Cada 10 de octubre, el mundo conmemora el Día Internacional de la Salud Mental, una fecha concebida para sensibilizar sobre la importancia del equilibrio de la psiquis en el bienestar integral y para derribar las barreras invisibles de la incomprensión social.
Recordar la máxima socrática: “Conócete a ti mismo” —heredada del antiguo oráculo délfico— nos recuerda que la verdadera salud de la mente no estriba en la imposición de una norma rígida o en el mero diagnóstico de un manual, sino en el encuentro honesto con nosotros mismos y con los demás.
En esta oportunidad, nos adentramos en una conversación profunda con el reconocido médico psiquiatra, ensayista e historiador venezolano Dr. Pedro Téllez Pacheco, quien desde una perspicaz sensibilidad académica y un profundo arraigo humanista reflexiona sobre el aparato psíquico, el sesgo social que rodea las afecciones mentales y el valor de la vida en comunidad.
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Raíces, Legado Sanitario y Formación Humanística
Dr. Téllez, para dar inicio a este diálogo, nos gustaría conocer sus orígenes y el recorrido de su formación profesional en el área de la salud mental.
Nací en Valencia, Venezuela, en 1966. Estudié la carrera de Medicina en la Universidad de Carabobo (UC) y, posteriormente, realicé la especialización en Psiquiatría en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, el centro asistencial de su tipo más antiguo del país.
Sin embargo, hablar de mi formación implica remontarme de manera ineludible a mi entorno familiar: tanto mi madre como mi padre fueron médicos psiquiatras. Mi madre fue la Dra. Teresa Pacheco de Téllez, natural de Turmero; mi padre, el Dr. Pedro Téllez Carrasco, oriundo de Madrid. Ambos se formaron en España y fueron discípulos directos del eminente profesor Juan José López Ibor. De igual modo, la vertiente psiquiátrica abarca a ambas ramas de mi familia: mi madrina, la Dra. Alais Pacheco —hermana de mi madre—, ejerció la psiquiatría, al igual que mi tía Isabelita por la línea paterna.
En mi andadura asistencial, previa al posgrado en Caracas, me desempeñé durante un año como médico residente en la Clínica Residencias Carabobo —institución psiquiátrica privada— junto al Dr. Prypcham. Posteriormente, cumplí tres años de residencia asistencial en el Hospital Psiquiátrico Dr. José Ortega Durán de Bárbula (Insalud), donde tuve la oportunidad de trabajar al lado de los doctores Álvaro Gandica, Giuliana Olivieri e Ildiko Patkus.
En el ámbito personal y académico, debo mencionar a mi hermano menor, quien ha desarrollado un encomiable trabajo artístico junto a pacientes crónicos, creando obras codo a codo con ellos. Asimismo, evoco con profunda gratitud a mi hermano mayor, Santiago (+), quien fue mi tutor y a quien debo los cimientos de mi formación humanística a través del diálogo constante y las lecturas dirigidas.
Durante mi posgrado en Caracas, guardo especial reconocimiento hacia tres de mis profesores: los doctores Padilla, Morales y Cabrera. Asimismo, en el marco de la Sociedad Venezolana de Psiquiatría (SVP), fue fundamental el aprendizaje recibido de los doctores Carlos Rojas, Efraín Sedek y Néstor de la Portilla.
Finalmente, considero que el proceso de aprendizaje también se consolida entre iguales y en la docencia. En el posgrado compartí aulas y enriquecedores intercambios con condiscípulos como Juan Miguel Soto, Slavko Zupcic y José Guillén. Por esa razón dicto docencia en Bárbula (en el ámbito hospitalario), para aprender con y de mis estudiantes de pregrado y posgrado. Nunca he dejado de considerarme un alumno.
La dinámica psíquica y el mito de la máquina
Si tuviera que conceptualizar la salud mental no a través de una taxonomía médica convencional, sino desde su propia vivencia profesional, ¿cómo la definiría?
La salud mental es, fundamentalmente, una relación armónica con todo aquello que nos rodea: con la pareja, los hijos, los amigos, los padres, los compañeros de trabajo; en fin, con los otros y la sociedad, así como con la naturaleza y con nosotros mismos.
Esta armonía se manifiesta de forma integral en el pensamiento, en la afectividad y en la conducta, sustentándose en un equilibrio psíquico entre los diversos componentes del yo.
¿Cuál es el mito o idea errónea sobre la psiquiatría y la salud mental que consideraría prioritario erradicar en la sociedad actual?
El miedo a la enfermedad mental, ese temor desmedido, constituye la auténtica raíz del estigma social. Para comprender adecuadamente la salud mental es indispensable aproximarse al aparato psíquico, a la mente, la cual dista enormemente de funcionar como un ordenador o computadora. Entre los modelos platónicos sobre el alma, frente al célebre mito del Auriga y los dos caballos, prefiero la alegoría expuesta en La República: una tríada conformada por un león, un hombre y una quimera, habiendo dentro de aquel hombre otro pequeño hombrecillo, un león menor y una quimera, en una sucesión continua. Este modelo respeta y preserva el misterio inherente a la conciencia. Hoy empleamos el término mente, pero “alma” era, en verdad, una categoría conceptual más precisa.

La salud mental como construcción colectiva
Suele acudirse al especialista solo ante una crisis agudizada. ¿Por qué la salud mental debe concebirse como un hábito cultural cotidiano y no únicamente como un dispositivo de emergencia?
Coincido plenamente. No obstante, debemos precisar que, desde la perspectiva profesional, el abordaje sobrepasa al médico especialista: involucra al médico de familia, a los psicólogos, a los terapeutas, a la maestra o al maestro, a los guías espirituales o sacerdotes de la fe que se profese, a los ancianos y a las personas sabias de la comunidad; es decir, a múltiples actores sociales capacitados para orientar el bienestar emocional.
La salud mental se edifica en la cotidianidad mediante un estilo de vida saludable, mediante un esfuerzo compartido. No es un asunto estrictamente individual; la salud colectiva debiera entenderse, propiamente, como una salud mental colectiva.
En ese orden de ideas, ¿cuáles serían los hábitos fundamentales para cultivar diariamente un estado de bienestar psíquico?
Señalaría cuatro hábitos esenciales:
Compartir con amigos «vivos»: Fomentar el vínculo presencial y afectivo directo.
Compartir con amigos «muertos»: Es decir, acudir a la lectura de los autores clásicos.
Evitar las adicciones lícitas e ilícitas: Prescindir de la dependencia al juego, al alcohol, al cigarrillo, al cánnabis, a la cocaína e, inclusive, de la adicción desmedida al dinero.
Guardar una justa proporción entre el ocio y el trabajo.
Sociedad, aislamiento y sentido de vida
Suele indagarse con frecuencia sobre la patología mental, pero desde su experiencia, ¿qué implica mantenerse «sano» mentalmente en la sociedad contemporánea?
Irónicamente, quien goza de salud mental en el mundo contemporáneo suele ser percibido como «loco». Los alienados suelen calificar de ese modo a quienes eligen un estilo de vida genuinamente saludable; vale decir, a quienes marchan en sentido contrario a la corriente dominante.
Desde la perspectiva de la psiquis, ¿por qué el aislamiento o la desconexión afectiva deterioran la estabilidad personal y qué ocurre en la mente al experimentar compañía y comprensión?
El primer presidente de la Asociación Mundial de Psiquiatría, el Dr. Ewen Cameron —quien colaboró en proyectos de la CIA—, diseñó cámaras de aislamiento sensorial como métodos de privación. Estar privado de estímulos sensoriales resulta ser una condición más severa que el dolor físico.
Sabemos bien que esto no se limita a los sentidos: el aislamiento social perjudica profundamente y se utiliza como un instrumento de control colectivo. Es una vía mediante la cual se transita del no sentido al falso sentido. Resulta sobrecogedor observar a un niño jugando en soledad, aislado con visores e interactuando con elementos invisibles de un videojuego. ¿Quiénes están tras estas dinámicas?… es algo que con el tiempo se esclarecerá.
Respecto a la experiencia de sentirse acompañado y comprendido: de ello se nutre la psiquis. Prefiero hablar de la mente, del alma. Esta se alimenta primordialmente del amor; por ello, El Banquete de Platón sigue siendo uno de los tratados de psicoterapia más elevados de la historia.
¿Por qué a la mente humana le resulta complejo desarticular patrones perjudiciales aun cuando se comprende racionalmente su daño, y de qué forma la plasticidad psíquica o social ayuda a transformar dicho proceso?
En la interrogante, allí donde empleamos el vocablo «mente», bien podríamos colocar «familia». ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? Antes están la gallina y el gallo; la familia es el núcleo que antecede a la mente individual. La sociedad, la estructura familiar, la escuela y el trabajo son constitutivos.
Es preciso transitar de una sociedad basada en el convencimiento rígido hacia una sociedad de la persuasión, cuyo eje sea la libertad; pero no una noción de libertad egoísta o mercantil, sino una libertad colectiva, ejercida en una atmósfera de auténtica solidaridad. En un clima social de esa naturaleza surgirá una dinámica de plasticidad psíquica radicalmente distinta. La empatía, la tolerancia y el diálogo constituyen las herramientas insustituibles para una comunidad saludable.
Prescripción para la existencia
¿Qué mensaje orientador transmitiría a una persona que atraviesa por un periodo convulso o de oscuridad y experimenta reparo o vergüenza de buscar ayuda profesional?
Le sugeriría que comience por acercarse a dos amigos; dos amigos verdaderos. Contar con un solo amigo no siempre resulta suficiente ni del todo adecuado en esos momentos.
Tras años de escucha atenta frente al padecimiento humano, ¿cuál considera que es la lección más valiosa que le ha legado la práctica psiquiátrica acerca del sentido de la vida?
El sentido de la existencia es de carácter individual y subjetivo: cada persona debe hallar su propia razón de ser. No todos los pacientes que acuden a consulta sufren de manera estricta; muchos de ellos se encuentran, más bien, desorientados o aburridos. Indudablemente, la ausencia de un propósito vital constituye una modalidad de afección de la existencia.
A este respecto, cabe subrayar una certeza fundamental: todos, en algún momento de nuestra trayectoria vital, hemos experimentado o experimentaremos alguna alteración de la salud mental. Ello forma parte inalienable de la condición humana. Un profesional de la medicina veterinaria jamás podría aseverar algo semejante respecto a otras especies.
Si tuviera que prescribir una reflexión final para el lector al concluir esta entrevista, ¿cuál sería esa formulación para el alma?
Apelaré a una pequeña licencia literaria, pues la prescripción no es de mi autoría y entraña una exigencia sumamente compleja que no considero haber alcanzado plenamente, sino que la asumo como un horizonte constante. Por ello, concluyo invocando el oráculo de Delfos: «Conócete a ti mismo». Esa premisa, articulada en la filosofía socrática, funciona como el más alto principio de promoción de la salud mental.
Y para quienes atraviesan una fase de crisis severa, evoco de memoria al pensador presocrático Heráclito, quien advertía que, en medio de la peor tempestad, son los relámpagos los que iluminan el camino.
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Vanileiby Rivas: originaria de Puerto Cabello, Carabobo, Venezuela, es una artista plástica y poeta con formación en el área educativa y artística.
Es licenciada en Educación, Mención Artes Plásticas, egresada de la Universidad de Carabobo (UC).
Ha fortalecido su faceta literaria participando en diversos talleres de poesía en el Departamento de Literatura de la UC y en el Instituto Municipal para la Cultura de Puerto Cabello.
Complementando su perfil artístico, Rivas ha desarrollado habilidades en el campo de la comunicación social, ejerciendo como presentadora en el canal Todo y más TV y como redactora en el periódico Todo y más noticias.
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