El cine no siempre nace en las grandes salas ni bajo el fulgor de las alfombras rojas; a menudo, su pulso más honesto late en el corazón de las comunidades. El cine comunitario se erige como una herramienta fundamental de soberanía audiovisual, resistencia cultural y transformación social.

A diferencia del cine comercial —enfocado en el entretenimiento masivo o la rentabilidad—, la vertiente comunitaria democratiza la mirada: permite que los propios habitantes de un territorio dejen de ser espectadores pasivos y se conviertan en autores de su propia historia.

En sociedades fracturadas o invisibilizadas, esta corriente narrativa rescata la memoria colectiva, dignifica la identidad local, visibiliza los saberes populares y preserva el testimonio de quienes construyeron el tejido cotidiano de nuestras urbes. Hacer cine comunitario es, en esencia, un acto de amor urbano: un ejercicio donde la cámara no juzga ni impone, sino que escucha, abraza y perpetúa el legado de un pueblo.

 

LEE TAMBIÉN: ÉRIKA PARACARE: EL SABOR DE LA MEMORIA, UN HOMENAJE A LA DULCERÍA CRIOLLA

 

​María Ysabel Vargas es cronista, reportera gráfica y cineasta carabobeña. Con una sensibilidad profundamente arraigada en su comunidad y una determinación inquebrantable, ha transformado el lenguaje audiovisual en un ejercicio de acción social y dignificación histórica. En esta conversación profunda y cercana, la creadora nos comparte los senderos de su vocación, el peso amoroso del legado familiar y los retos cotidianos de narrar desde el territorio.

 

 

¿Cómo fue tu primer acercamiento al cine comunitario y qué fue lo que te motivó a enfocar tu carrera en esta corriente narrativa e impulsarla desde la acción social?

Crecí viendo a mi papá hacer cine comunitario y decidí honrar esa labor continuando con su legado. En el estado Carabobo no existe un lugar donde los cineastas podamos exhibir adecuadamente nuestro trabajo, ¡y decidí hacer algo para cambiar esa realidad!

 

En tus primeros proyectos en el territorio, ¿cuál fue ese instante o revelación que te hizo entender que el audiovisual podía ser una herramienta de transformación comunitaria y no solo entretenimiento?

Todo comenzó cuando asistí a una charla para celebrar el Día Internacional del Fotógrafo, el 19 de agosto de 2025, en Fundatur, llamada La fotografía: mirada de cronista y de historia. Desde ese instante supe que eso era exactamente lo que deseaba hacer. El profesor Orlando Baquero sembró en mí esa semilla e comencé a trabajar en el proyecto Pedrozo, para honrar a mi papá, quien se llamaba Pedro Vargas y a quien cariñosamente le decían «Pedrozo». Fue el inicio de unos recorridos fotográficos en la urbanización Fundación Mendoza, donde resido, del 20 al 22 de agosto, con un taller de fotografía básica de la mano del profesor Martín Ústariz.

Luego de ese primer taller, realizamos un segundo taller los días 19, 20 y 21 de noviembre. De esa caminata fotográfica obtuvimos 1.700 fotografías de la urbanización. Queríamos hacer una documentación profunda de cómo fue la Fundación Mendoza en sus inicios y cómo es ahora, observando detenidamente la arquitectura y a sus habitantes. Pudimos detallar casas que estaban en su estado original y, por supuesto, algunas edificaciones de tres plantas en las que variaba mucho la concepción original del proyecto urbanístico, el cual fue concebido inicialmente para una población de bajos recursos que trabajaba para las Empresas Mendoza. Mis padres trabajaron para esas empresas y aplicaron a esos créditos, especialmente mi mamá, a quien el propio señor Eugenio Mendoza le preguntó en su momento dónde quería trabajar, ¡y ella le respondió que en ese lugar!

Para el mes de enero observé la oportunidad de inscribirme en un Diplomado de Cronistas Comunales, el cual acabo de finalizar este 12 de octubre en el municipio San Diego. Mi intención era tomar todas las fotografías de los recorridos del año pasado y hacer primeramente una selección de ese material para honrar a maestros, músicos, cantantes y artistas de la zona. De hecho, ya he realizado trabajos documentales de varios vecinos. Hice un documental llamado Nailet, la muñeca de mis sueños, donde muestro los saberes de Benigna, una vecina de 80 años que se dedica a hacer hermosas muñecas de trapo. Hice también otro documental sobre Dante, un vecino querido que estuvo con nosotros por muchos años y cuyo audiovisual acabo de estrenar recientemente en el Teatro Municipal de Valencia, en el marco del 4.º Festival de Cine Independiente Valencia 2026.

 

cine comunitario-festival-Siugza

 

¡El audiovisual y la fotografía representan un trabajo de acción social hermoso! Permiten mostrar las historias de personas de la propia comunidad, y eso me inspira profundamente; siento que está totalmente alineado con mi propósito de vida. Me hace muy feliz poder continuar este proyecto que inició como un recorrido fotográfico, que tuvo exposiciones itinerantes dentro de la Fundación Mendoza y en varios museos, hasta que llegamos al cine comunitario, el cual inauguramos en el mes de junio.

Mi papá murió de cáncer cuando yo tenía 18 años de edad, pero me dejó un legado inmenso que siento la necesidad de continuar. Crecí viéndolo fotografiar y grabar películas de los vecinos en juegos deportivos o en su cotidiano vivir; luego los invitaba a la casa para que observaran las películas y las fotos. ¡Era un momento de encuentro muy hermoso! Disfrutábamos en familia junto a los vecinos viendo aquellas películas que en esa época eran mudas.

Yo quisiera rescatar esa memoria, porque sufrí un accidente en la cabeza que me dejó como secuela algunas dificultades con mis recuerdos. Por eso, para mí son sumamente importantes esos ratos y esas memorias, poder rescatarlas. De hecho, utilizo la fotografía como una herramienta fundamental para mi vida cotidiana: es lo que me permite recordar y funcionar adecuadamente. ¡La tengo como una herramienta vital!

 

​A lo largo de tu formación y práctica, ¿qué procesos pedagógicos consideras indispensables para enseñar el lenguaje audiovisual a una comunidad sin imponer una visión externa?

Bueno, la verdad es que no me gusta imponer nada cuando realizo un proceso de enseñanza o de aprendizaje, muy especialmente en la parte audiovisual. Creo que debe ser un proceso de autoexploración, tanto con la cámara como, en algunas ocasiones, con los teléfonos celulares. Pienso que es una forma práctica y sencilla —gracias a que hoy cualquiera tiene un celular— de enfocar ese aprendizaje hacia un trabajo social que rescate la memoria comunitaria, en especial de esas personas que aún permanecen con nosotros, algunas de las cuales no viven en las mejores condiciones. Es poder rescatarlas, hacer un trabajo de honrar su vida y dar a conocer su legado, su esfuerzo y sus aportes como docentes, músicos o artistas. Creo que es una forma muy bonita de mostrarle a la generación de relevo lo rico y valioso que tenemos en nuestra comunidad.

 

 

Tengo una experiencia de más de 15 años haciendo documentación testimonial, y es aquí, en esta faceta como cronista, donde puedo reunir efectivamente todos esos saberes y ponerlos al servicio de la gente. Recuerdo que hace muchos años, estudiando un diplomado de emprendimiento e innovación en la Universidad de Carabobo, mencionaba que yo quería envejecer haciendo audios.

Efectivamente, un cronista recoge esa voz que va de generación en generación, ¡y siento que mi corazón late grandemente de emoción cuando escucho historias de vida! Como la de una vecina del sur de la ciudad, de El Palotal, de casi 100 años, quien me contaba sobre sus inicios en la natación tras haber sido diagnosticada con una enfermedad crónica, y cómo el doctor la invitó a hacer deporte para transitar su padecimiento de una manera más feliz.

Esos audios, esas entrevistas y todo este trabajo me han permitido crecer muchísimo como persona. Me llena saber que puedo ser un instrumento para que la comunidad visibilice su valor, e incluso para que en un futuro pueda proyectarse como un sitio de interés turístico que genere ingresos a través del reconocimiento de sus habitantes. Todas esas vivencias las he recogido durante años trabajando en radio y finalmente en el cine. Deseo que los jóvenes puedan aprender este arte maravilloso de la fotografía y el audiovisual para expresarse, y que al mismo tiempo aprendan sobre la historia de cómo nace la Fundación Mendoza, por qué aquel empresario decidió construir este urbanismo planificado en el sur de la ciudad para dignificar a sus trabajadores con precios módicos… Siento ese llamado imperioso de documentarlo y mostrarlo: primero la vivencia de mis padres al ser de los primeros habitantes en adquirir su casa, y luego el intercambio humano que ha perdurado durante más de 50 años.

 

¿Hacia dónde se dirige el cine comunitario en la región y cuál consideras que es tu principal legado o compromiso actual dentro de este movimiento?

Siento que el legado propiamente no es mío, sino de mi papá, Pedro Vargas, cariñosamente conocido como «Pedrozo». En este momento de mi vida estoy más enfocada en el movimiento de cronistas comunales; estoy vibrando en positivo con ellos porque me emociona mucho continuar contando historias locales de personas que he conocido desde mi infancia y que han realizado una labor hermosa. Me enfoco en esto porque de igual manera puedo contar historias sin requerir de una pantalla de cine con todos los elevados costos que eso implica, tanto para producir como para exhibir. Actualmente me enfoco en la consolidación de este proyecto de crónicas locales que inició hace un año.

 

 

​¿Qué mensaje te gustaría dejarles a las personas a las que les llama la atención el cine comunitario pero aún no se animan a dar el paso?

Primero, quiero expresar que estoy infinitamente agradecida con la Gran Base de Paz, que me abrió las puertas a este proyecto y en todo momento me apoyó, tanto en la planificación de las exhibiciones como en la difusión. Siempre mantuvieron las salas en orden, las áreas impecables… El ingeniero Miguel Romero estuvo siempre apoyando esta iniciativa, por lo que le estoy sumamente agradecida a él y a todo el equipo.

 

 

Sin embargo, hacer cine comunitario en el estado no es nada fácil; por eso me ha tocado ser de las pocas personas que lo realizan de manera independiente en la zona. Me gustaría que se apoyara más esta iniciativa porque es un camino complejo.

Para finalizar, quiero agradecer a Dios por esta experiencia de me haber permitido continuar el legado de mi papá con el Cine Comunitario Pedrozo y por haberme dado la determinación de comunicar mis propios proyectos cinematográficos. Por eso me atreví a tocar puertas y a realizar este trabajo. Si hay alguien interesado en hacer este tipo de labor en su comunidad, ¡puede comunicarse conmigo y sumamos esfuerzos! La idea es llevar el cine de manera itinerante a escuelas, instituciones e incluso empresas, para mostrar tanto talento carabobeño y nacional. Quien desee integrarse puede contactarme a través del 0414-1429814; la meta es seguir sumando voluntades para llegar a más lugares.

 

***

 

TE INTERESA:

Un cuentista de Puerto Cabello: Julio César Guanipa | Marhisela Ron León

 

***

 

Vanileiby

Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.

​Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).

Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.

​Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.

Si quieres ampliar y conocer más noticias como esta, síguenos en nuestras distintas plataformas digitales:

FACEBOOK       INSTAGRAM       TIKTOK       YOUTUBE       WHATSAPP       TELEGRAM

 

Ciudad Valencia / RN