Hace ya un tiempo que había visto este film, más allá del hecho de que ganara tantas premiaciones de la academia, fue por mi admiración a Brendan Fraser. Saber un poco de cómo ha sido su vida luego de alegrarnos con apariciones espectaculares en el pasado, de esas que alegraron parte de mi infancia y juventud y, ahora, verlo en este tipo de papel, lleva a reflexionar muchas cosas. La Ballena es una historia basada en una obra de teatro escrita por Samuel D. Hunter; el director Darren Aronofsky nos sumerge en un drama lleno de melancolía, culpa, pérdida y amor, dándonos un poco de dosis de introspección y autoanálisis sobre cómo lidiamos con los problemas propios o cómo ayudamos a afrontarlos a alguien más.

 

La Ballena

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Argumento

Charlie sobrevive a duras penas con su obesidad mórbida en un pequeño apartamento que ha convertido de a poco, en su propia prisión. Es tutor de ensayos y la única que vela por su “vida” es su mejor amiga Liz, ya que su pareja (es gay) falleció, bueno, más bien, se dejó morir. Se empeña en volver a crear con su hija Ellie, a quien no ve desde que era una niña (y para ser sincera, la odié con todas mis fuerzas).

 

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En el film podemos apreciar varios aspectos importantes a tomar. El primero de ellos, obvio, la obesidad de Charlie: más allá de ser un problema físico, es reflejo de cómo están sus emociones y la fragilidad mental; también como un medio de autolesión por no saber manejar la culpa por ciertas cosas. Por otro lado, tenemos el espacio casi claustrofóbico del apartamento: esto nos da a entender el aislamiento físico y emocional auto infundado, afectando también a su estado mental y cerrando de a poco las posibilidades de que alguien más pueda ayudar. También tenemos la exhaustiva búsqueda de Charlie por expiar sus errores con su hija. Lo que nos lleva al siguiente punto: las relaciones intrafamiliares, o en este caso, relación padre-hija; podemos darnos cuenta de cómo afectan una decisión (buena o mala), pueden acarrear consecuencias generacionales. Recordemos que Charlie era gay y perdió a su pareja (Alan) por culpa de los prejuicios de la sociedad y familia, esto también trae complicaciones a nivel emocional y mental al no buscar la ayuda pertinente ni querer afrontar lo que ocurre.

 

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Si lo analizamos mejor, Charlie está haciendo lo mismo que Alan, suicidándose poco a poco; mientras su pareja lo hizo dejando de comer (se volvió anoréxico), él hace todo lo contrario, engulle todo hasta atragantarse. Esto, de cierto modo, busca llenar el vacío que su pareja dejó y, quizás (es mi propia teoría), castigarlo por morir de hambre. Lo único que puede ayudarlo a calmarse ante un ataque al corazón es leer o escuchar un ensayo sobre Moby Dick que había escrito Ellie hace ya un tiempo. No sé por qué le da la idea de que con ese ensayo reafirma la bondad de las personas y la genialidad de su hija, ciertamente lo que dice ese ensayo no es nada bonito, pero él se aferra a esa idea.

 

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Ahora, las pocas personas que interactúan en la vida de Charlie, cumplen su rol (a su forma) y, a decir verdad, fueron condescendientes. A excepción de Ellie, siempre fue una mala persona. Si bien Ellie también luchaba con su trauma de abandono y quería que su padre (de cierta forma) volviera a formar parte de su vida; ese pensamiento calma mi odio hacia ella, porque si no, en cambio, nos quedamos con la idea de que era una psicópata narcisista que solo quería quedarse con el dinero de su padre (que de por sí, ya era suyo), además de humillarlo y vejarlo hasta el cansancio. También tenemos a la pobre Liz, tuvo que soportar la enfermedad de su hermano y verlo morir, ahora le toca ver a su mejor amigo pasar por lo mismo; a pesar de ser enfermera y “lo mantiene con vida”, también le facilita los atracones. Y se entiende, Alan pasó por eso gracias a los prejuicios y la presión que sentía, no quiere hacer lo mismo con Charlie, no quiere presionarlo, aunque sabe que está en sus últimos días si no va al hospital. Ahora, Thomas, la verdad no entendí muy bien su función; podemos suponer que es la ayuda espiritual que muchas personas necesitan para poder salir de la situación en la que se encuentran, una especie de redención. Aunque él no fuese en realidad pregonero de Dios (por eso no entendí), sí quería ayudar a Charlie genuinamente, ya sea para escucharlo o darle “la palabra”. Hubo otro personaje, me encantó su simbolismo: el repartidor de pizza. Todas las noches hacía la entrega, preguntaba cómo se encontraba Charlie, buscaba conversación, etc. Es como una forma de decirnos que, si estamos mal, siempre habrá alguien dispuesto a escuchar, así no lo conozcamos del todo, ya que este personaje no aparecía en pantalla, pero ahí estaba.

 

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Realmente es un excelente film, nada cómodo y muy frustrante. La dirección y producción se mantuvo fiel al guion de la obra y es una brutalidad. La actuación de Brendan es sublime y se nota en todo momento a la entrega por completo a esta dramatización; muestra de esto, fue que subió al menos 120 kg y usar un traje protésico de otros 130 kg para desempeñar el rol a cabalidad (sí era real todo el esfuerzo que le costaba al hacer movimiento y caminar). Mi niña interna fue feliz al ver a George de La Selva recibir su merecido Oscar. Otro detalle a resaltar fue la modalidad de la visual que se utilizó, un cuadro reducido que nos da la sensación claustrofóbica del aislamiento y confinamiento al que se entregó Charlie. En fin, es una gran producción, con una gran historia y que nos deja una gran reflexión sobre la vida y las relaciones. Y creo que está de más, pero si me lo preguntan, les responderé como siempre: “Sino la han visto, véanla, y si ya la vieron, vuélvanla a ver, no tiene pérdida de nada”.

 

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Isabel Londoño-columna El Rincón CinéfiloIsabel Londoño, egresó de la Universidad de Carabobo (UC) en el área psicosocial, tiene también estudios universitarios en turismo y sistemas.

Es una apasionada de la música y del Séptimo Arte desde que tiene memoria, siendo el cine y sus distintos géneros la pasión a la que ha dedicado más horas y análisis. Sus reseñas sobre clásicos o estrenos del cine aparecen ahora, cada viernes, en Ciudad Valencia desde “El Rincón Cinéfilo”.

 

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