Esa aparente pereza de tu gato, tan entrañable como desconcertante, no es un simple capricho ni un defecto de carácter. Detrás de cada siesta hay un complejo engranaje biológico y evolutivo.

«La tendencia de los gatos a dormir tanto es una estrategia de supervivencia perfeccionada a lo largo de millones de años», explica Paula Calvo, doctora en Antrozoología.

«Su cuerpo está diseñado para alternar momentos breves, pero intensos de actividad (como la caza o el juego) con largos periodos de descanso, lo que les permite conservar energía para cuando realmente la necesitan».

De hecho, un gato sano puede dormir entre 12 y 18 horas al día, y los más jóvenes o mayores, incluso rozan las 20, aunque no se trata de un sueño continuo. «Los gatos tienen un patrón polifásico», detalla Calvo.

«Es decir, no duermen del tirón como los humanos, sino en múltiples siestas repartidas a lo largo de las 24 horas. Cada una puede durar alrededor de una hora y media, alternando entre sueño ligero, profundo y fases REM».

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Dormir es un signo de eficiencia

Durante el sueño ligero, el gato parece dormido, pero sigue alerta. Sus orejas se mueven, sus ojos pueden entreabrirse y su cuerpo está listo para reaccionar ante cualquier estímulo. «Es un estado de vigilancia pasiva que les permite descansar sin comprometer su seguridad, algo que heredan directamente de sus ancestros salvajes», comenta Calvo.

Cuando el entorno es tranquilo y se sienten seguros, los gatos entran en sueño profundo, es entonces cuando su cuerpo se repara y se fortalece. «Durante esas fases se regeneran los tejidos, se equilibra el sistema inmunitario y se consolida la salud física del animal», añade la experta.

Y luego está la fase más fascinante: el sueño REM, en la que el gato sueña. «Sí, los gatos sueñan», confirma Calvo.

«En esa etapa, su cerebro está tan activo como cuando están despiertos y los movimientos de patas o bigotes y los pequeños maullidos que observamos son señales de que están reviviendo experiencias, como jugar, explorar o cazar».

Lejos de la idea de que son animales nocturnos, los gatos son en realidad crepusculares: sus picos de actividad se dan al amanecer y al anochecer. Por eso esos arranques repentinos de energía (los famosos zoomies) coinciden con las horas en que sus antepasados cazaban.

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«Incluso los gatos domésticos más tranquilos conservan ese ritmo ancestral», apunta Calvo. «Y comprenderlo nos ayuda a interpretar su comportamiento y adaptar el entorno a sus necesidades naturales para velar por una mejor convivencia».

En el reino animal, los gatos comparten su afinado arte del descanso con otros grandes dormilones como los koalas o los murciélagos. Sin embargo, su sueño destaca por su funcionalidad.

«Dormir mucho no es signo de pereza, sino de eficiencia», explica Calvo. «Un gato bien descansado es un gato equilibrado, con un sistema nervioso saludable y una conducta emocionalmente estable».

Observar cómo duerme un gato es asomarse a su biología más profunda. Cada siesta, cada cambio de postura, cada suspiro tiene una función precisa: regenerar su cuerpo, organizar sus recuerdos y mantener el equilibrio entre instinto y calma.

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Fuente: 20 Minutos

Ciudad Valencia / LA/M.Ll