Sábado: «GILBERTO MORA MUÑOZ, EL JOVEN», por Luis Alberto Angulo

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Gilberto estuvo muy triste cuando se murió Casiano Diaz. Recuerdo le dije, negro, en nuestra generación los jóvenes están rondando los 70 y los mayores superan los 80, somos un grupo vulnerable por razones naturales más allá de esa horrible pandemia.  Tienes razón pero hay que cuidarse mucho, me respondió.

Con todos esos y otros razonamientos, la noticia de que falleció en Maracay, estalla de manera profunda y me devasta. Claro, hay una parte mía que de manera ineludible, se irá con él. Cuarenta años de impecable amistad, no es cualquier cosa. Desde antes de la cuarentena teníamos pendiente compartir un escocés en Maracay, en Valencia, en Barinitas, en Mérida, Maracaibo o en Caracas, en alguno de esos sitios que advertimos juntos alguna vez. Quedó pendiente pues no hay bares, dicen, en esa barriada donde a lo mejor nos topemos de nuevo. Extrañaré su sonrisa, su parsimonia, la bonhomía, la sencillez. Fue un hombre de convicciones profundas, descolonizado, vertical. Patriota sin patrioterismos, universal, generoso. Lo conocí en la Universidad de Carabobo en donde trabajo y sacó una licenciatura en la Facultad de Educación.  Venía de la militancia en la izquierda de los 60 y había pagado duro por su posición. No hablaba de eso pero era legendaria su posición ante el torturador.

Contrariando la opinión mayoritaria, un día se fue a Francia y regresó con una maestría y un doctorado de una famosa Universidad parisina.

Se llamaba igual que su hermano mayor y hasta comentaron que eso fue por una picardía maracucha-coreana de Jesús Antonio Mora, el padre. Pero no fue así, lo habían puesto Adalberto, pero alguien escribió en el registro Gilberto, y así se fue acostumbrando y quedando de manera legal.

Gilberto Mora Muñoz, el joven, nació en la capital del estado Zulia el 22 de diciembre de 1937, nadie sin ese preciso dato, podría imaginar que este próximo diciembre, cumpliría 84 años plenos de juventud.  Nos vimos la última vez, en el pueblo de Jají, donde le tomé algunas fotos y quedamos en encontrarnos. Si nuevamente puedo ir por allí, sabré que es parte de aquel paisaje que amaba tanto. Ahora sus cenizas se mezclan con la tierra debajo de un árbol en Maracay, en la plaza Bolívar más grande de Venezuela, como corresponde a un auténtico bolivariano. Sentido pésame a su familia, a sus hijos mayores, Karenina y Gustavo. Sus camaradas y amigos.  A Edel y a su catirita que quiso tanto.  Honor y Gloria.
OM MANI DEWA RHI.

 

 

Autor: Luis Alberto Angulo, poeta, articulista, ensayista, antólogo, cronista literario, editor y promotor de las artes y de la solidaridad.

Algunos de sus libros: Antología del decir  (Monte Ávila Editores, Col. Altazor. 2013), La sombra de una mano (Monte Ávila Editores, Col. Altazor, 2005), y Fusión poética (Universidad de Carabobo,  2000), reúnen su obra poética publicada: Viento barinés (UC, 1978), Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Una niebla que no borra (Sec. Cultura Carabobo, 1984), Antípodas (Predios, 1994), De norte a sur (UC, 1999), Fractal (Monte Ávila, 2005), Imágenes del parque, y Poética del decir (Monte Ávila, 2013).

 

 

Ciudad Valencia – LSFLC