Oh, Sidharta Gautama, tú tenías razón:
¡Oh, Sakyamuni Budha, Mendigo del Nepal, Niño de Oro, que al sordo cuenco y a la lengua muda concertaste en el diálogo sonoro! ¡Príncipe del Amor, Epifanía de las manos abiertas, ráfaga de la eterna lejanía que sopló la Inmortal Sabiduría sobre el silencio de las cuatro puertas! Sales, ¡oh Budha Blanco!, de ti mismo e inquieres en tu propia corteza, para hallarte a ti mismo, y en tu escondido corazón prefieres cinco discípulos a diez mujeres, porque ellos son la senda y ellas son el abismo.
Por tu humildad, que te trocó en hermano del pestoso, del pobre y del villano y convirtió en harapos tus arreos y en pedigüeña la opulenta mano; por la renunciación de tus deseos; por el filo que corta tu prócer cabellera; por tus meditaciones sobre lo que no existe, cuando en silencio de bandada triste poblaste de alas blancas la angustia de la higuera; por la eficacia de tu sufrimiento; por la profundidad de tu ternura; por tu sonrisa helada en el portento, sereno Bhagavat de trenza oscura, a tus pies, vertical y pensativo, planta mi trigo virgen su tesoro: tus pies son las raíces de un olivo que me harán florecer en granos de oro…
¡Salve, esencia proteica, que en nube, en flor y en flama te repites en ciencia y en perfume y en norma! Bodhidarma es la intensa proyección de Gautama que al través de los siglos dinamiza la forma. Yo, que a cinco discípulos hubiera preferido una sola mujer; yo, que al anciano nunca tendí la mano; yo, que no abrí mi casa al perseguido; yo, que mordí las ancas de la oveja inocente y arrasé mis frutales y di la flor al agua y el fruto a la serpiente; yo, que de mis panales tomé la miel y desterré la abeja; yo, que llené de barro los umbrales donde la honestidad me abrió su reja; yo, que rompí la intrepidez del canto sobre la boca azul de la sirena y abrí sendas de llanto y abrí surcos de pena, yo vengo a ti; contra mi ser gravita y está ya hiriendo la segura pisada; quede en mi carne tu piedad inscrita bajo la aguda luz de tu mirada.
Quiero sentir el gozo revelado que al imperial durmiente llenó de pesadillas; ¡cuánto me busco y nunca me he encontrado!; quiero, Señor, sintiéndome a tu lado mirar mis interiores maravillas… Yo quiero hablarte en el idioma intacto que abrió a tu paso inéditos cariños, en una lengua cándida, sencilla, como un acto, en la lengua del ángel, en el indio del pacto o en el chino celeste de los niños. Y juntar a tus pálidos reflejos la inmensidad de Cristo, la luz de Zoroastro, para así contemplarte, cerca o lejos, desde cerca, una hoguera; desde lejos, un astro. Y con Cristo y contigo, como con dos antorchas que alumbraran mi calma, dejar toda la carne al enemigo y echar por mi interior, buscando un alma.
Y si tú me sonríes, entonces en el hombre florecerá el espíritu domesticado y diestro y escribiré para alabar tu nombre, en un grano de arroz un padrenuestro. Y llegará hasta mí, grave y clemente, como en un sueño de transmigraciones, tu amor, que es como un río de invertida corriente, que del mar se devuelve, buscando hacia su fuente el Himalaya de los corazones…
DEL MISMO AUTOR: “A LOMO DE TIERRA” Y “LA CASA DE LA PIEDRA” DE ELOY SIRA GALÍNDEZ
Renuncia
He renunciado a ti. No era posible. Fueron vapores de la fantasía; son ficciones que a veces dan a lo inaccesible una proximidad de lejanía.
Yo me quede mirando como el río se iba poniendo encinta de la estrella… hundí mis manos locas hacia ella y supe que la estrella estaba arriba…
He renunciado a ti, serenamente, como renuncia a Dios el delincuente; he renunciado a ti como el mendigo que no se deja ver del viejo amigo;
como el que ve partir grandes navíos con rumbos hacia imposibles y ansiados continentes; como el perro que apaga sus amorosos bríos cuando hay un perro grande que le enseña los dientes;
como el marino que renuncia al puerto y el buque errante que renuncia al faro y como el ciego junto al libro abierto y el niño pobre ante el juguete caro.
He renunciado a ti como renuncia el loco a la palabra que su boca pronuncia; como esos granujillos otoñales, con los ojos estáticos y las manos vacías, que empañan su renuncia, soplando, los cristales en los escaparates de las confiterías…
He renunciado a ti, y a cada instante renunciamos un poco de lo que antes quisimos y al final ¡Cuántas veces el anhelo menguante pide un pedazo de lo que antes fuimos!
Yo voy hacia mi propio nivel. Ya estoy tranquilo. Cuando renuncie a todo, seré mi propio dueño; desbaratando encajes regresaré hasta el hilo. La renuncia es el viaje de regreso del sueño…
Andrés Eloy Blanco (Venezuela, 1896, México, 1955).

La levedad búdica en Andrés Eloy
En estos dos poemas se siente el peso o quizás mejor sería decir la levedad de las enseñanzas budistas. Los poemas «Laude a Budha» y «Renuncia» de Andrés Eloy Blanco representan una de las exploraciones singulares de la espiritualidad oriental en la poesía venezolana. Al conmemorarse este año el 130 aniversario de su nacimiento en Cumaná, el 6 de agosto de 1896, sus versos adquieren una resonancia especial a la luz de la reciente tragedia en Nepal, tierra sagrada donde el Buda histórico halló la iluminación.
«Laude a Budha» se erige en plegaria laica, donde el poeta no se convierte al budismo sino que dialoga con él. Andrés Eloy construye una imagen del Buda que trasciende lo doctrinal para convertirse en arquetipo de una búsqueda interior. Este Buda no es un dios, sino un modelo de autoconocimiento que el poeta invoca desde su propia imperfección confesada .
El poema alcanza su centro ético en el contraste entre la enseñanza budista que prefiere «cinco discípulos a diez mujeres» y la confesión personal del hablante, «Yo, que a cinco discípulos hubiera preferido / una sola mujer». El poeta se presenta como un discípulo indigno, alguien que ha «llenado de barro los umbrales» y viene ahora a buscar la «piedad inscrita bajo la aguda luz» de la mirada del Buda.
Uno de los pasajes más notables del poema es la apertura ecuménica: «juntar a tus pálidos reflejos / la inmensidad de Cristo, la luz de Zoroastro». Andrés Eloy Blanco no concibe el budismo como una fe excluyente, sino como parte de un tejido espiritual más amplio donde «desde cerca, una hoguera; desde lejos, un astro». Esta visión sincrética revela a un poeta que busca «dejar toda la carne al enemigo / y echar por mi interior, buscando un alma», independientemente de la tradición que ilumine el camino.
La imagen final del amor como «un río de invertida corriente / que del mar se devuelve, buscando hacia su fuente / el Himalaya de los corazones» conecta magistralmente la geografía sagrada de Nepal con la topografía del alma humana que tanto nos toca en estos tiempos.
«Renuncia» funciona como complemento y antítesis del poema anterior. Si «Laude a Budha» era una invocación, «Renuncia» es una constatación amarga: «He renunciado a ti. No era posible». La renuncia aquí no es la liberación budista del deseo, sino el doloroso reconocimiento de una imposibilidad. Blanco describe la renuncia con una sucesión de metáforas que banalizan lo sagrado: «como renuncia a Dios el delincuente», «como el mendigo que no se deja ver del viejo amigo».
El poema que dice, descargándose del ego: “Cuando renuncia todo seré mi propio dueño”, concluye con una afirmación donde vibra la enseñanza budista: «La renuncia es el viaje de regreso del sueño». Al renunciar, el poeta regresa a «su propio nivel», encontrando en la pérdida una extraña tranquilidad. Esta paradoja, que la renuncia es una forma de retorno, habla de la noción del desapego como camino hacia la paz interior.
La reciente tragedia en Nepal confiere una dimensión contemporánea a estos poemas. El «Himalaya de los corazones» que AEB evocaba se ha cubierto de nieve y luto. La levedad de las enseñanzas budistas que el poeta celebraba contrasta ahora con la pesadez del dolor concreto. Sin embargo, quizás es precisamente en este contraste donde la poesía encuentra su vigencia, la espiritualidad sin evasión que sostiene la mirada frente a la adversidad.
Armando Amanaú

Canción a García Lorca*
España,
¿por qué mirabas al cielo cuando los esbirros de Franco se llevaron a Federico?
Andalucía sabía que lo iban a matar.
Valencia también lo sabía. ¿Por qué no gimió la tierra bajo los pies de los asesinos?
¿Por qué cruzaste los brazos
y apretaste los labios
Sabiendo que la canción amada
iba a la muerte?
No lo llevaron a un muro, no lo llevaron a una plaza:
A un naranjal fue donde se lo llevaron engañado. Federico caminaba orgulloso.
De paso tomaba naranjas que lanzaba con fuerza a los estanques y ciénagas. Bajo la luna
las naranjas
parecían de oro
y no se hundían. Simplemente no se iban al fondo.
Parecía que las naranjas eran planetas arrancados del cielo,
Cosa que ocurre siempre que va a morir un poeta. Pero los estanques se secaban
y las naranjas se ponían tristes
Y las huellas de sus pisadas se va a apuraban. Mientras bebía una limonada y cantaban entre dientes poeta.
1958
Nikolái Aséiev (Rusia)
*Versión del poeta chileno Nicanor Parra

Coplas de Armando Amanaú
Salieron a recibirlo
Vinieron a recibirlo
las almas de los ancestros, Juan Vivas llegó primero,
la Nena y sus abuelos.
Llegó como taita grande
con su mujer y su nieto,
cada cual tiene su ángel aguardándole en el cielo.
Cada quien dice su letra
y repiten todos ellos,
que brille en la luz perpetua
la bendición del destello.
…
Ave María Purísima
—sin pecado concebida—
repite la calísima
conseja sobre la vida.
14/08/26
…
Escribí
Escribí en el barro
con mis dedos
y con un buril
sobre la piedra;
ataron la zurda
que ya era diestra
y me hicieron siniestro
en el arte de la guerra;
dibujé imperfecto
cada signo
y volví a la roca
cabalgando las teclas
de metal entre mis dedos;
talé bosques enteros
para obtener una página
limpia y una condena
dura y obsesiva;
cuando los ríos
de nuevo se juntaron,
vi el universo
en una ola.
Luis Alberto Angulo (Venezuela)
Sobrevives
Sobrevives a millones
que nacieron en tu día
y también después de ti;
es imposible calcular
antes de tu venida
pero es cierto, sobrevives
a un ser antidiluviano
escapando
más allá del tiempo
Luis Alberto Angulo (Venezuela)
Liga mayor a los 16
En La Guaira, Venezuela, cien niños beisbolistas perdieron la vida
durante el terremoto
y ahora en Colombia,
José Juan Vivas (IV),
otro atleta venezolano
de 16 años, llega también
a las ligas mayores
desde esa ciudad
donde entrenaba.
Cuando en los escombros del edificio Vanessa
en la ciudad de Cali encontraron
su inseparable bate
se percataron
se había ido junto
a otros compañeros
a las grandes ligas
como fue su sueño.
Ahora el primito barinés jugará con los equipos celestes donde solo
los inmortales lanzan
y atrapan la pelota
entre galaxia y galaxia, bajo la presencia
de millones de astros
de todos los tiempos y
los abuelos paternos sonrientes saludarán
en las gradas infinitas
del estadio universal.
Luis Alberto Angulo (Venezuela)
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Luis Alberto Angulo (Barinitas, 1950). Poeta, coautor de Viento barinés (UC, 1977), y autor de las compilaciones: Antología de la casa sola (Fundarte, 1982), Fusión poética (UC, 2000), La sombra de una mano (2005), Antología del decir (2013), y Coplas de la edad ligera (2023) en Monte Ávila Editores. También de LAAR’S POÉTICA (Ciudad Valencia, 2026).
Ciudad Valencia/RN













