#Opinión: Apología

#Opinión: “La intermitencia de la muerte” por José Ramón Rodríguez

 

“La razón consiste en una narración (…) Para comprender algo humano, personal o colectivo es preciso contar una historia”.

                      José Ortega y Gasset (1883-1955)

 

Dentro del cuadro pandémico y todas las conclusiones que hacen los diferentes teóricos y poderes académicos en función de tratar de expresar un “mundo del sentido común hegemónico”, a pesar de vociferar en 360 grados la intenciones y posturas pluralistas, cada corriente del pensamiento, ya sean post o transmodernistas, deconstructivistas, nihilistas, fenomenológicas, Nueva Era y misticismo de origen oriental, intentan a toda prisa estructurar respuestas para acontecimientos que son productos de lo fragmentado del orden imperante. Por supuesto que el atolladero es el vector de toda esta escena mundial.

Los motivos de todos estos esfuerzos intelectuales es lograr la conducción cultural y de identidad a fin de que todos los ciudadanos continúen siendo interpretados, sin ofrecer mayores resistencia de auto-reflexión de la época vivida, el retorno a lo trágico, el mito del progreso infinito del mundo a través del conocimiento científico liberador, tiende a “morderse la cola”, ayer no más fueron dos guerras mundiales y decenas de carácter regional.

Hoy con el 98% del mapa genético develado, el jinete de la muerte se hace presente, como en siglos anteriores, la peste se burla de la capacidad de inmunidad y los resultados los tenemos en las estadísticas de mortalidad.

Ética y mundo tecnológico han estado separados por completo, los resultados no se compaginan con toda la inversión de los distintos sistemas políticos, ni los regímenes jurídicos establecidos para la protección de la vida humana han logrado un equilibrio eficiente, la idea de impotencia operativa de organismos como la ONU, nos prende de angustia en una sociedad con ninguna capacidad de interpretar y controlar catástrofes, sumándole formas y modos de vida caracterizadas por el anonimato, desierto de lo real (sujeto protagónico de carne y hueso) y la digitalización de todas las relaciones humanas.

Todos modelos societales, tienen el sello de la sinrazón de los modelos desarrollo humano, civilizar la civilización es una meta utópica, dado la composición de las tendencias globales de poderes económico-tecnológicos y militares, nos encontramos en un recorrido histórico entre luces y sombras, como postulados opuestos en todos los confines terrestres. Construir la esperanza radical no conformista y llena de vitalidad desde lo social, lo teórico, cultural, desde lo cotidiano sin dramatizaciones de los hechos, es el inicio para entrar en las luces de emancipación.

Nos definimos como seres humanos más allá de los instintos o la carga del mapa genético, nos concretamos en la capacidad de elegir y cambiar las circunstancias o contingencias.

La facticidad del nuevo viejo enemigo en la Edad Media: la peste

 La medicina y práctica sanitaria medieval se vio impotente ante la Peste. Los conocimientos acerca de ella eran muy precarios y desde tiempos de Galeno e Hipócrates, no eran muchos los avances en conocimientos médicos. Por eso, los tratamientos recetados contra la Peste Negra, al igual que contra otras dolencias, se basaban en la alimentación, la purificación del aire, las sangrías y en la administración de brebajes a base de hierbas aromáticas y piedras preciosas molidas.

A quienes contraían la peste bubónica, los facultativos les abrían los bubos, aparición de postulas de sangre, hemorragias cutáneas de color negro azulado, los síntomas de la enfermedad se manifestaban súbitamente. Con fiebre alta, escalofríos, nauseas, sed, decaimiento físico y temblores, el carruaje del pánico se hacía presencial en todo el significado de la palabra peste o plaga, asociada a toda calamidad que invadiera los cuerpos dóciles.

“¡Oh, cuántos memorables linajes, cuántas opulentas herencias, cuántas célebres riquezas no tuvieron sucesor! ¡Cuántos hombres ilustres, cuántas bellas mujeres, cuántos jóvenes gallardos, a quienes Galeno, Hipócrates o Esculapio hubieran juzgado sanísimos, almorzaron por la mañana con sus parientes, compañeros y amigos, y cenaron por la noche con sus antepasados, en el otro mundo!” 1     Boccacio Giovanni. El Decamerón.

Los seguidores de Hipócrates y Galeno creían que la corrupción del aire suponía la ruptura del equilibrio de los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla) y sus cualidades. Equilibrio que debe tener un ser humano para estar sano. Cuando este equilibrio se rompe, se adquiere unas características patológicas. Un miedo originado por esta muerte, más presente que nunca: ven como mueren sus vecinos, sus seres queridos, sus enemigos. “Sufriendo unos la enfermedad, otros el miedo, se ven enfrentados, a cada paso, bien a la muerte, bien al peligro. Los que ayer enterraban hoy son enterrados, y a veces encima de los muertos que ellos había sepultado en la víspera.”

Ante esa situación, nadie puede permanecer indiferente. La incertidumbre, lo inútil que parecen todas las precauciones tomadas y el sentimiento de que Dios ha enviado este implacable castigo ante la actitud pecadora de la gente, son pensamientos que abundan en la mentalidad de la época, la ignorancia provocaba en la visión de la sociedad medieval, una agudizada tendencia a asirse de cualquier tipo de hipótesis, por muy descabellada en las explicaciones, cualquier tipo de respuesta se convertía en un anclaje de creencias.

El resurgir exponencial del corona virus con la cepa de Brasil, no es el alfa y omega de todas las cosas, no es correcto visionar como el fin de los tiempos toda la escatología bíblica. Nos abocamos a un discurso bíblico (en tolerancia ecuménica) como un lenguaje Metafórico lleno de imágenes y representaciones, sin llegar a la superstición de la creencia, es necesario referencial esa gran capacidad humana de traducir un mensaje desde los límites de la compresión, ya que los anuncios bíblicos no pueden convertirse en un guion del último acto de tragedia de la civilización.

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El hombre como lobo y exterminador de sí mismo, ha demostrado suficiente albedrió para su propia destrucción, los acontecimientos del siglo XX y las dos primeras décadas del presente siglo, muestra suficientes tribulaciones sin importar el sistema político-económico imperante.

 

1-Escritor italiano. (1313-1375) Autor del Decamerón, conocido también como <Príncipe Galeoto>. El libro fue escrito entre 1350-1355. La peste negra asedió a Europa y a la ciudad de Florencia entre 1348-1353. Con apariciones intermitentes hasta 1400.

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José Ramón Rodriguez / Ciudad VLC