Carlos Baute

El pasado sábado 18 de abril, en un evento en Madrid, el cantante Carlos Baute cruzó una línea que no admite retorno. Al referirse en términos despectivos y racistastildándola de «mona»— a la Presidenta encargada de la República, la Dra. Delcy Rodríguez, Baute no solo exhibió una profunda carga de misoginia, sino que se hundió en el fango del racismo más rancio, convirtiéndose en una auténtica vergüenza nacional.

 

El insulto como recurso de la decadencia

Utilizar calificativos deshumanizantes para referirse a una mujer que ostenta la máxima investidura del Estado no es «humor» ni «postura política»; es una agresión directa a la dignidad humana. Que un personaje que ha vivido de la exposición pública recurra al racismo para ganar un aplauso fácil en el extranjero, solo demuestra su orfandad de argumentos y su desconexión total con los valores de respeto que deberían definir a cualquier artista que se jacte de ser venezolano.

 

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Un historial de sombras

Sin embargo, este comportamiento no es un hecho aislado. Quienes conocen los pasillos de la industria musical en Venezuela y España saben que la carrera de Baute ha estado marcada por la sombra del ventajismo y la falta de ética.

  • Zancadillas a colegas: Se le señala de haber obstaculizado sistemáticamente el crecimiento de otros artistas venezolanos, utilizando su influencia para cerrar puertas a quienes percibía como competencia.
  • Favores y poder: Su ascenso no parece haber sido solo fruto del talento, sino de una red de favores con productores musicales, aprovechando su posición para desplazar a piezas con mayor mérito artístico pero menor disposición a someterse a sus juegos de poder.
  • Las denuncias de acoso: Las acusaciones que pesan sobre él dibujan un perfil oscuro, muy alejado de la imagen de «eterno galán» que intenta vender.

 

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Vergüenza Nacional

Venezuela es un país multiétnico y feminista por convicción y Constitución. Ver a un connacional utilizar una tribuna internacional para destilar odio racial y violencia de género contra una autoridad de la República es un acto de traición a nuestra identidad.

Carlos Baute ha dejado de ser un referente musical para convertirse en un triste ejemplo de cómo la desesperación por la vigencia puede llevar a un individuo a los niveles más bajos de la bajeza humana. Al final del día, el racismo y la misoginia dicen mucho más del agresor que de la agredida. Venezuela no se reconoce en sus ofensas, sino en la dignidad de quienes, a pesar de los ataques, siguen construyendo país.

Mientras el país busca diálogo y respeto, estas figuras buscan la confrontación desde el odio.

La industria musical no debería seguir dando espacio a personajes con tal historial de acoso y discriminación.

 

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Fuente: @jesussantanderl

Foto: Web

Ciudad Valencia/MG