El mundo del arte venezolano está de luto. Este domingo 2 de agosto falleció en Ibiza, España, a sus 93 años, el artista plástico Gabriel Morera (1933-2026), una de las figuras más inquietas y poéticas de la vanguardia nacional.

Quienes lo conocieron lo despidieron con emotivas palabras: «Voló en lo más alto el artista Gabriel Morera. Que la luz más brillante te acompañe en la travesía. Au revoir, mon ami», escribió en redes sociales el también creador Jorge Rivas-Rivas, reflejando el cariño que despertaba entre sus pares.

 

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Pero para quienes no vivieron la efervescencia cultural de los años ‘60, ¿quién fue realmente Gabriel Morera? Fue un pintor, escultor, fotógrafo y ceramista que, en 1961, se unió a El Techo de la Ballena, el legendario grupo vanguardista que sacudió el establishment artístico caraqueño con su espíritu rebelde y anticonformista. Morera no solo fue parte de esa generación; fue uno de sus exponentes más líricos y originales.

Su carrera, sin embargo, no se limitó al informalismo de sus inicios. Morera fue un explorador incansable de materiales y soportes. Aunque comenzó con las llamadas «Cabezas filosóficas» –obras cargadas de ironía, texturas y grafismos–, su firma más reconocible llegó a través de los ensamblajes y las cajas.

Bajo la influencia de Marcel Duchamp y Joseph Cornell, Morera empezó a recolectar fotografías, emblemas, objetos comerciales y desechos para encerrarlos en cajas de madera. Creaba así verdaderos altares domésticos, verdaderas «poesías visuales», como la célebre pieza Life Is Better than Death.

 

El arte de la ilusión y el cosmos

Para la generación Z y los jóvenes millenials, Morera fue un adelantado a su tiempo. En 1968 presentó los «Orthos», un sistema de cajas de madera equipadas con espejos cóncavos y lentes que, dependiendo del ángulo desde donde se miraran, producían hasta cinco imágenes diferentes.

Un arte óptico, casi cinético, que atrapaba el instante y desafiaba la percepción. Una de estas piezas, Mother Always Told Me, le valió el Premio Armando Reverón en el XXIX Salón Oficial, consolidándolo como un referente de la experimentación en Venezuela.

Pero Morera no se quedó allí. En los años ‘70 y ‘80, su obra se volcó hacia lo matérico y lo simbólico. Empezó a intervenir espejos y a utilizar maderas envejecidas por el mar (como en su icónica obra Neptune Av., de 1979), convirtiendo el reciclaje en una metáfora de la memoria y el tiempo.

 

El legado del vidrio y la transparencia

Ya entrado en su madurez creativa, Morera encontró en el vidrio fundido su última y más etérea musa. A partir de 1986, inspirado por su esposa Renate Pozo, transformó el cristal en «copas celestiales» y «desiertos de cristal», piezas que parecían trozos de cielo congelado, donde la luz se convertía en el verdadero protagonista.

En 1996, el Museo de Bellas Artes de Caracas (MBA) le realizó una ambiciosa retrospectiva titulada «Contenidos imposibles», una antología que reunía 36 años de su producción. Hoy, sus cajas, sus espejos y sus vidrios reposan en las colecciones de la Galería de Arte Nacional (GAN) y el MBA, esperando ser redescubiertos.

Para quienes aún no lo conocen, la obra de Gabriel Morera es una invitación a mirar el mundo con otros ojos: los objetos cotidianos, el desecho y la transparencia nunca volverán a ser iguales después de haber sido tocados por su magia. Descanse en paz, maestro de la ballena.

 

«Gabriel Morera». Fotografía de Enrique Hernández-D’Jesús, Serie Imagen y Palabras, 1995.

 

Una semblanza íntima de sus últimos momentos

La periodista española Alejandra Pozo, residenciada en Tenerife y muy cercana al artista Gabriel Morera en virtud de haber sido él esposo de su madre Renate, tuvo el privilegio de acompañarlo en sus últimos momentos.

Alejandra nos ha hecho llegar estas breves, pero sentidas y hermosas palabras, con la promesa de compartir con todos pronto una semblanza más completa de los últimos años del artista en Ibiza:

 

Gabriel Morera-obra

“Gabriel falleció, a los 93 años, en Ibiza, donde ha vivido durante los últimos 23 años. De forma tranquila y natural, murió el domingo 2 de agosto a las 2:22 de la tarde. Toda una sincronía de números digna de un mago creador. Su obra siguió desarrollándose hasta el final de su vida”.

 

“Mi amado Gabriel Morera (…) un día perfecto para morir. A las 2:22 de la tarde ocurrió el gran despegue, el gran parto sideral. Gracias, Gabriel, y a tu destino por convocarme a tu gran salto de fe. Sé que la noche de las diosas que manifestaste antes de partir te dio la fuerza loca para hacerlo. Para vencer el peso de la gravedad, para traspasar la barrera de la luz, para salir de tus huesos, para romper los espejos de la inmortalidad, para devolverle tu calor al sol, visitar a la emperatriz de Andrómeda y prender la mecha eterna de tu rueda de la fortuna. Te amo, Gabriel, Arcano Mayor del alto cielo”.

 

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Ciudad Valencia/Armando Amanaú/RN

Fotografía principal del artista: Jorge Rivas-Rivas