Muchos consideran que el cerumen o cera de oídos es un tipo de suciedad, mas esto se encuentra muy lejos de la realidad. La cera se compone de secreciones de las glándulas sebáceas, así como también de piel muerta y partículas de polvo. Su objetivo es proteger al canal auditivo de los insectos y suciedad externa, así como también mantenerlo lubricado y prevenir el crecimiento de bacterias y hongos en él.
La producción de cera de los oídos es como la huella dactilar, algo personal y único. Por lo general, lo que llamamos «mucha cera» indica un buen funcionamiento del oído.
Aclarado esto, hay personas que notan con frecuencia restos de cera en la entrada de sus oídos, al secarse con la toalla después la ducha o en los auriculares tras usarlos. Lo cual puede hacerles sentir vergüenza y curiosidad, de si esta cantidad de cera es normal o no. Por lo general, esto solo quiere decir que los oídos están trabajando de forma eficiente.
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¿Cuánta cera es normal?
Como señalan los expertos, no existe una cantidad exacta de cera que defina lo que es normal. De igual manera, la textura de la cera también es variable. Hay quienes producen una cera seca, mientras que la de otros es húmeda. Ambos casos son normales. El volumen varía entre cada persona, de acuerdo a factores como la genética, la edad o incluso los hábitos diarios y el entorno, como por ejemplo:
Usar auriculares de inserción. Ellos bloquean la salida natural de la cera y hacen que se acumule en la entrada del canal.
Hacer ejercicio físico intenso. La actividad física estimula la producción de las glándulas sebáceas del oído.
Factores ambientales. En zonas donde hay mucho polvo y contaminación, los oídos se ven obligados a producir mayor cerumen para protegerse.
De igual manera, hay quienes tienden a notar más cera en sus oídos, solo porque la buscan de manera consciente. Muchos se obsesionan con la limpieza de esta zona y la revisan con gran frecuencia, pensando que están produciendo de más.
Ten en cuenta que, la mayoría de las veces, lo que interpretamos como “mucha cera” se trata de un mecanismo de limpieza muy activo. El oído se limpia solo; al mover las mandíbulas para comer y hablar, la cera se va desplazando lentamente por el canal auditivo, arrastrando impurezas en el proceso.
¿Y cuándo no es normal?
Aunque la producción de cerumen es variable, hay casos en donde pasa de ser un proceso normal a causar molestias que afectan la audición y el bienestar. La cera en sí no es el enemigo; el problema sucede cuando se acumula, se manipula mal —usando bastoncillos o elementos punzantes para quitarla— o viene acompañada de otros síntomas como:
Dolor persistente o molestias en el canal auditivo.
Sensación de taponamiento o presión dentro del oído.
Secreciones extrañas, de mal olor o acompañadas con sangre.
Cambios en la audición, como escuchar menos o la aparición de ruidos extraños que antes no estaban.
En caso de experimentar algunas de estas señales, es necesario acudir a la brevedad con un profesional de la salud para una consulta.
En líneas generales, tener cera en los oídos no es algo malo ni un signo de falta de higiene. Significa que tu cuerpo se está protegiendo a sí mismo. Por ello, evita interferir con su auto-limpieza y tan solo pasa una toalla por el exterior de la oreja. Del resto se encargarán tus propios oído
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Fuente: Mejor Con Salud
Ciudad Valencia/MP/RM













