Amigas y amigos, constructores de sueños, forjadores de esperanzas: El 5 de julio de 1811, tras varios días de arduo debate, el presidente del Congreso, Juan Antonio Rodríguez Domínguez, declaró agotado el debate y procedió a solicitar se votara el tema objeto de discusión: declarar nuestra independencia de España.
Con la sola excepción del diputado por La Grita, Manuel Vicente Maya, el resto de los cuarenta representantes de las siete provincias allí representadas votó a favor de romper el vínculo con la Monarquía.
Esa decisión no fue una acción precipitada, producto del cansancio por el debate y la necesidad de hallar salida al punto de desencuentro que los había mantenido estancados durante varios días; en ella intervinieron factores externos e internos que permiten una comprensión más integral de la trascendental decisión.
DEL MISMO AUTOR: CONGRESO ANFICTIÓNICO DE PANAMÁ DE 1826
Convergencia de ambos factores
En la historiografía venezolana predominan dos explicaciones aparentemente excluyentes respecto al proceso transcurrido entre el 19 de Abril de 1810 y el 5 de Julio de 1811.
Uno, de carácter externo, lo atribuye como consecuencia del prestigio alcanzado por la independencia e integración político territorial de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU) de 1776; las repercusiones políticas e ideológicas de las Revoluciones francesa de 1789 y la haitiana de 1804; así como, las secuelas jurídicas y políticas derivadas de la invasión de Francia a España en 1808.
Estos eventos, con el tiempo, habrían creado un clima que propició o favoreció el desarrollo de otros eventos que buscaban impulsar cambios de distinto alcance en el orden colonial, según fuera el sector social que los promoviera. Visto así, hechos como la insurrección de José Leonardo Chirinos, en 1795; la Conspiración de Gual y España, en 1797; las invasiones de Francisco de Miranda, en 1806; o la llamada Conspiración de los mantuanos, en 1808; habrían sido estimulados, inspirados o alentados de forma ideológica y política por los eventos arriba señalados.
La explicación de carácter interno considera la ruptura con España como consecuencia de la gestación de una vocación de poder progresivamente desarrollada por el mantuanaje criollo, que habría germinado desde los propios inicios del proceso colonial y que tuvo en los cabildos el espacio para hacer valer opiniones, críticas y aspiraciones concretas, en donde las discrepancias con los representantes de la Monarquía en estos territorios, en varias ocasiones, terminó dirimiéndose por el propio rey en favor de los criollos. Un proceso que el historiador Germán Carrera Damas ha llamado “consolidación de la estructura de poder interna”.
Hoy el consenso historiográfico parece establecerse en la convergencia de ambos factores. De una parte resulta innegable el peso de los elementos exógenos. Las medidas tomadas por las autoridades coloniales para combatir la difusión de lecturas subversivas como los Derechos del hombre y el ciudadano y las precauciones para minimizar la propagación de noticias provenientes de la Revolución haitiana que podían estimular la fuga o levantamiento de esclavizados.
De la misma forma, los aspectos debatidos en las sesiones del Congreso respecto a las forma de gobierno que debía adoptarse, que oscilaba entre el republicanismo al estilo francés y el federalismo de impronta norteamericana, así lo indican.
De otra parte, los factores de orden interno. La independencia fue un proceso excluyente adelantado por el sector más privilegiado y pudiente de la sociedad que vio en la coyuntura representada por la invasión a España la oportunidad para hacer valer su aspiración de clase: mantener la desigualdad social y garantizar su acceso al poder político.
La llamada Conspiración de los mantuanos habría sido, desde esta perspectiva, el penúltimo episodio en una cadena de eventos que se remontan hasta el siglo XVI, luego del Congreso de las Municipalidades venezolanas celebrado en 1560, que dio origen a la real Cédula del 8 de diciembre de ese año, mediante el cual el rey concedía a los Alcaldes de las ciudades capitulares de la Provincia de Venezuela el derecho a regirla tras la muerte del gobernador.

Voluntad de ser libres
Otro aspecto destacado en las explicaciones de este proceso ha sido la influencia decisiva que habría jugado la Sociedad Patriótica. Esta era una agrupación de marcada inclinación revolucionaria cuyo desempeño consistió en fomentar un clima de opinión favorable a la ruptura con España que disipara las dudas albergadas por una parte de los miembros del Congreso.
De ella hacía parte reconocidos personajes: Antonio Muñoz Tébar, Vicente Salias, Francisco Espejo, Miguel Peña, Francisco Antonio (Coto) Paul, Carlos Soublette, Simón Bolívar, Francisco de Miranda, entre otros. Su origen habría sido concebido por estos últimos en Londres e impulsado tras su retorno a Caracas en diciembre de 1810.
Miranda tenía conciencia del rol que agrupaciones similares jugaron en la época de la Convención Nacional durante la Revolución francesa. Promover la reflexión en torno al momento decisivo que se vivía, agitar y estimular un sentimiento patriótico que favoreciera la ruptura con España, fue parte de sus propósitos.
En la reunión del 3 de julio de 1811, Simón Bolívar pronunció un emotivo discurso:

Se discute en el Congreso Nacional lo que debiera estar decidido. ¿Y qué dicen? que debemos comenzar por una confederación, como si todos no estuviésemos confederados contra la tiranía extranjera. Que debemos atender a los resultados de la política de España. ¿Qué nos importa que España venda a Bonaparte sus esclavos o que los conserve, si estamos resueltos a ser libres?… ¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no bastan?… Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos.

El discurso permite apreciar dos elementos relevantes: el primero, muestra que Bolívar concibió desde el primer momento la lucha independentista como una gesta continental. No pretendía solo la liberación de Venezuela sino de América. El segundo, alude a uno de los elementos medulares del debate doctrinario constitucional desarrollado en el Congreso: el federalismo y la proporcionalidad de las provincias allí representadas.
En este sentido, uno de los aspectos que más tiempo tomó fue el relativo a la forma de confederación y a la manera en que las provincias participarían. La desproporción numérica de la provincia de Caracas fue motivo de prolongados debates, pues ella poseía la mitad de la totalidad de la diputación del Congreso. Al respecto se esgrimieron argumentos como la igualdad, reciprocidad y equilibrio entre las provincias como garantías de equitativa integración.
Con base en el Derecho Natural se argüía que todo pacto implicaba el consentimiento entre las partes y el conocimiento de lo pactado, de lo que se desprendía la desigualdad de obligaciones y prerrogativas en relación a la desproporción territorial de la provincia de Caracas. Se propuso, entonces, su división con base en la experiencia que condujo a la secesión de Mérida y Trujillo de Maracaibo, y Barcelona de Cumaná.
Más allá de estos aspectos doctrinarios, lo significativo es que ese día se manifestó una voluntad de ser libres que con base en todos los factores mencionados se concretó en una trascendental decisión. Realizada la votación fue declarada solemnemente la independencia de Venezuela.
Francisco de Miranda encabezó una manifestación por las calles vitoreando la independencia. En horas de la tarde una nueva sesión del Congreso designó al diputado Juan Germán Roscio y al secretario Francisco Isnardi para redactar un documento que expusiera las razones que motivaron la decisión. Ese documento, leído y aprobado dos días después, es nuestra Acta de Independencia.
Doscientos quince años más tarde Venezuela continúa enarbolando y defendiendo los principios de libertad, soberanía e independencia que dieron origen a la Nación.
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Ángel Omar García González (1969): Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales, y Magister en Historia de Venezuela, ambos por la Universidad de Carabobo, institución donde se desempeña como profesor en el Departamento de Ciencias Sociales de la Facultad de Educación. En 2021 fue galardonado con el Premio Nacional de Periodismo Alternativo por la Columna Historia Insurgente del Semanario Kikirikí. Ganador del Concurso de Ensayo Histórico Bicentenario Batalla de Carabobo, convocado por el Centro de Estudios Simón Bolívar en 2021, con la obra “Cuatro etapas de una batalla”. Es coautor de los libros “Carabobo en Tiempos de la Junta Revolucionaria 1945-1948” y “La Venezuela Perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos”.
Ciudad Valencia/RN










