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“Muhammad Alí: 15 Rounds” por Luis Alberto Angulo

A Muhammad Alí se le considera el más grande peleador por su legado pugilístico de magnífico atleta y también por su compostura ante la historia: se negó a pelear en contra de Vietnam, país al que no consideraba enemigo, como sí lo eran quienes lo despreciaban en su propia tierra, los mismos que hacían la guerra en Indochina.

Lo llevaron a la cárcel, le impidieron pelear, lo calumniaron y llamaron cobarde, pero él ganó todos los combates y la guerra misma: ¿qué lo hace superior a todos los demás grandes luchadores del ring?, ¿sus puños?, ¿su técnica?, ¿la velocidad?, ¿su jab y gancho de derecha?, ¿el juego de piernas?, ¿la resistencia?, ¿la inteligencia y la paciencia?, ¿el humor?… No, no, su corazón y su conciencia, su capacidad de hablar con todos.

Oigamos narrar desde el poema de Amanaú los asaltos del combate por la corona mundial de la verdad; es la voz de un guerrero renacido adalid del mundo.

Sobre el ring, la más “solitaria de las islas”, desfilan una a una las ánimas de los grandes gladiadores, se oye en el rugir de las multitudes y las olas que nombran a Sugar Ray Robinson, Joe Luis, Rocky Marciano, Archie Moore; entre round y round Muhammad Alí pelea con sus nombres, pero es campeón de la gesta de naciones enteras.

El texto, publicado originalmente en inglés, ha sido interpretado como una aguda protesta a la perversa injerencia política norteamericana acentuada en las últimas décadas en contra de la República Bolivariana de Venezuela.

 

Muhammad Alí-Zaire

 

I
“Fue como ver quitarle
las alas a una mariposa”
dijo un comentarista deportivo después de la pelea pero Alí sostuvo
ante la prensa su admiración por la resistencia de Patterson;
al final de la contienda
todos lo vimos ir hacia
la esquina de Floyd
en señal de respeto…

 

II
Aquellos combates eran casi todos
duelos de campeones; me tocó
enfrentar a los mejores y
a los peores púgiles
del mundo, todos
venían por mí, yo era miel
para las moscas hambrientas de fama, riqueza y poderío,
tuve que pelear con los buenos y los malos
que también eran muy buenos,
un caballero del ring me golpeó tan duro
que mis parientes en África lo sintieron
y unas sucias ratas golpearon mi nuca y mis riñones
sin que los árbitros nada dijeran.

 

III
Sí, peleé con todos,
con el racismo y los prejuicios, con la violencia del Estado,
con la industria de la guerra, con las mafias deportivas,
con el odio, la incomprensión, el desprecio y la crueldad;
pero no estaba solo en el ring, detrás de mis puños y piernas
sentía a millones de negros coreando mi victoria: “Black is Beautiful”

 

VI
… soy un descendiente de África
nacido en Kentucky el 17 de enero de 1942
bajo el cielo gris del invierno…

 

V
Roma, 1960, fue el primer destello dorado.
Una bicicleta robada en Louisville se transformó en otra más famosa
y en la medalla que colgó de mi cuello, el presagio de todo lo que vendría.
Al final mi más dura pelea, el Párkinson,
no impidió en Atlanta -1996- que encendiera el pebetero
de los Juegos Olímpicos que marcó en Roma la senda:
pude ser laureado por un Píndaro
y por todos los sedientos
de justicia, nunca fui
un negro vergonzante o un yesman del sistema,
pertenezco a la estirpe de los  espíritus nobles
y pido que se enarbole mi nombre
al lado de los buenos
y las grandes causas…

 

VI
El jab no solo golpeaba a otro hombre, golpeaba
las cadenas de una idea obsoleta y podrida.
Cada esquive era un “no” elegante y firme
a la obligación de ser lo que ellos querían.

 

VII
Me quitaron el título, me quitaron los años dorados,
me pusieron grilletes de papel y tinta de calumnia.
Pero no pudieron quitarme mi nombre soy Muhammad Alí,
hombre perteneciente a Dios, hermoso como un verso
de Maya Ángelus y un caballo en la pradera de Bluegrass.

 

VIII
Cassius Clay fue el apelativo de una plantación esclavista
que avergüenza al solo recordarlo,
me lo quité como me quité los sponsors,
me planté desnudo de todo, excepto de la verdad;
entre el ensogado patio de la lucha hice respetarlo.

 

IX
“¡Viva Alí!” gritaban en Kinshasa,
África era un solo grito en mi pecho desde siempre;
Foreman tirando golpes que partían el aire en dos
y yo, pegado a las cuerdas, como un mártir,
dejando que su poder se ahogara en mi paciencia.
El mundo vio caer al gigante, y en su caída
se levantó un continente.

 

X
“¡Flota como mariposa, pica como abeja!”
la poesía del cuerpo en éxtasis,
el ritmo del jazz en guantes de cuero,
fusión de músculo, valor y gracia,
la risa en la cara del peligro,
la arrogancia necesaria para sobrevivir,
el espectáculo que escondía
la ferocidad de un tigre en plena cacería.
Y tras la pelea, tras el estruendo,
la soledad del vestuario.
El hielo sobre las costillas hinchadas,
el sabor a sangre y vaselina.
El eco de los golpes resonando en el cráneo,
el precio de la gloria pagado en dolor.
Pero en el espejo, la sonrisa volvía:
“¡Soy el más grande! ¡Lo acabo de demostrar!”

 

XI
El mundo me dio su amor, luego su tristeza.
Vieron mis manos temblar, mi voz callarse.
La enfermedad, ese oponente silencioso
contra el que no hay nocaut, ni cuenta de diez.
Aprendí a esquivar sus golpes con otra gracia,
a bailar con el temblor, a flotar en la dificultad.
Mi espíritu, intacto, sonriente,
mientras mi cuerpo aprendía a rendirse round a round.

 

XII
Y en Atlanta, 1996, con la antorcha temblando en mi mano,
el silencio más grande del mundo estalló en un grito.
No había medalla de oro en Roma que valiera más
que aquel momento. Era el perdón, el reconocimiento, la redención.
Era la prueba de que al final, el amor gana.
El fuego iluminó mi rostro marcado por la lucha,
y por un instante, no hubo temblor, solo paz.
Solo el más grande honor en una vida de honores.

 

XIII
Ahora mi estatua está en Louisville, junto al río.
Hecha de bronce, pero ligera, preparada para flotar.
Los niños se sacan fotos imitando mi pose,
sin saber la mitad de las batallas que libré.
Pero está bien. El ring es eterno, la pelea continúa
en cada joven que se atreve a desafiar lo establecido.
Mi imagen está quieta, pero mi legado no deja de moverse,
esquivando la injusticia
y golpeando con los versos.

 

XIV
Así que si quieren juzguen mi récord, cuenten mis knockouts.
Hablen de mi velocidad, mi jab, mi coraje en el ring.
Pero mi verdadera victoria no está en ese libro.
Está en la semilla que planté cuando me negué a matar.
Está en el orgullo que dijo “soy negro y soy bello”.
Está en el hombre que perdió todo por ganarlo todo.
La pelea de un hombre
no es contra otro hombre,
es contra la pequeñez del mundo que intenta encerrarlo.

 

XV
Cuando la campana final sonó el 3 de junio de 2016,
el árbitro del cielo contó hasta diez,
no me pusieron de pie,
me dejaron descansar.
Gané por nocaut técnico a la oscuridad
porque floté como mariposa en los campos del odio,
piqué como abeja en la conciencia del mundo,
y mi corazón, ese músculo imbatible,
fue el que llevó la cuenta final de la victoria.
Soy Muhammad Alí
llamado por siempre
el más grande púgil
del milenio…
Ya no hay sed, voy al paraíso.

 

Armando Amanaú
(Venezuela, 2025)

 

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Muhammad Alí-Foreman

 

Datos de la carrera pugilística de “The Greatest»

  • Hizo 166 peleas: como amateur 105 (5 derrotas),
  • Como profesional hizo 61, 37 por KO (5 derrotas).
  • Se estima que conectó más de veinte mil golpes como profesional y recibió más de dieciocho mil.
  • Desarrolló una CTE: Encefalopatía Traumática Crónica, enfermedad cerebral degenerativa causada por los golpes repetidos en la cabeza, que le provocó Parkinson y otros síntomas que padeció hasta su muerte.
  • El «Rope-a-dope», estrategia que usó para vencer a Foreman en 1974 (apoyarse en las cuerdas y dejar que se cansara golpeándolo), fue catastrófica para su salud a largo plazo. Se calcula que, en esa pelea, recibió alrededor de 400 golpes directos, muchos de ellos en la cabeza, de uno de los pegadores más fuertes de la historia.
  • Su estilo «float like a butterfly» al principio era evasivo y le permitía esquivar golpes. Sin embargo, en su etapa posterior, perdió velocidad, pero ganó en corazón y resistencia, optando por pelear más de cerca y absorber una cantidad enorme de castigo para ganar, lo que tuvo un coste físico devastador. Las cifras de golpes recibidos son un testimonio silencioso del precio que pagó por ser El Más Grande.

 

***

 

LAAR-Luis Alberto Angulo-columna Sábado

Luis Alberto Angulo [Rivas], nació en Barinitas, estado Barinas en 1950. Desde 1972 reside en Valencia (Carabobo). Poeta y articulista.

Bibliografía directa: Antología de la casa sola, Una niebla que no borra, Antípodas, Fusión poética, La sombra de una mano, Antología del decir, Coplas de la edad ligera. 

Premios: “IV Concurso Internacional de la revista Poesía (UC)”, así como de los certámenes nacionales de poesía “Francisco Lazo Martí” y “Rómulo Gallegos”.

Antólogo de: San Juan de la Cruz, Miguel Hernández, Enriqueta Arvelo Larriva, Ana Enriqueta Terán, Gelindo Casasola, Ernesto Cardenal; “Rostro y poesía, poetas de la Universidad de Carabobo”, “El corazón de Venezuela, patria y poesía”.

Coautor con Luis Alberto Angulo Urdaneta de “Viento barinés”; con Luis Ernesto Gómez de “Poetas venezolanos en solidaridad con Palestina, Irak y Líbano”; con Nereida Asuaje de “Lubio Cardozo, Del lugar de la palabra”.

Textos suyos aparecen incluidos en las antologías: “Jóvenes Poetas de Aragua, Carabobo y Miranda” (Fundarte 1978), de José Napoleón Oropeza; “Poetas de Venezuela (Revista Poesía UC), de Reynaldo Pérez Só, y “Barinas, cien años de poesía” (1995), de Leonardo Gustavo Ruiz.

Ha sido invitado en varias ocasiones al Festival mundial de Poesía de Venezuela y a la Feria Internacional del libro de Venezuela (Filven).

 

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