#Opinión: “Diálogos con la ciudad” por Douglas Morales Pulido

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La famosísima Manga de Coleo de Naguanagua es ahora un agradable paseo frondoso, salvado por un conjunto de asociaciones de vecinos de la infeliz idea de convertir el espacio en un anexo del Mercado Municipal del Municipio.

Los adultos mayores cuentan que en las noches se oyen todavía los clamores del público celebrando las hazañas de los coleadores y los ayes de muerte de los numerosos aficionados fallecidos, atropellados o corneados en las fiestas, en su mayoría humildes campesinos que, atraídos por el entusiasmo y borrachos hasta los huesos del licor más barato, caían bajo el tumulto de hombres y bestias: la Manga era un pequeño Coliseo.

Con todo entró cariñosamente en el imaginario popular, hasta que papá comercio, desmemoriado por esencia, decretó su cierre. La Administración Municipal bautizó el nuevo paseo con un nombre de un desconocido (el busto carece de placa) a pesar de que en cabildo abierto solicitaron varias denominaciones (Paseo la Feria, La Manga, El Coleo), todos muy toponímicos, pero fue como dialogar a ese conjunto escultórico de monos que no ven ni oyen ni hablan.

El paseo no dirá nada de lo que fue.  Su largo, festivo, alegre, «deportivo» pasado de coto de coleo fue borrado y, como el nuevo nombre no «caló», los lugareños le dicen el paseo de la Capillita, por estar cerca del templo de la Urb. Caprenco (Caja de Prevención para los trabajadores de la comunicación), por cierto, aquí sí se defendió el origen de la comunidad. Entonces estamos frente al típico ejemplo de silenciar la ciudad estrangulando su pasado.

 

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Lo mismo ocurre con el sitio donde se hallaba la antigua estación de Ferrocarril de Naguanagua, tren inglés Valencia-Pto. Cabello. Allí hay una Escuela, «Lisandro Lecuna», cancha de futbolito, Casa Cultural, Estación de Policía y una plaza denominada Rafael Urdaneta (¿qué tendrá que ver el noble prócer marabino con este lugar?), pero nada nos orienta hacia el uso que mantuvo el sitio por casi cien años.

Aspirantes a concejales: impidan el Alzheimer de la comunidad, manden a hacer una escultura de un obrero ferroviario y echen la historia, la mente esclarecida del naguanagüeño lo saboreará.

 

Douglas Morales Pulido / Ciudad VLC