Conoce el origen de los fenómenos climáticos El Niño y La Niña en un momento en que nuestro planeta Tierra está atravesando por un pulso oceánico y atmosférico inclemente, capaz de alterar el clima global en cuestión de meses.
El engranaje natural y patrón climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) presenta dos caras opuestas: El Niño (fase cálida) y La Niña (fase fría), las cuales dictan si una región sufrirá sequías extremas o inundaciones devastadoras.
Sin embargo, los nombres de estos fenómenos no nacieron en laboratorios ni en agencias meteorológicas modernas.
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Inicios de El Niño y La Niña
El origen de estos nombres se remonta al siglo XVII en las costas de Perú y Ecuador, uniendo la fe religiosa con la supervivencia marina.
El Niño nació cuando los pescadores del puerto de Paita (Perú) notaron que, cada cierto número de años, las aguas del océano Pacífico se calentaban de forma anormal a finales de diciembre.

Como este evento coincidía con las fiestas navideñas y provocaba la desaparición de los cardúmenes, lo bautizaron como «El Niño» en referencia y honor al Niño Jesús.
Siglos después, la comunidad científica identificó la fase completamente opuesta como «La Niña», al tratarse de un enfriamiento inusual de las mismas aguas superficiales (una antítesis climática).
Evolución histórica de El Niño y La Niña
Lo que comenzó como una observación empírica de pescadores locales se transformó, con el tiempo, en una prioridad científica global.
En el siglo XIX se registraron las primeras descripciones formales de la corriente cálida sudamericanas y en la década de 1920, el científico Gilbert Walker descubrió la «Oscilación del Sur», al conectar los cambios de presión atmosférica del océano Índico con los del Pacífico.

A su vez, en los años 60, el meteorólogo Jacob Bjerknes unió las piezas del rompecabezas al demostrar que el calentamiento oceánico (El Niño) y los cambios atmosféricos eran parte de un mismo sistema. Nació así el término científico ENOS: El Niño-Oscilación del Sur.
Históricamente solo se han registrado tres eventos con esta magnitud destructiva: 1982-1383, 1997-1998 y 2015-2016; sin embargo, la actual crisis climática ha alterado las reglas del juego.
Súper Niño
Actualmente, el planeta registra temperaturas récord a niveles oceánico y atmosférico, las cuales sirven de combustible para que los eventos de El Niño y La Niña alcancen la categoría de Súper con mayor frecuencia.
El término «Súper Niño» no es oficial, pero los centros meteorológicos globales lo utilizan cuando el calentamiento del Pacífico central supera el umbral crítico de 2 °C por encima del promedio histórico.

Sus impactos actuales ya marcan precedentes, reflejándose en sequías críticas extendidas y un estrés hídrico extremo en varias regiones de América Latina.
Frente a esta nueva realidad, El Niño y La Niña han dejado de ser simples ciclos naturales para convertirse en termómetros de la emergencia climática global.

Los nombres que los pescadores de Paita acuñaron con fe y tradición son hoy los nombres de amenazas intensificadas por la actividad humana.
Comprender el pasado de estos fenómenos no es solo un ejercicio de historia o ciencia, sino una herramienta de supervivencia indispensable, descifrando su comportamiento y anticipando sus golpes para proteger el futuro de nuestro planeta.
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Fuente: CAF
Ciudad valencia/Ernesto Cañizalez/M.Ll
Fotos: Cortesía










