Miles de personas, lideradas por estudiantes, han tomado las calles en las principales capitales de Europa en una ola de protestas que evidencia un rechazo colectivo hacia el sistema socioeconómico actual.
Las movilizaciones, convocadas mayoritariamente por colectivos estudiantes y articuladas a través de redes sociales, señalan un escenario de asfixia económica y falta de perspectivas para las nuevas generaciones.
Las manifestaciones han mantenido el patrón organizativo desplegado hace una semana en París, extendiéndose con fuerza a ciudades como Madrid, Roma, Dublín, Atenas, Lyon, Oporto, Marsella, Bucarest, Tirana, Belgrado, A Coruña, Milán y Lisboa.
«Es un futuro en el que tendrán que vivir en constante precariedad. Ya no podemos aceptar este sistema. De hecho, necesitamos un sistema económico diferente. Realmente necesitamos una revolución», declaraba a la agencia Viory una estudiante parisina, que se ha mantenido en las calles desde la profundización del rechazo, el 17 de septiembre.
Rechazo colectivo de estudiantes continua
El despliegue de las fuerzas antidisturbios para contener las marchas ha derivado en fuertes enfrentamientos, episodios de violencia, saqueos y la detención de miles de personas en todo el continente, en su mayoría hombres jóvenes. A pesar de la respuesta policial, los manifestantes aseguran que el movimiento está lejos de concluir.
En Grecia, un portavoz estudiantil exaltaba el alcance transnacional de las demandas, «Desde Portugal hasta Albania, la gente se está manifestando contra los planes del gobierno, contra el futuro incierto de los jóvenes. Continuaremos. No daremos ni un solo paso atrás», decía
A la convocatoria inicial de la juventud se han ido sumando paulatinamente sindicatos y diversas organizaciones sociales en cada localidad. El malestar no solo responde a las dinámicas del mercado laboral, sino también a la exclusión estructural de los sectores más vulnerables. «Normalmente estamos aquí, venimos de barrios desfavorecidos, ni siquiera nos mencionan la educación superior… no tenemos derecho», denuncian jóvenes bajo el anonimato, para evitar posterior persecución.

Un diagnóstico común: la crisis del bienestar no solo estudiantil
Las consignas de las marchas denuncian al unísono las deficiencias del modelo capitalista actual y colocan en el centro del debate los problemas estructurales que golpean a una generación crecida en permanente inestabilidad. Entre las principales reivindicaciones destacan el incremento desorbitado de los precios de la vivienda, el elevado costo de vida, las carencias en la educación pública y el deterioro generalizado de los servicios básicos.

Como telón de fondo, las protestas evidencian la erosión del Estado de bienestar en el viejo continente, un factor que ha acelerado el estallido social de la «Generación Z« y que sitúa a Europa ante las fases iniciales de un proceso de transformación e insurrección social de alcance incierto.
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Fuente: Extra News Mundo
Ciudad Valencia / DG
Foto: Extra News Mundo













