Cuando Saturnino Orestes Arrieta Armas Miñoso llegó a las Grandes Ligas en la temporada de 1949, a raíz de suprimirse la perversa barrera racial en el beisbol de los Estados Unidos, dijo que tenía 27 años de edad, pero según la mayoría de sus compatriotas, ya hacía más de 10 años que era estrella en la pelota profesional de Cuba, su país de origen.

Como en el caso del legendario Satchel Paige, la edad de Miñoso siempre ha sido un genuino misterio, pues la verdad es que ambos brillantes peloteros son más viejos de lo que declaran públicamente.

Entre los beisbolistas retirados de las Mayores, Minnie es considerado entre los más populares y mejores peloteros latinoamericanos de todos los tiempos, sino el mejor.

Su agresividad y espíritu de combate fueron proverbiales, erigiéndose como un jugador espectacular que dejó muy gratos recuerdos a todos los fanáticos en general.

En su juventud, Miñoso era un humilde cortador de caña en una finca azucarera ubicada en la localidad de “Pericos”, cerca de La Habana, donde los domingos jugaba a la pelota descalzo, con el objetivo de pasar el rato.

Hasta que un día, sus amigos del barrio lo convencieron a convertirse en beisbolista profesional.

De esta manera, el joven Orestes participó y brilló con luz propia durante muchos años en los famosos Campeonatos Invernales de Cuba, que se celebraban de octubre a marzo de cada año, alternando allí con consagradas estrellas antillanas y estadounidenses, figurando siempre entre los mejores bateadores, sin bajarse jamás del potro de los .300 puntos de average.

 

Orestes Miñoso

 

Cuenta la historia que, en realidad, Minnie Miñoso debutó como pelotero titular en las Grandes Ligas en 1951, con 29 años de edad, ya que en 1949 sólo disputó 9 partidos.

Al principio de esa memorable campaña de 1951, luego de actuar durante una semana con los Indios de Cleveland, fue cambiado a los Medias Blancas de Chicago en la propia Liga Americana.

Ese año, por demás brillante, además de conectar para .326, se alzó con la corona de líder en robos de base, marcando pauta con su manera espectacular de correr las almohadillas, y repitiendo su hazaña en 1952 y 1953.

 

Su intrépida forma para arrimarse al home-plate le valió ganar, durante 10 temporadas consecutivas, el dudoso privilegio de recibir más “dead balls” del pitcher contrario, para establecer así varias marcas, como la de 1956, donde le pegaron 23 pelotazos, la mayoría de ellos en la cabeza.

Durante una entrevista ofrecida a un periódico neoyorquino, Miñoso habló sobre esta peculiar situación:

“Aunque no tengo las pruebas en mi mano, me parece que estos sanguinarios pelotazos que me lanzan directamente a la cabeza, son intencionales. Ojo, que no culpo a los pitchers. Ellos sólo cumplen las órdenes de sus mánagers. Lo hacen, simplemente porque soy negro, y para colmo latino. Y eso no gusta a las cúpulas que manejan este negocio. Pero aquí estoy, para demostrarle al mundo, que los beisbolistas negros del Caribe, somos mejores peloteros que los gringos blanquitos. Se trata no sólo de beisbol, sino de una guerra contra el racismo que impera por estos lares. Prefiero morir de un pelotazo en la cabeza, a que los medios digan que me volví a Cuba por miedo. Gracias a Dios, tengo la cabeza bien dura, y un ánimo a toda prueba”.

Orestes fue un destacado slugger, pues entre los 1.962 inatrapables que conectó en las Mayores, figuran 336 tubeyes, 83 triples y 186 cuadrangulares.

Fue líder de la Liga Americana en hits en 1960, dobles en 1957 y triples durante las temporadas de 1954 y 1956, pudiendo convertirse en el primer jugador negro en alcanzar los 2 mil imparables en las Grandes Ligas, al quedar a sólo 38 de esa meta.

Su promedio general al bate siempre fue superior a .300, excepto su último año como pelotero activo, cuando su proyección decayó notablemente al no responderle las piernas.

 

 

Con hombres en base, Miñoso siempre fue un bateador oportuno y peligroso, pues empujó más de cien carreras durante varias temporadas, en una época donde los Medias Blancas no tenían un line up consistente, capaz de embasarse regularmente, salvo los míticos Nellie Fox y nuestro Alfonso “Chico” Carrasquel.

A la defensiva, como leftfielder y tercera base, “El orgullo de Perico” no fue ninguna maravilla, pero suplía con creces cualquier deficiencia gracias a su notable velocidad y poderoso brazo.

En 1959 y 1960, Miñoso fue seleccionado por la Asociación de Escritores de Beisbol de Estados Unidos como el mejor jardinero izquierdo de ambas ligas, y en otras ocasiones sólo quedó detrás de Ted Williams en la votación.

 

Aunque sus numeritos en Grandes Ligas no reflejan con exactitud sus grandes facultades deportivas, debido a que cuando Minnie llegó al Big Show ya había visto pasar sus mejores días, este humilde, aguerrido y simpático cubano, quien gracias a su temple de acero lo convirtieron también en ídolo de los fanáticos estadounidenses, constituye un legítimo motivo de orgullo para todos los latinos.

Orestes “Minnie” Miñoso ha sido el único pelotero en la historia de las Grandes Ligas en haber participado como jugador en cinco décadas distintas, ya que su primer juego fue el 19 de abril de 1949 y el último el 5 de octubre de 1980.

En el año 2022 fue exaltado al Salón de la Fama de Cooperstown por el Comité de Veteranos.

 

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Lamentablemente, Orestes no pudo disfrutar de este genuino acto de justicia a su labor dentro y fuera del terreno de juego, porque falleció en 2015.

Y como diría algún pintoresco sabermétrico cultor de la pelota manfrediana: “Son cosas del beisbol”.

 

Claudio González Luna / Ciudad Valencia