«El Pedro Gual sí, Martín J no», por Douglas Morales

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La divertida rivalidad de los dos más importantes liceos valencianos para las décadas de 1960-1970, se manifestaba en los más diversos aspectos.

Empezando por sus epónimos, mientras el Dr. Pedro Gual fue un diplomático, ministro y encargado de la Presidencia de la República de orientación muy conservadora y allegado al general Páez, el Dr. Martín J. Sanabria era un liberal progresista, fiel ministro de Instrucción Pública del general Guzmán Blanco y responsable del famoso y útil decreto de «Educación pública, gratuita y obligatoria» emitido el 27 de Junio de 1870.

El liceo Pedro Gual es mucho más antiguo que su rival Martín J.  Incluso, a principio de los sesenta, el imponente edificio del Pedro Gual, que data de los años del general Medina Angarita, 1941-1945, aventajaba las humildes instalaciones que, en sus inicios, ocupó el Martín J en los viejos caserones desocupados por el Colegio «La Salle», en la avenida Urdaneta.  Su moderna y actual sede fue inaugurada en 1965 y había sido fundado en 1958.

Sin ninguna mala intención los grupos de pedrogualenses al toparse con los del Martín J se crispaban y salían a relucir apodos desafiantes.  Los jóvenes del Pedro Gual tenían fama de buenos mozos y las muchachas del Sanabria de muy atractivas y, a pesar del encono, no era extraño ver una liceísta con su uniforme gris-rosado «empatada con un pedrogualense» o una adolescente de uniforme fucsia de la mano con uno del Sanabria.

Donde sí se suspendió rivalidad alguna fue en las famosas jornadas por el rescate del cuerpo del estudiante Ángel Quintero asesinado por la policía Judicial en marzo de 1977 que conllevó a multitudinarias manifestaciones, y todos los estudiantes y pueblo solidario marcharon en aglomeraciones nunca vistas en Valencia, que obligaron al Presidente Pérez y al Gobernador Azcúnes a ordenar la detención y procesamiento de los policías asesinos a riesgo de una insurrección popular.

Un encuentro deportivo entre los dos liceos era sencillamente estremecedor: los directores para la época, Gonzalo Jiménez Marrón por el Sanabria y Jesús Berbin López por el Pedro Gual, ambos dedicados docentes, pero con estilos personales diferentes, amen de desacuerdos ideológicos, tomaban precauciones extremas para evitar males mayores producto de la euforia colectiva.

Con respecto al cuerpo de docentes, allí sí estaban parejos, los profesores y las profesoras de ambas instituciones eran de una mística irreprochable, estrictos sin llegar al atropello. Todavía, adultos profesionales, al indagar sobre dónde cursaron los estudios secundarios, aclaran con voz firme: «Yo soy del Martín J», a lo que riposta su interlocutor: «Noo, chico, yo estudié en el Pedro Gual».

 

DEL MISMO AUTOR: DIÁLOGOS CON LA CIUDAD

 

 

Ciudad Valencia / Douglas Morales Pulido