#Opinión: «El ejemplo que Caracas dio» por Fernando Guevara

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Quien tenga cierta conciencia del concepto “Patria” quizás asuma la fecha del 19 de Abril de 1810 como un momento trascendental de la historia de Venezuela. Muchos simplemente lo recordarán como una fecha de asueto.

Lamentablemente 210 años después aún se ignora lo que realmente representó el evento que hoy se conmemora en Venezuela.

Creemos que la realidad ha trastocado cualquier intento de impulsar la formación de memoria histórica en los últimos años. Una trastocada vida que nos obliga a dedicarnos más al tema de resolver las necesidades vitales nos ha llevado a ir dejando de lado estas acciones que deberían contribuir al reconocimiento natural de los hechos y hombres que forjaron la historia de Venezuela.

Valga un ejemplo: A pesar del innegable esfuerzo por conmemorar el Bicentenario de la Batalla de Carabobo, el hecho de armas de mayor trascendencia ocurrido en Venezuela y que sella nuestra independencia, esta ha venido pasando bajo la mesa por la situación en que se encuentra la sociedad hoy en día.

El 19 de abril de 1810 abarca varias significaciones trascendentales del devenir histórico venezolano. En primer lugar, obviamente rompe el lazo de gobierno impuesto desde España. El Capitán General era designado desde Madrid y no solamente era quien dirigía el gobierno provincial, sino que era el representante directo del Rey, un sujeto que se encontraba a miles de kilómetros y que en realidad tenía poco que ver con lo que pasaba en sus colonias.

Otro hecho de trascendental importancia tiene que ver con el usufructo real del poder. En tiempos coloniales, frente al innegable hecho del representante de la corona, máxima autoridad, digamos que ejecutiva, estaba el cabildo, en el cual hacían vida las más encumbradas cabezas del poder económico y social de la colonia. Es decir, había un cierto equilibrio entre el Rey y sus más encumbrados súbditos para llevar el control; en este caso de la Provincia de Venezuela, primero, y luego de la Capitanía General.

Pero aun cuando el representante del Rey debía ser respetado y sus órdenes acatadas por los súbditos, los poderosos de la colonia simplemente ya se estaban cansado de ser gobernados desde tan lejos, cuando en realidad tenían toda la capacidad para darse su propio gobierno y tomar para sí, legalmente, el poder que en la práctica ya detentaban.

Lo cierto es que en este caso los detentadores del poder local eran las elites dominantes, los mantuanos, quienes tenían la mejor educación y estaban imbuidos por las ideas revolucionarias europeas, la revolución francesa y la estadounidense, que tenía un poco más de un cuarto de siglo, y que ejemplificaba la idea de una nación americana independiente de la dominación colonial europea.

Sin embargo, estas élites necesariamente tuvieron que cambiar su modo de pensar, pasamos de un Simón Bolívar que, al entrar triunfante a Caracas durante la culminación de la Campaña Admirable, decía a Francisco Iturbe: “No tema usted por las castas: las adulo porque las necesito; la democracia en los labios y la aristocracia en el corazón”, a aquel Bolívar que decía: “Desprecié los grados y distinciones. Aspiraba a un destino más honroso: derramar mi sangre por la libertad de mi patria”.

Hubo una transformación, la guerra, las miserias y sobre todo conocer al pueblo más profundo y a los hombres más disímiles tuvo que generar en Bolívar una conversión; en ese hombre que, en 1812, era aún producto del mantuanismo y de su clase, y pasó a ser un estadista universal cuyas ideas contribuyen a la libertad de la mitad de América y al parto de lo que son hoy seis países.

Bolívar no participa en los hechos del 19 de abril, se encontraba “desterrado” de la capital porque se le consideraba un conspirador, cosa muy cierta, además. Alternaba entre Yare y San Mateo, y a veces, clandestinamente, se acercaba a Caracas, sobre todo a su casa de la Cuadra Bolívar en la cual asistía a reuniones políticas donde se discutía sobre la independencia. Lo cierto es que esa mañana del Jueves Santo del 19 de abril de 1810, Simón Bolívar no se encontraba en la plaza mayor de Caracas, centro de los hechos de ese día.

 

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Esta fecha, es una de esas efemérides que tiene mucha tela que cortar. A diferencia del 5 de julio, que es la declaración de la independencia por el Congreso de 1811, el 19 de abril de 1810 es un tumulto de situaciones, de hombres, de decisiones y de consecuencias, que analizarlo y explicarlo en pocas palabras es un poco difícil. Lo cierto es que desde ese día se considera que nos separamos del Reino de España y que el destino de Venezuela quedaba en manos de sus propios hombres, no obstante, habrían de pasar once años de una cruenta guerra, cuyo clímax fue la Batalla de Carabobo, de la cual ya se van a cumplir doscientos años, para cumplir el sueño de tantos hombres de erigir un país independiente y libre.

Aunque estas aspiraciones tenían antecedentes como la rebelión de José Leonardo Chirino, la conspiración de Gual y España y las expediciones de Francisco de Miranda en 1806, el 19 de abril de 1810 fue el día en que definitivamente se rompe ese vínculo político que sometía Venezuela a España. Por eso la oportuna arenga: “Seguid el ejemplo que Caracas dio”.

 

Ciudad VLC / AVN