No figura entre mis temas de escritura hablar de algo sucedido exclusivamente en los Estados Unidos (EEUU), pero para una sección de curiosidades como esta, el paralelismo de las vidas y las muertes de Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy es demasiado tentador como para no abordarlo.

Abraham Lincoln, el décimo sexto presidente de los EEUU, nació en Hodgeville, Kentucky, el 12 de febrero de 1809.
Le tocó presidir a su país entre 1861 y 1865, esto es, durante la Guerra de Secesión, situación que logró sortear con éxito, aunque murió asesinado mientras asistía a una obra de teatro, once días antes de que se firmara la paz.
Kennedy, por su parte, nació en Brookline, Boston, el 29 de mayo de 1917, y en 1960 fue electo como trigésimo quinto presidente de su país.
Tres años después, en 1963, Kennedy también murió asesinado, mientras se hallaba de visita en la ciudad de Dallas, en campaña para su reelección.
Las coincidencias entre las vidas de ambos gobernantes estadounidenses son tantas que científicos serios de diversas universidades estadounidenses han ahondado matemáticamente en el tema del azar y las casualidades.

Y es que tal como señala el conocido divulgador científico Martin Gardner: “Trillones de acontecimientos importantes y triviales les suceden a miles de millones de personas todos los días. Por lo tanto, es inevitable que, de vez en cuando, ocurran cosas sorprendentes”.
En cuanto a las asombrosas coincidencias entre las vidas de Lincoln y Kennedy están las siguientes:
En primer lugar, ambos presidentes se preocuparon por los derechos civiles; Lincoln fue al Congreso en 1847 y Kennedy en 1947. Lincoln fue electo presidente en 1860 y Kennedy en 1960.
Los dos medían exactamente 1,83 m. Sus apellidos tenían siete letras; fueron asesinados un día viernes, en presencia de sus respectivas esposas, y recibieron un disparo en la parte posterior de la cabeza.

Los sucesores de ambos eran demócratas del Sur, habían sido senadores y llevaban el mismo apellido, Johnson. Además, los nombres de ambos sucesores tenían seis letras: Andrew, el de Lincoln, y Lyndon el de Kennedy. Para colmo, Andrew Johnson había nacido en 1808 y Lyndon Johnson en 1908.
Por si fueran pocas las anteriores coincidencias, las esposas de Lincoln y de Kennedy perdieron cada una un bebé cuando residían en la Casa Blanca.
John Wilkes Booth, el asesino de Lincoln, nació en 1839; en tanto que Lee Harvey Oswald, el asesino de Kennedy, nació en 1939. Booth y Oswald fueron asesinados antes de ser juzgados.

Booth mató a Lincoln en el teatro Ford y se escondió en un almacén. Oswald mató a Kennedy –que viajaba en un automóvil Lincoln de la Ford–, disparando desde un almacén y se escondió en un teatro.
Además, los nombres de ambos asesinos tienen quince letras cada uno y en ambos casos se cree que no actuaron solos, que tras ellos se hallaban implicados influyentes personajes de la política y la economía estadounidenses.
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Aunque todo lo anterior bastaría para ponernos a pensar, ninguna casualidad asombra más que la de los apellidos de los secretarios de ambos presidentes: el secretario de Lincoln era de apellido Kennedy y el de Kennedy de apellido Lincoln.
Ambos secretarios aconsejaron a sus respectivos jefes no asistir a los lugares donde fueron asesinados y ambos jefes se negaron a oír las recomendaciones.
Puede decirse que Lincoln y Kennedy no se limitaron a llevar vidas análogas, sino que también tuvieron muertes paralelas.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia / Foto del autor Gerardo Rosales












