos, más no se llegó a abrir una sala especial para su atención.

 

Después de la muerte del presidente Juan Vicente Gómez

En el año de 1936 comenzó una nueva etapa para el hospital, ya que en diciembre del año anterior había muerto el general Juan Vicente Gómez, y como una secuela de esto, se abrían nuevos horizontes y perspectivas en el país. El sistema hasta entonces imperante había limitado, y en el interior del país hasta eliminado, las obras relacionadas con la asistencia social.

Solo los municipios se interesaban al respecto, de allí que al iniciarse una nueva era en la vida de Venezuela el gremio médico acudiera presuroso y cargado de iniciativas en pro de una mejor asistencia hospitalaria. En Valencia, este movimiento tuvo como características primordiales la espontaneidad, la coordinación y la unanimidad.

Los médicos de la última generación, aunados a médicos con largos años de ejercicio, concurrieron a la radio, a las columnas de la prensa y a  los actos y asambleas multitudinarias para exponer la situación crítica de los hospitales y demandar tanto el respaldo de la sociedad como de la ciudadanía responsable.

La respuesta no se hizo esperar, los donantes fueron encabezados primero por el presidente de la república, el General Eleazar López Contreras, quien de visita a la ciudad efectuó al hospital un aporte de 2.000 bolívares. El señor Santiago Sarquís, comerciante mayorista, envió 30.000 bolívares a nombre del Ejecutivo del Estado. El general Ernesto Velasco Ibarra envió 1.000 bolívares.

Hubo una disposición testamentaria de Don Alejandro Blaubach, por un monto de 5.000 bolívares, y el industrial Don Ricardo Degwitz donó la mesa de operaciones con su correspondiente lámpara dialítica; el señor Francisco de Sales Branger donó una lámpara de cuarzo.

Del mismo modo se promovieron rifas, verbenas y tómbolas lográndose una recaudación de hasta de 12.000 bolívares, que fueron invertidos junto a los otros aportes en trabajos de refacción del edificio.

Pero la respuesta más entusiasta radicó en la actitud amplia y generosa del Consejo Municipal; es necesario destacar los nombres de Emiliano Ascunes, Simón Arocha Pinto, Nicolás Figueredo Boggio y J. J. Acosta, quienes se empeñaron en ser partidarios decididos en la restauración y dotación del Hospital Civil.

Se construyeron sólidos departamentos al fondo de la vieja edificación en el lado izquierdo, destinados para quirófano, laboratorios y una nueva unidad de radiodiagnóstico. El amplio salón, hasta entonces ocupado en la parte frontal por el pabellón de cirugía, pasó a servir de sede de servicio de otorrinolaringología, las nuevas dependencias fueron bendecidas por monseñor Gregorio Adán, obispo de la Diócesis de Valencia; era presidente del Estado Don Salvador Carvallo Arvelo, quien atendiendo a un planteamiento de los médicos del instituto ordenó la pavimentación de las cuadras que conformaban el perímetro del hospital.

Había aire y ambiente de renovación en todos los niveles la municipalidad, se creó el cargo de médico inspector de los hospitales designando para desempeñarlo al Dr. Ramón Sifuentes; era simultáneamente director del hospital. Ambas funciones pasarían a ser desempeñadas por el Dr. Alfredo Celis Pérez, quien se constituyó en el gran animador y propulsor del movimiento de renovación hospitalaria.

Se abrieron las consultas externas de medicina, de cirugía y de otorrinolaringología, se crearon dos plazas para residentes de disponibilidad, lo que vino a constituir una verdadera novedad dentro de la estructuración de servicios hospitalarios de la unidad. Del mismo modo, se adquirió una ambulancia de permanente servicio, que complementaba el incipiente departamento de emergencias.

 

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Pese a su modernización, aun así no fue suficiente

En su etapa final, el Hospital Civil ofrecía un cupo de 212 camas. Todavía seguía una demanda muy alta por la colectividad. El personal médico lo integraban 20 doctores, dos laboratoristas, un farmacéutico titular y 17 enfermeras. Los pacientes del Hospital Civil, a mediados del año 1949, fueron trasladados al Hospital Central de Valencia, por lo que pasó a recibir solo enfermos tuberculosos, quedando a cargo de los doctores Víctor Yéspica, Carlos Ortega y Bruno Innocenti.

Con este carácter, se mantuvo en pie hasta el año 1955, en que fue demolido, y estaba bajo el control administrativo del Comité de Defensa Antituberculoso. En años anteriores, mientras se adelantaba la construcción del Hospital Central, se pensaba que este viejo edificio se destinaría para residencia de crónicos, pero esto no sucedió así, sino que también fue demolida la edificación que años atrás fuera orgullo del cuerpo médico de Valencia; durante los 58 años de servicio el Hospital Civil pudo señalarse como centro de progreso médico y quirúrgico de la ciudad.

En sus pasillos, concurrieron los estudiantes de medicina de los últimos años en el período correspondiente a las vacaciones, uno de los más asiduos entusiastas fue el bachiller Luis Fernando Wadskier, quien andando el tiempo llegaría a ser una de las primeras figuras del cuerpo médico de Carabobo.

 

Diego Trejo (Vestigios del Pasado) / Ciudad Valencia