Pilar fundamental de la escena carabobeña, la actriz Maritza Mendoza ha consagrado su vida a mantener vivo el icónico Teatro Arlequín, un espacio que ha desafiado el tiempo, las crisis y las adversidades y sigue apostando por la formación y el arte en la ciudad.

Y es que si hay un sinónimo de constancia, pasión y trinchera cultural en Valencia, es este teatro. Y hablar de esta institución con casi siete décadas de historia es invocar indiscutiblemente a Maritza Mendoza, una mujer que se acuesta y se levanta pensando en teatro, dispuesta tanto a subirse a un andamio para raspar una pared como a protagonizar un montaje de altura.

Con una carrera que supera las 150 obras y una vida entera dedicada a la escena junto al inolvidable maestro Miguel Torrence, Maritza representa la bohemia, la dramaturgia y la resistencia artística en el estado Carabobo.

 

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Arlequín: Una historia de resistencia y autonomía

Fundado hace 66 años, el Teatro Arlequín nació bajo una premisa fundacional inquebrantable dictada por el maestro Miguel: la independencia creativa. En un episodio histórico recordado por Maritza, cuando la Universidad de Carabobo ofreció incorporar con sueldos fijos a los cinco alumnos más veteranos del Teatro Universitario, la decisión colectiva fue declinar la oferta para apostar por un sueño propio. «Si no hubiésemos tomado esa decisión, no existiría esto que tenemos acá», reflexiona.

A lo largo de su historia, el Arlequín ha sido un nómada creador que ha sabido echar raíces. Desde sus primeros espacios compartidos con la universidad, pasó por la casa en comodato otorgada en su momento por el gobernador Pachito Estopiñán, hasta la adquisición definitiva de los espacios actuales en Valencia, todo esto gracias a la solidaridad de rectores, vecinos y a una terca labor autogestionaria basada en alianzas y un blindaje jurídico para pertenecerle a la comunidad y a la ciudad.

El presente: Formación permanente y nuevos montajes

Lejos de detenerse, el Arlequín mantiene una cartelera sumamente activa. Actualmente impulsa talleres permanentes de actuación para niños, jóvenes y adultos, además de consolidar la Asociación Venezolana de Noveles Directores (AVENDIT).

Bajo este espacio de dirección han cobrado vida puestas en escena como «Puertas adentro» (dirigida por Tony Hernández) y el montaje del clásico de August Strindberg, «La más fuerte». Además, el centro avanza en la habilitación de un nuevo espacio de formación avalado por el Ministerio de Educación.

 

«Preñaditas»: dos funciones en octubre de una pieza crítica y divertida

Definida a sí misma con humor como una «bestia para trabajar», Maritza Mendoza ha hecho del arte su trinchera de vida. Rechazando en el pasado grandes ofertas de directores extranjeros para priorizar su proyecto comunitario en Valencia, su brújula artística siempre ha oscilado entre dos mundos necesarios: el teatro comercial o de gran pegada popular —que le permite generar recursos para sostener la infraestructura y adquirir equipos— y el teatro de profundidad reflexiva que la hace crecer como artista.

Un claro ejemplo de esta dualidad es su reciente y exitosa interpretación en la cruda y sarcástica obra de José Gabriel Núñez, «Preñaditas» —pieza que le ha permitido financiar mejoras técnicas para el centro cultural—, combinada con su preparación actoral para encarar próximamente el exigente monólogo Antígona, una versión del poeta peruano José Watanabe sobre el clásico de Sófocles.

Sobre «Preñaditas», la comedia que confronta al espectador a través del personaje de Lastenia, una socióloga maternal atrapada entre la narrativa idílica de la maternidad y la cruda —y desternillante— realidad de los cambios corporales, el torbellino hormonal, las exigencias de la lactancia y la soledad del abandono, Mendoza nos contó que hará dos funciones: El 10 de octubre en el Teatro Arlequín y el 17 de octubre en el Teatro Municipal de Guacara. 

 

Un legado familiar y generacional

El Teatro Arlequín y la vida personal de Maritza son indivisibles. Por sus salas han desfilado generaciones enteras de los más insignes actores y hacedores de la cultura nacional (como Aroldo Betancourt, Luis Rivas, Alexander Milic, entre muchos otros).

La mística de trabajo, el respeto por el compañero y la convicción de que en el arte no existe la competencia, sino un público amplio por conquistar, han sido las premisas que han mantenido a esta gran familia teatral unida a lo largo de décadas.

«¿Qué es lo que ha hecho que el Arlequín permanezca en el tiempo?

-Primero, que aprendí con los maestros que no puedes ser egoísta, que tienes que pensar siempre en el que está al lado tuyo […] Es el amor y tener claro tu proyecto de vida», expresa Maritza.

Con una visión clara hacia el futuro y un compromiso inquebrantable que no se detiene ante las crisis, Maritza Mendoza continúa abriendo las puertas del Teatro Arlequín, demostrando que en Valencia el arte popular, hecho con amor, sigue teniendo un latido firme y esperanzador.

 

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Ciudad Valencia/M.Ll

Fotos y vídeo: OD/SV