El Niño y La Niña en el mundo. El clima global funciona como un sistema interconectado y complejo donde el océano y la atmósfera mantienen un diálogo constante.
En el corazón de esta dinámica se encuentra el fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón climático cíclico que altera radicalmente las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial.
En este sentido, el sistema se manifiesta principalmente a través de dos fases opuestas y extremas: El Niño, que representa la fase de calentamiento anómalo, y La Niña, que constituye la fase de enfriamiento inusual.
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Dinámica de El Niño y La Niña
Para comprender la magnitud de los principales fenómenos climáticos que aquejan a nuestro planeta, es necesario analizar en primer lugar la dinámica de las corrientes marinas y los vientos que soplan de este a oeste a lo largo del ecuador.
Bajo condiciones neutrales, los vientos alisios empujan las corrientes marinas a lo largo de la línea ecuatorial y llevan el agua cálida hacia las costas del sudeste asiático y Oceanía, lo que permite que el agua fría emerja en las costas de América del Sur.

Sin embargo, cuando se activa la fase de El Niño, estos vientos se debilitan o incluso invierten su dirección, provocando un efecto dominó global.
Por el contrario, la fase de La Niña representa una intensificación extrema de las condiciones normales.
En consecuencia, ambos fenómenos poseen una capacidad sin igual para alterar los regímenes de lluvias y vientos en todo el planeta, transformando por completo el devenir cotidiano de millones de personas.
Nuestra América y el Súper El Niño
A nivel regional, el continente americano enfrenta actualmente un drástico cambio en su panorama meteorológico. Tras la disipación definitiva de La Niña a principios de año, el fenómeno de El Niño continúa intensificándose rápidamente.
De hecho, los principales organismos científicos, entre ellos la Organización Meteorológica Mundial (OMM), confirman una probabilidad superior al 90% de que evolucione hacia un evento muy fuerte o Súper El Niño.

A causa de esto, el panorama en países como México muestra contrastes críticos:
Por un lado, el norte padece una escasez de agua que mantiene los embalses en niveles mínimos; por el otro, el sur y registra temperaturas elevadas que sirven de combustible para ciclones tropicales de rápida intensificación.
Paralelamente, el impacto en Centroamérica y el Caribe en 2026 ha adquirido un carácter marcadamente humanitario. El denominado Corredor Seco, que abarca a países como Honduras, El Salvador y Nicaragua, ha devastado cosechas enteras.
Al mismo tiempo, El Salvador y Panamá se encuentran en alerta por sequía, buscando mitigar los efectos de olas de calor extremas y la falta prolongada de precipitaciones.

Por su parte, en Sudamérica el impacto evidencia la dualidad destructiva de estos fenómenos.
De manera específica, Perú y Ecuador sufren los embates de El Niño Costero, debido a que el calentamiento de sus mares ha provocado lluvias torrenciales, inundaciones urbanas y deslizamientos de tierra.

En contraste, la cuenca amazónica sufre un déficit histórico de lluvias. Como resultado, los ríos de la selva registran niveles mínimos históricos, dejando a cientos de comunidades ribereñas incomunicadas.
Esta sequía extrema y la hipertermia alimentan incendios forestales descontrolados en Colombia, Brasil y el sur de Venezuela, lo que pone en jaque el suministro eléctrico regional.
Asia y Oceanía
Al cruzar el océano hacia el continente asiático, el impacto de El Niño se traduce de inmediato en un debilitamiento del monzón, el sistema de lluvias del que depende la agricultura de la región.
Por consiguiente, países con densas poblaciones como la India, Indonesia y Filipinas presentan periodos de aridez extrema que secan los campos de cultivo y propician incendios forestales masivos.
No obstante, la llegada de La Niña altera el escenario de forma drástica al potenciar los monzones a niveles peligrosos.

En cuanto a Oceanía, el comportamiento de estos fenómenos dicta directamente los periodos de supervivencia de sus ecosistemas y actividades productivas.
Por ejemplo, Australia experimenta el azote de El Niño a través de sequías generalizadas.
Si bien la transición hacia La Niña mitiga temporalmente el riesgo de incendios y reduce las temperaturas extremas, también es cierto que introduce un peligro igual de alarmante: inundaciones fluviales masivas.
África
Una situación similar se vive en África, donde la fase cálida de El Niño suma actualmente a Sudáfrica y Zimbabue en sequías prolongadas que amenazan el suministro de agua potable y reducen drásticamente la producción de granos básicos.
Curiosamente, este mismo fenómeno desencadena lluvias torrenciales en el este del continente, afectando a Kenia y Somalia.
En sentido opuesto, la fase fría de La Niña tiende a intensificar la escasez de lluvias en el conflictivo Cuerno de África, profundizando las crisis humanitarias existentes.
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Europa
Aunque Europa se encuentra geográficamente distante del foco de acción en el Pacífico, tampoco queda totalmente inmune a las consecuencias de estos fenómenos.
A través de la corriente en chorro del Atlántico, se generan anomalías climáticas indirectas pero perceptibles, las cuales se manifiestan en inviernos inusualmente gélidos en los países del norte de Europa.
Asimismo, se presentan patrones de lluvias completamente atípicos que desestabilizan la agricultura en la península ibérica, mientras que la llegada de La Niña suele llevar a mínimos históricos los niveles de un río tan importante como el Danubio.

Consecuencias de El Niño y La Niña
En conclusión, la principal amenaza de estos fenómenos radica en la profunda inseguridad alimentaria que provocan, dado que la destrucción de millones de hectáreas de cultivos básicos eleva de forma inmediata el precio de los alimentos en los mercados internacionales.
Aunado a esto, la salud pública se ve igualmente comprometida, porque las inundaciones facilitan la propagación de epidemias transmitidas por el agua como cólera, dengue y malaria.
Por último, el desplazamiento forzado de comunidades enteras, cuyas tierras de origen se vuelven áridas o propensas a desastres recurrentes, da origen a una cantidad creciente de refugiados climáticos sin precedentes.
En definitiva, en un mundo globalizado, El Niño y La Niña demuestran que cualquier anomalía térmica en los océanos puede transformarse en un desafío existencial para la humanidad.
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Fuente: La Iguana TV/VTV/RNV
Ciudad Valencia/Ernesto Cañizalez/MG
Fotos: Cortesía












