“La docencia como práctica poética” por Arnaldo Jiménez

Arnaldo-Jiménez- cultura-Divagaciones

A lo largo de 23 años como docente de aula, he cosechado muchos fracasos, he guardado en mi alma el luto por estudiantes y compañeros de trabajo; he encontrado grandes amigos y grandes enemigos; el destino, como a todos, me ha montado en la rueda de sus fatalidades y celebraciones, de sus llantos y sus risas; pero quizás lo que más se ha mantenido con cierto ritmo de constancia en los tonos de la alegría, ha sido el hecho de haber concebido la docencia como una puesta en escena de la poesía: esto me desligó de una gran cantidad de formalismos inútiles, de una gran pérdida de tiempo pasando objetivos pedagógicos en los que no sentía la resonancia del espíritu. Un maestro no enseña un camino lleno de pasado, sino uno pleno en expectativas.

Entonces dejé entrar el misterio al salón de clases, dejé que la infancia allí presente no se sintiera encarcelada y traté de que mis clases se parecieran lo más posible a la libertad que se respira en los recreos. También entraron, es cierto, los problemas del barrio, los problemas familiares, las tristezas, los abandonos, las crueldades de algunos padres; por ello, pienso que un docente debe ser la mezcla de un poeta y un payaso.

La tragedia de muchas casas no debe reproducirse en las escuelas, yo procuré ser causa de risas y no de frustraciones y tristezas. Mi intención fue crear alumnos con la mayor calidad artística en sus expresiones, tanto literarias como pictóricas; mi intención fue crearles libertad de expresión y capacidad para pensar desde ellos mismos; no fue un logro que abarcara al cien por cien de los estudiantes, pero me siento satisfecho con esos logros, sobre todo, con el brillo de sus miradas y las risas que se escuchaban en toda la escuela.

Por supuesto, deseché los planes formales de enseñanza y me dediqué a crear mi propia planificación centrada en hacer de los estudiantes personas que pudieran ejercer sus libertades de expresión, seres creativos, pensantes. Para ello es menester concebir a la pedagogía como la posibilidad de producir conocimientos y no de ser meros repetidores de lo ya conocido. Nada mejor para lograr esto que la poesía, el más alto de los conocimientos en torno a la realidad y el más cercano a los estudiantes de la escuela básica.

Ysabel. El silencio del agua-Arnaldo Jiménez

Como resultado de esa práctica pedagógico–poética, mis estudiantes publicaron centenares de cuentos, poemas, microficciones en periódicos y revistas como La Costa, El Carabobeño y La Tuna de Oro. Algunos ganaron concursos municipales de poesía, realizaron exposiciones de dibujos en la Universidad de Carabobo y, además, ganamos el premio al mejor libro de lectura del año 2007 con el hermoso libro titulado “El silencio del agua”, libro que reúne poemas y dibujos de mis estudiantes, los cuales son de una calidad indiscutible.

Dos de ellos, Josué Uribe y Yisbel Navas, antes de pisar el liceo, ya tenían otro libro publicado; el primero un poemario titulado En el techo de los misterios, y la segunda, con un poemario titulado Eclipse de pajarito, ambos libros editados por la imprenta regional. Quedó pendiente otro poemario —con otro grupo de estudiantes— de increíble contenido, al cual titulamos El tejido de las nubes, lamentablemente no corrió la misma suerte que los anteriores.

Estos logros no los menciono para vanagloriarme, de esto hace mucho tiempo, ya esos estudiantes están casados, con hijos, y muchos residen fuera del país, y quizás un gran porcentaje ya no escriben; la finalidad radica en mostrar que el uso de la poesía, y de los géneros literarios, en la escuela básica, es una forma de incentivar el pensamiento creativo y lógico, educar en virtudes y valores, lograr el máximo de comprensión lectora y de resolución de problemas. Es una invitación a intentar romper con la educación tradicional basada en la memoria y en esquemas de evaluaciones perversas.

Aquí les dejo algunos aforismos que formaron parte de una guía personal por medio de la cual solía regir mis clases. Estos aforismos fueron publicados en su totalidad por la editorial Negro sobre Blanco con el título de “Trazos y borrones” (2014):

 

LEE TAMBIÉN: “El uso continuo de la poesía en la escuela básica”

 

La imagen que más le cala a la enseñanza es la de una gota de agua que insiste e insiste en atravesar un muro hasta que lo atraviesa, no la del aguacero que crepita en millones de intentos y ninguno logra su cometido.
–
La formación no consiste en calcar la imagen y la semejanza del maestro en el alumno, siempre hay un horizonte del deber ser al que ambos tienden: la autonomía de la individualidad.             
–
El orden no puede privar la espontaneidad. La disciplina no debe desaparecer a la alegría.
–
El sujeto de la educación es un sujeto artístico cuya forma es imprecisa e inconclusa. Un maestro debe moldear la esencia como hubiese querido moldear la de él, a sabiendas de que siempre existe la posibilidad de que sus huellas se borren y el sujeto rechace el molde y nada quede de sus enseñanzas.
–  
En los alumnos, como en los maestros, el salto al saber siempre es subjetivo, con un tiempo que nadie puede determinar de antemano, siempre hay que insistir procurando que ese tiempo aparezca lo más pronto posible. La insistencia es la literatura.                                              
 –  
Los planes son accesorios secundarios en comparación a la vocación de lector del docente.
–
Hasta que el maestro no admita sus deficiencias la escuela seguirá atorada en el fracaso. Por cierto, los talleres de mejoramiento profesional también.
– 
La seguridad que un estudiante tenga en sí mismo pasa por la seguridad de comprender lo que lee. La seguridad se traduce en aprender a elegir.
–
Que el lenguaje muerto, disecado, seccionado, aparezca cuando el lenguaje vivo, el lleno de luces, el que remueve las emociones y cambia la mirada sobre el mundo, haya hecho su aparición.                                                                
–
La gramática no muestra la sangre ni la médula del idioma, en verdad, es una técnica de momificación.
–
La conversación diaria sobre diferentes aspectos de la vida convierte al salón de clase en una caja de secretos rodeada por curiosos.
–
El maestro es la piedra que tranca el fluir del sistema educativo, un hermoso río donde van los niños en busca del misterio y de la poesía, y solo encuentran autoridad y fastidio. Pero el maestro también es el río que encausa sus aguas hacia el corazón de los alumnos, quienes son el inicio y el fin de su recorrido.
–
Ir a moldear otras vidas, ¿es posible? Creo que sí, pero de manera indirecta e inversa. Me explicaré. Busco en mí mismo lo que debo enseñar, ¿la forma?, ¿el molde? Lo que hay de ellos en gestación, tratando eso sí, de volver lumbre de estrella mis suciedades, de contagiar con mis limpiezas esas almas que me escuchan. El molde viene después, es incierto, y no depende tanto del docente como del alumno.

 

***

 

Arnaldo Jiménez nació en La Guaira en 1963 y reside en Puerto Cabello desde 1973. Poeta, narrador y ensayista. Es Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales por la Universidad de Carabobo (UC). Maestro de aula desde el 1991. Actualmente, es miembro del equipo de redacción de la Revista Internacional de Poesía y Teoría Poética: “Poesía” del Departamento de Literatura de la Dirección de Cultura de la UC, así como de la revista de narrativa Zona Tórrida de la UC.

Entre otros reconocimientos ha recibido el Primer Premio en el Concurso Nacional de Cuentos Fantasmas y Aparecidos Clásicos de la Llanura (2002), Premio Nacional de las Artes Mayores (2005), Premio Nacional de Poesía Rafael María Baralt (2012), Premio Nacional de Poesía Stefania Mosca (2013), Premio Nacional de Poesía Bienal Vicente Gerbasi, (2014), Premio Nacional de Poesía Rafael Zárraga (2015).

Ha publicado:

En poesía: Zumos (2002). Tramos de lluvia (2007). Caballo de escoba (2011). Salitre (2013). Álbum de mar (2014). Resurrecciones (2015). Truenan alcanfores (2016). Ráfagas de espejos (2016). El color del sol dentro del agua (2021). El gato y la madeja (2021). Álbum de mar (2da edición, 2021. Ensayo y aforismo: La raíz en las ramas (2007). La honda superficie de los espejos (2007). Breve tratado sobre las linternas (2016). Cáliz de intemperie (2009) Trazos y Borrones (2012).

En narrativa: Chismarangá (2005) El nombre del frío, ilustrado por Coralia López Gómez (Editorial Vilatana CB, Cataluña, España, 2007). Orejada (2012). El silencio del mar (2012). El viento y los vasos (2012). La roza de los tiempos (2012). El muñequito aislado y otros cuentos, con ilustraciones de Deisa Tremarias (2015). Clavos y duendes (2016). Maletín de pequeños objetos (Colombia, 2019). La rana y el espejo (Perú. 2020). El Ruido y otros cuentos de misterio (2021). El libro de los volcanes (2021). 20 Juguetes para Emma (2021). Un circo para Sarah (2021). El viento y los vasos (2da edición, 2021). Vuelta en Retorno (Novela, 2021).

(Tomado de eldienteroto.org)

 

Ciudad Valencia