Hace poco, buscando informaciones adicionales para un artículo, me topé con varias de lo más inquietantes: hasta 2015 –más de diez años atrás–, y solamente en Estados Unidos (EEUU), habían fallecido 144 pacientes por complicaciones técnicas, mientras eran operados por robots quirúrgicos. Tales complicaciones mortales no pudieron atribuirse a errores humanos, por lo que quedó en el aire la sospecha de que dichos robots habían incurrido en asesinatos.
Esto podría sonar absurdo, de no ser porque cada día son más frecuentes los arrollamientos fatales de personas por automóviles de conducción autónoma, es decir, los que carecen de chofer. La culpa de los mismos se atribuye a fallas en la interpretación del entorno, por parte de la Inteligencia Artificial.
En 2015, en la planta de Volkswagen en Baunatal, Alemania, un robot estacionario de montaje golpeó y aplastó contra una placa metálica al técnico de 21 años que lo estaba instalando. Esa muerte fue atribuida a un error humano, pese a que la víctima se hallaba dentro de la jaula de seguridad empleada para protegerlo.
DEL MISMO AUTOR: EL ORIGEN DE LAS COMETAS
Este episodio causó revuelo, debido a que la reportera que informó del suceso se llamaba Sarah O’Connor, un nombre casi idéntico al de Sarah Connor, la protagonista de la saga Terminator.
El 9 de noviembre de 2023, en un centro de distribución de productos agrícolas en la provincia de Gyeongsang del Sur, Corea del Sur, un empleado de 40 años fue empujado sobre una cinta transportadora por un robot industrial. Según determinaron las autoridades, dicho robot sufrió un fallo que lo llevó a identificar al trabajador como una de las cajas que estaba colocando sobre un pallet de madera. El empujón resultó letal por los golpes que la víctima recibió sobre su rostro y en el pecho.
Para elaborar un libro que aún no he escrito, que se titulará El futuro llegó ayer, ya había reunidodo datos sobre quién fue la primera persona asesinada por un robot, e incluso había apuntado lo que sigue a continuación.
Aunque increíblemente ya han pasado varias décadas desde que ocurrió el hecho, la noticia del primer humano asesinado por un robot sigue pareciendo de ciencia ficción. Sucedió el 25 de enero de 1979, en la planta de la Ford Motor Company, en Detroit, EEUU. Un obrero llamado Robert Williams, de 25 años, fue golpeado en la cabeza por el brazo de un robot diseñado para retirar piezas de recambio en el almacén.

Como consideraba que el robot era demasiado lento, Williams entró al almacén contiguo a buscar una pieza. Accidentalmente, el robot movió su brazo –que pesaba una tonelada–, y lo golpeó, matándolo al instante.
La familia de Williams demandó a la empresa alegando que el robot no estaba dotado de un sistema o mecanismo para alertar a los trabajadores de su cercanía. La Ford Motor Company debió pagar diez millones de dólares a modo de indemnización.
Debido a que Williams murió accidentalmente, se considera que la verdadera primera víctima de un robot no fue él, sino el obrero industrial japonés Kenji Urada, quien falleció dos años después, el 4 de julio de 1981, a los 37 años de edad. Urada trabajaba en una planta de la empresa Kawasaki Heavy Industries, en la ciudad japonesa de Akashi, en tareas de mantenimiento.
El día de su muerte, se dispuso a hacer una revisión rutinaria de uno de los robots de la fábrica. Lo primero que Urada hizo, como de costumbre, fue desconectarlo. Pero, cuando fue a inspeccionarlo, el robot movió su brazo y lo empujó, haciéndolo perder el equilibrio. El obrero industrial cayó en una máquina rectificadora en funcionamiento, lo que le produjo la muerte.
Según la investigación realizada por la policía, el robot no quedó completamente desconectado, por lo que la muerte de Urada también se consideró accidental. Sin embargo, hubo unanimidad en las declaraciones de sus compañeros de trabajo más cercanos. Todos, en entrevistas por separado, coincidieron en afirmar que el robot sí estaba apagado, al momento de empujar a Urada.
Como se ha podido ver, a través de esta nota, los autómatas electrónicos ya se han cobrado varias decenas de víctimas, en lo que puede considerarse un anticipo de la futura lucha entre humanos y robots.
Y es que la tecnología, que la mayoría de las personas considera infalible, al ser operada y programada por individuos de carne y hueso, es susceptible de cometer errores e incluso crímenes; algunos, y aunque parezca mentira, deliberados.
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Armando José Sequera es un escritor y periodista venezolano. Autor de 93 libros, todos publicados, gran parte de ellos para niños y jóvenes. Ha obtenido 23 premios literarios, ocho de ellos internacionales (entre otros, Premio Casa de las Américas, 1979; Diploma de Honor IBBY, 1995); Bienal Latinoamericana Canta Pirulero, 1996, y Premio Internacional de Microficción Narrativa “Garzón Céspedes”, 2012).
Es autor de las novelas La comedia urbana y Por culpa de la poesía. De los libros de cuentos Cuatro extremos de una soga, La vida al gratén y Acto de amor de cara al público. De los libros para niños Teresa, Mi mamá es más bonita que la tuya, Evitarle malos pasos a la gente y Pequeña sirenita nocturna.
«Carrusel de Curiosidades se propone estimular la capacidad de asombro de sus lectores».
Ciudad Valencia/RN











