Delfín Martell-Espacio y Tiempo sonoro- en transición y cierre de ciclos

El mal, la guerra y el sonido como factor asimétrico, pero en conexión ancestral son temas de análisis en tiempos de conflicto o paz.

En el universo todo está sometido a un constante movimiento y consecuencialmente a un ritmo perpetuo.

El arte de la guerra, como arte está imbuido en estrategia y sabiduría milenaria y ancestral.

La mejor referencia la muestra el Maestro Sun Tzu, estratega militar chino del siglo V a.C.

Considero, en lo personal, que su manual está  conformado por 13 capítulos y que aborda tácticas, liderazgo, espionaje, terreno, fuego, y más.

A manera de comentario las principales claves del manual podemos resumirlas:

“Vencer sin luchar es la forma suprema de victoria, conocerte a ti mismo y a tu enemigo, ya que la guerra se basa en el engaño: aparentar debilidad cuando eres fuerte, y viceversa. El otro aspecto fundamental del manual está en el término; “Adaptabilidad: el comandante debe ser flexible ante las circunstancias cambiantes, un aspecto primordial que frecuentemente los comandantes de unidades militares siempre obvian”. Finalmente el uso del entorno, aprovechando el terreno, clima y las condiciones para obtener ventaja sobre el enemigo.

Este decálogo de reglas no sólo se aplica en conflictos bélicos, sino también en negocios, política, liderazgo y desarrollo personal.

En otro orden, pero conectado al tema…

El arte del sonido, elemento de equilibrio, está presente en el arte de hacer guerra y el sonido como arte va más allá de la música. Es una forma de expresión que puede equilibrar emociones, espacios y percepciones.

Ahora bien, el arte del sonido no incluye paisajes sonoros, instalaciones acústicas, y composiciones que exploran el entorno auditivo.

Este arte en sus códigos genera equilibrio emocional, el sonido puede inducir calma, concentración o energía.

Se usa en terapias como la musicoterapia, audioterapia y fonoterapia.

En su interacción con el espacio el sonido transforma ambientes, como en el teatro, cine o danza.

La música desarrolla una conciencia auditiva y permite conectarse con el entorno y con uno mismo. En la vida cotidiana, sonidos naturales como el agua o el viento pueden inducir estados meditativos.

Reflexionemos sobre la antítesis de la guerra que está representada por el ritmo y el movimiento perpetuo. “El mal, en lo que tiene de realidad, es el desorden. En presencia del orden eterno, el desorden es esencialmente transitorio. En presencia del orden absoluto, que es la voluntad de Dios, el desorden es apenas relativo”.

La afirmación absoluta del desorden y del mal esencialmente es mentira.

La afirmación absoluta del mal es la negación de Dios, puesto que Dios es la razón suprema y absoluta del bien. El mal, en el orden filosófico, es la negación de la razón y el orden social es la negación del deber.

En el orden físico, es la resistencia a las leyes inviolables de la Naturaleza. “El sufrimiento no es un mal sino la consecuencia y, casi siempre, el remedio del mal”.

En contacto con el universo del sonido y el arte de la guerra

Este universo une dos mundos que parecen opuestos: la música, expresión de emociones y belleza, y la guerra, conflicto y estrategia.

Pero indudablemente tienen una historia compartida más profunda de lo que muchos imaginan.

Naveguemos un poco en los códigos de la música en el contexto bélico. Les comento que en muchas culturas, la música ha sido utilizada para elevar la moral de los soldados antes del combate. Himnos, marchas militares y tambores crean unidad y determinación.

Pero el arte del sonido en sus códigos es comunicación táctica, les explico, antes de las telecomunicaciones modernas especialmente la música y el ritmo a través de instrumentos de percusión como tambores y de viento metal  como las trompetas se utilizaron para dar órdenes en el campo de batalla. “Un ejemplo de esto lo reorienta la obra del Maestro, Pedro Elias Gutiérrez Hart. “Sinfónica Carabobo”, dónde resume éste todos los códigos o mal llamados “toques” que transmiten órdenes para movilizar las fuerzas en el campo de batalla.

Hay aspectos fundamentales en la estética musical como son las composiciones que han servido para alimentar el espíritu nacionalista, justificar guerras o demonizar al enemigo.

Sobre el  luto y recuerdo, después del conflicto, la música también tiene un papel vital en ceremonias conmemorativas, homenajes y sanación emocional.

La filosofía y la  estrategia alimentan como herramientas indispensables las conexiones más sutiles. El ejemplo está en el ritmo como estrategia: Es importante tomar como referencia en el tema analizado que en la música, al igual que en la guerra, se requiere entender el concepto musical de las palabras tiempos, pausas, intensidad.

El maestro Sun Tzu en el “arte de la guerra» habla de ritmo y oportunidad, conceptos que también resuenan en la composición musical.

Un binomio fundamental en la estética musical, entendiendo que la composición y la  improvisación son aliados del arte del sonido, es decir que música y estrategia comparten la tensión entre seguir una estructura planificada o improvisar según el entorno y las reacciones del “auditorio” o enemigo.

 

A continuación les dejo ejemplos históricos y culturales sobre el tema:

En Esparta a través de sus flautistas: Los guerreros marchaban al ritmo de fórmulas melódicas para mantenerse alineados y coordinados. Las marchas, otro modelo a seguir, tomando como fuente a John Philip Sousa, (EE.UU) y sus obras musicales, composiciones que ayudaron a definir el estilo sonoro militar y muchos más.

 

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Autores académicos como Richard Wagner (Alemán), Dimitri Shostakovich (Ruso), Aldemaro Romero y Pedro Elías Gutiérrez Hart.

Aquí comparto algunas referencias, es más, hay compositores venezolanos que se destacan como autores de música para el género de música militar, en su mayoría suboficiales de la Armada, Aviación, Ejército y Guardia Nacional.

 

Ejercicio:

Visualizar: 

Color anaranjado

Obra musical:

La Epopeya de Bolívar 

(Obertura)

Compositor:

Aldemaro Romero 

Título del álbum: 

La Epopeya de Bolívar 

(1970)

Interpreta:

Orquesta Sinfónica de la Juventud Venezolana Simón Bolívar

Conductor orquestal:

Alfredo Rugeles

Lugar de presentación: 

Sala Ríos Reyna, Teatro 

Teresa Carreño, Caracas

 

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Delfín Martell González es licenciado en Arte, mención Dirección Orquestal, con Maestría en Antropología Cultural, por el Instituto Politécnico de Arte Manuel de Falla, San Juan de Puerto Rico-Puerto Rico. También es productor y conductor de radio y TV, y actualmente conduce el programa radial “Cápsula Sonora” por la señal de la emisora valenciana Arsenal 88.9 FM, así como también el programa «Venezuela en concierto, un tesoro musical», a través de la emisora comunitaria La Voz de los Tacariguas 99.7 FM en el municipio Los Guayos (Edo. Carabobo).

 

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