(A la mystérieusse).
«Para el que busca, incluso si sabe que ningún camino lo guía, el mundo en torno será una morada de signos…»
(Y. Bonnefoy).
Yves Bonnefoy (Tours, 1923-Paris, 2016) es sin duda uno de los poetas mayores de la lengua francesa, uno de los que con mayor vigilancia, mayor rigor se entrega al oficio de la escritura. De 1953 data su primer trabajo poético: «Del movimiento y la inmovilidad de Douve», a este libro seguirán otros apenas conocidos parcialmente, clandestinamente en nuestro idioma.
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«Devoción» es un poema solitario dentro de la obra de Bonnefoy, fue incluido en el libro de ensayos «L’Improbable» de 1959. Se trata de un texto de enorme religiosidad, donde el poeta dedica sus palabras a aquellos elementos que han revelado ante sus ojos la belleza del mundo, la justificación para permanecer en él.
DEVOCIÓN
Yves Bonnefoy
-1-
A las ortigas y a las piedras.
A las «matemáticas severas».
A los trenes malamente esclarecidos de la tarde.
A las calles de nieve bajo la estrella sin límite.
Yo me iba, yo me perdía.
Y las palabras turbiamente encontraban su vía en el terrible silencio.
A las palabras pacientes y salvadoras.
-2-
A «Madame du Soir».
A la gran mesa de piedra sobre las riveras venturosas.
A los pasos que una vez se unieron y después se separaron.
Al invierno de oltr’Arno.
A la nieve y todos los pasos.
A la capilla Brancacci, cuando cae la noche.
-3-
A las capillas de las islas.
A la «Galla Placidia».
Los muros estrechos portan la medida de nuestras sombras.
A las estatuas sobre la hierba; y que, posiblemente como yo, carecen de rostro.
A la puerta amurallada de ladrillos de color sangre sobre la fachada gris, Catedral de Valladolid.
A los grandes círculos de piedra.
A un «paso» cargado de negra tierra muerta.
A un palacio desierto y cercado por los árboles.
A Sainte-Marthe de d’Aglié, en el Canavese.
El ladrillo rojo y envejecido proclama su alegría barroca.
(A todos los palacios de este mundo, por la hospitalidad con que reciben a la noche).
A mi domicilio en Urbin entre el número y la noche.
A Saint Yves de la Sagasse.
A Delfos, donde es posible morir.
A la villa de las cometas volantes y las grandes mansiones en cuyos vidrios se refleja el cielo.
A los pintores de la escuela de Rimini.
Yo quería su historiador por angustia de su gloria.
Yo quería abolir la historia por la pasión de su absoluto.
-4-
Y siempre a aquellos muelles de la noche, a los pubs, a una voz que pronuncia «Yo soy la lámpara. Yo soy el aceite».
A esa voz consumida en su fiebre ancestral.
Al tronco del arce.
A una danza.
A esas dos salas comunes, donde los dioses permanecen entre nosotros.
Versión de Manuel Cabesa / 2015.
Revisado, dic. 2025.
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Yves Bonnefoy
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Manuel Cabesa*
*(Caracas, 29/11/1960). Poeta, narrador, ensayista y bibliotecario; reside en el estado Aragua desde 1994. Fue beneficiario de los Talleres de Creación Literaria del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) en tres oportunidades: poesía (1980); narrativa, (1999) y ensayo histórico, (2002). Con el apoyo de la Coordinación de Literatura de la Secretaría de Cultura del estado Aragua inicia en 1999 un taller literario que aún se mantiene activo de forma independiente bajo el nombre de Los Moradores y fue miembro fundador de la Agrupación Cultural Pie de Página. Ha representado a Venezuela en el 1er. Taller Iberoamericano de Poesía (Cuba, 1993); Festival de la Cultura del Caribe (México, 1996) y Festival del Nuevo Cine Latinoamericano (Cuba, 1999).
Ciudad Valencia / RM













