María Elena Franco: «Portadores: Memoria de un Pueblo» es un acto de justicia social con los hacedores de identidad en Carabobo
En el marco de la fascinante y conmovedora exposición “Portadores: Memorias de un Pueblo”, muestra dedicada a las tradiciones regionales en el Museo de la Cultura de Carabobo, conversamos con María Elena Franco Mijares, figura fundamental en la salvaguardia del patrimonio local. Como portadora del culto a San Juan Bautista, delegada del Centro de la Diversidad Cultural y miembro de la Red de Patrimonio de Carabobo, Franco actuó como asesora y guía en el levantamiento etnográfico de la exposición.
Construcción colectiva y rigor etnográfico
La génesis de esta exposición no fue unilateral. Según explica Franco, la Secretaría de Cultura de la Gobernación de Carabobo presentó un concepto inicial que fue transformado mediante la participación activa de los cultores. Junto a la profesora Clara Rosa Sánchez, Franco lideró la asesoría para el registro etnográfico en las comunidades.
«Nuestra labor fue guiar las investigaciones de campo, definir dónde y cómo hacer las entrevistas y recolectar los testimonios y objetos que hoy se exhiben», señala. La selección no fue sencilla, pero se centró en siete manifestaciones que representan el alma del estado: Los Pastores (de Aguas Calientes y San Joaquín), La Hamaca, los Bailadores de Burra, San Juan Bautista, los Diablos Danzantes de Corpus Christi, las Parrandas de Navidad y el Joropo Carabobeño.
El corazón de la muestra: Los Portadores
Para Franco, el objetivo trasciende la simple exhibición de objetos. El propósito principal es reivindicar a los hacedores de cultura.
«Los portadores son el puente entre el pasado y el futuro. Ellos han mantenido estas manifestaciones vivas en el tiempo para que no se pierdan. El corazón de esta exposición es reconocer su papel fundamental».
La selección de las piezas y manifestaciones se basó en criterios de representatividad y reconocimiento institucional. Franco destaca que muchas de estas expresiones, como los Diablos Danzantes, el ciclo de San Juan Bautista y el Joropo, ya cuentan con el aval de la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, mientras que las restantes poseen certificados como Bien de Interés Cultural de la Nación.
Un proceso nacido desde la comunidad
Lo que el público observa en las salas es producto de un intercambio directo. «Todo lo que ven aquí —fotografías, objetos, herramientas de culto— fue suministrado por los portadores desde sus propias comunidades. Ellos son el alma de esto», afirma Franco. Se estima que entre 100 y 200 cultores participaron de manera directa en la entrega de obras, además del apoyo indirecto de diversas organizaciones comunitarias.
Aunque el montaje final se agilizó en el último mes con un registro etnográfico intenso, Franco aclara que la base es un trabajo de años: «Contamos con el respaldo de investigaciones previas del Centro de la Diversidad y la Red de Patrimonio. Hay fotografías en sala que datan de principios del siglo XX, lo que da fe de la profundidad histórica de esta entrega».
Impacto y justicia cultural
La receptividad del público ha sido, en palabras de la delegada, «maravillosa». Para muchos visitantes, la exposición ha sido una revelación sobre la amplitud de la cultura carabobeña, que va mucho más allá del baile o la música superficial.
Al cierre de la entrevista, María Elena Franco no oculta su emoción: «Para mí, esto significa un sueño hecho realidad. Es un acto de justicia social con los hombres y mujeres que han construido nuestra identidad. Era necesario, y espero que sea el primero de muchos espacios ganados para nuestros cultores».

Ciudad Valencia/Reporteras: Scarlet Vargas, Skaila Vargas y Fabiola Medina/Redacción: Luis Salvador Feo La Cruz













